
Chasqui
76, 2001
OPINIÓN:El terrorismo y los límites del poder
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La
brutalidad y barbarie del ataque terrorista a Estados Unidos desató una ola
incontenible de simpatía y solidaridad internacional a la que se sumó espontáneamente
América Latina. Esta adhesión,
sin embargo, no puede ser incondicional. No podemos respaldar a Bush haga lo que hiciere.
Frente al desafío terrorista debemos rechazar dos extremos indeseables:
la impunidad y la arbitrariedad. Ningún
Estado puede permitir que el terrorismo lo despoje del monopolio de la fuerza
que hace posible la vigencia del derecho, pero tampoco puede, so pretexto de
acabar con el terrorismo, convertirse él mismo en terrorista. El
antiterrorismo debe conjugar dos elementos: el uno, la severidad y, el otro, la
legalidad, para evitar que la justicia se convierta en venganza, nacida de una
enloquecida indignación. No
debemos hacer de nuestro mundo occidental el dechado de todas las virtudes y el
único dueño de la verdad, de la justicia y la civilización, achacando, a los
árabes, en contraste, todos los vicios de la barbarie y la virulencia de un
brutal terrorismo. La maldad no es
toda de ellos y la bondad solo nuestra. No
fueron los árabes los autores del holocausto judío ni son ellos los que
albergan a ETA o al IRA. Utilizando
la inigualable capacidad crítica de su comunidad académica, Estados Unidos
debería someter a un duro escrutinio su política internacional.
Debe preguntarse si cabe en el siglo de la globalización, el jugar, como
lo ha hecho en el pasado, el papel de árbitro, juez y gendarme, en solitario.
Cuando la primera potencia mundial se pone la pistola al cinto y empieza
a disparar a dos manos, en el mejor estilo cowboyesco, para imponer la
democracia y la justicia, corre el peligro de avasallar a los débiles y puede
obligarlos a echar mano de la única arma que le queda a la impotencia bélica,
el terrorismo. Cuando Reagan invadió,
presionó o secuestró en Panamá, Honduras y Granada no hubo autoridad que
pudiera sancionarlo, porque ante las grandes potencias el derecho internacional
es impotente, pero sembró las semillas del resentimiento y Estados Unidos ahondó
en América Latina una actitud de antipatía y suspicacia antiamericanista
reacia a desaparecer. Nadie
duda que Estados Unidos es la primera potencia bélica del mundo.
Muchos temen su grandeza. Debe,
sin embargo, recordar que para no pocos el terrorismo es la honda de David con
la que es posible herir la frente de Goliat. La
guerra que Bush ha declarado al terrorismo será larga y compleja.
No podrá ganarla, como llanero solitario, fiado tan solo en su
descomunal poder. Hay factores de
equilibrio y cordura que no puede ignorar.
Uno de ellos es el consenso de las naciones y la opinión pública
internacional sobre el qué hacer y cómo hacerlo.
Si quiere dar, como le gustaría, una lección sobre los méritos de la
civilización occidental es indispensable, entonces, que recuerde que no podrá
echar a andar por el atajo de la impaciencia que pisotea la ley, ni por el
camino tortuoso de la venganza excesiva en
el que cabalga la barbarie. |
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| Chasqui
Apartado 17-01-584 Quito-Ecuador. Telfs. (593-2) 250.6149 / 254.8011 Fax (593-2) 250.2487 E-mail : chasqui@ciespal.org.ec |
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