
Chasqui
77, 2002
COBERTURA INFORMATIVADEL PANICO A LA BANALIDAD EN LA TRAGEDIATERRORISMO
Y MEDIOS DE COMUNICACION EN MEXICO
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La imagen del derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York ha
sido repetida hasta el cansancio. Imagen que a fuerza de machacar ha perdido
su perplejidad para muchas personas, hasta convertirse en una parte del
escenario (o escenografía) que los medios han construido desde el conflicto. En México, la transmisión en vivo del desastre provocó en los
televidentes y en los propios conductores un dejo de incredulidad, estupefacción
y, por qué no, de incapacidad de explicar lo que sucedía. La densidad del
momento rebasó los medios de comunicación: la rapidez de los acontecimientos
no daba lugar a un entendimiento coherente de lo que sucedía; se fincó en
los reportajes un sentimentalismo basado en el ánimo del corresponsal y el
miedo y la incertidumbre se reflejaban en la transmisión, pero también en la
calle. La Ciudad de México durante esa mañana se percibía callada, tensa,
en shock. En México, a diferencia de otros países, los atentados tuvieron una
connotación distinta. La cercanía con los Estados Unidos produjo efectos políticos
y económicos en lo inmediato. El cierre y control total de la frontera entre
ambos países afectó todas las actividades económicas y colocó al gobierno
mexicano en una posición de adhesión a los Estados Unidos de manera
indiscutible. Por otro lado, la muerte de mexicanos (legales e
ilegales) en las torres provocó inseguridad en las comunidades mexicanas, aun
de aquellas ubicadas en estados tan distantes como Montana o Los Ángeles,
generando un éxodo de familias hacia México en busca de un refugio temporal
o definitivo en aquellos pueblos que años atrás habían abandonado en busca
del sueño americano. Esta condición sui generis de México no fue ajena a los medios de
comunicación los que, en las primeras transmisiones, resaltaron la muerte de
mexicanos en Nueva York. Un común denominador en los medios mexicanos fueron
las historias de connacionales que habían
perdido la vida en Nueva York y la tristeza de sus familiares que aún
habitaban en territorio nacional. Pero los medios de comunicación no sólo mediatizaron el conflicto,
ellos mismos fueron constructores de conflictos. Por un lado, los medios
hicieron sentir a los mexicanos que el terrorismo estaba al otro lado de la
frontera, a la vuelta de la esquina. La posibilidad de que algunos de los
involucrados en los atentados se hubieran internado en territorio nacional
provocó no sólo movilizaciones policíacas, sino un temor entre la ciudadanía
nunca antes experimentado. Por otro lado, en el diario Milenio se publicó una
nota sobre la vulnerabilidad de México a ataques terroristas, debido a su
estratégica posición respecto a los Estados Unidos. Y para remarcarlo el
diario cita una nota anterior del mes de julio, donde el Presidente de México,
Vicente Fox, se comprometió a emprender una lucha frontal contra el
terrorismo organizado, luego de haber detectado en el país la presencia de
presuntos terroristas de la ETA. Cabe recordar que la experiencia "terrorista" en México no
ha tenido una circunstancia importante como en España, Irlanda, Israel o
Colombia. Desde los años 70 grupos subversivos atentaban contra funcionarios
o empresarios, sin que tuvieran la dimensión de un acto terrorista. Es
importante destacar que en la segunda mitad de los 80, siendo presidente
Miguel de la Madrid, durante el tradicional desfile obrero del primero de mayo
frente a Palacio Nacional, un trabajador arrojó una bomba molotov contra el
palco presidencial sin que se registrara consecuencias importantes. Ya en los
90, los movimientos armados como el del EZLN, con posiciones de la defensa de
los derechos indígenas, los coloca en una posición distinta a las guerrillas
históricas en América Latina. En esta misma década de los noventa,
los grupos de narcotraficantes recurrieron a ciertos métodos poco
ortodoxos para amedrentar funcionarios policíacos, como dejar granadas sin
activar en la cochera de sus casas. Un mes antes del 11 de septiembre un grupo ligado al insurgente Ejército
de Liberación Popular Independiente, escisión del Ejército Popular
Revolucionario (EPR), hizo estallar petardos de fabricación casera en
sucursales bancarias de BANAMEX (filial del norteamericano Citibank) y BBVA
Bancomer y cuyo saldo fueron unos cristales rotos y la pinta de consignas en
las paredes de dichas sucursales. Estos incipientes actos fueron catalogados
como terroristas y los medios sobredimensionaron esta noticia, al grado de
preguntarse si las autoridades policíacas ya habían elaborado manuales para
el combate del terrorismo organizado.
Los sucesos en Nueva York, su cercanía y la sensación de
vulnerabilidad sobre los mexicanos, llevaron a un estado de pánico en los
medios y a un temor generalizado en la opinión pública de lo que pudiera
suceder en el país debido a nuestra vecindad. Pero conforme pasaron los días
y la atención se trasladó de Nueva York a Kabul, las inquietudes
disminuyeron y el sentido del miedo cambió. Podemos decir que dicha cobertura
puede dividirse en tres etapas: la sorpresa ante los atentados, el juego de
los expertos que no explicaban nada , y por último, una etapa de decepción
informativa, ya que el enfrentamiento no resultó, noticiosamente hablando,
todo lo espectacular que se esperaba. De cualquier forma,
los medios no han cesado de querer convertir el conflicto en el espectáculo
de la primera guerra del siglo XXI. |
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Cerco
informativo: la dependencia de CNN y NBC
Salta a la vista que la reproducción de las imágenes de Nueva York
fueron transmitidas por las cadenas estadounidenses a través de los canales
locales en México. Curiosamente, las primeras imágenes no se dieron a conocer
por los noticieros matutinos de Televisa y Tv Azteca, sino por el modesto canal
CNI 40, cuya señal abierta se limita al Valle de México. Fue
el programa de Brozo, un payaso que hace sátira política de la
información diaria, el primero en transmitir la noticia. Durante todo el día las cadenas de televisión transmitieron lo que
sucedía a través de las imágenes de CNN y NBC. La opinión y los juicios de
las cadenas televisivas estadounidenses permeó en lo subsiguiente la opinión pública
en México. Los diarios de mayor circulación en México (Milenio, Reforma, El
Universal) mostraron pautas similares de condena a los atentados. Una excepción
fue La Jornada, diario crítico con fuerte influencia en los medios
universitarios, el cual
señaló que los Estados Unidos cosecharon lo que sembraron. Para el
diario, los acontecimientos eran la revancha de "los pueblos del tercer
mundo sobre la soberbia de la metrópoli".
Pero en general podemos decir que los medios escritos tuvieron una posición
de condena a los atentados y de la aprobación subrepticia a la respuesta
estadounidense. Las estaciones de televisión, una vez repuestas de la sorpresa,
movilizaron sus recursos humanos y materiales hacia los puntos de conflicto
(Nueva York y Afganistán). En algunos de los casos, como Tv Azteca, envió a
corresponsales sin ninguna experiencia en este tipo de situaciones, optando por
contratar a periodistas de otras estaciones como Telemundo, cadena
estadounidense de habla hispana, y estableciendo una línea editorial de corte
amarillista para competir en rating con Televisa, el principal consorcio
televisivo en México. Con todo ello, la censura de Washington sobre los medios
alcanzó a las empresas mexicanas y permeó en gran parte la opinión pública
del país. Otro aspecto por resaltar en los medios mexicanos fue la creciente
necesidad por entender lo que pasaba. Los errores de interpretación se notaron
desde un principio, los conductores no atinaban a definir terrorismo, guerra ,
enemigo. En no pocas ocasiones llegaron a establecer sinónimos entre árabes,
musulmanes y terroristas. No tenían una idea clara de definir lo que acontecía.
Y no la tenían porque lo que estaba frente a ellos era nuevo y los conceptos se
habían desbordados. Como dice Bachelard que "no hay que poner nombres
viejos a cosas nuevas." Ante su propia ignorancia, los medios se abrieron a los círculos académicos
e intelectuales. Pero en vez de beneficiar y aclarar las confusiones generaron
otras de mayor profundidad. Los especialistas fueron incapaces de analizar la
coyuntura, al encerrarse en argumentaciones definidas, rebasadas por los
acontecimientos y en su propia incapacidad de traducir sus conocimientos a un
lenguaje mediático. Por ejemplo,
establecieron el inminente choque de civilizaciones de Samuel Huntington como
una verdad ineludible y no como un concepto útil para entender la coyuntura. Ya
lo dijo Ortega y Gasset en El Espectador: "Mientras tomemos lo útil como
útil, nada hay que objetar. Pero si esta preocupación por lo útil llega a
constituir el hábito central de nuestra personalidad, cuando se trate de buscar
lo verdadero tenderemos a confundirlo con lo útil. Y esto, hacer de la utilidad
verdad, es la definición de la mentira." Otro aspecto que resaltar fue la falta de especialistas sobre el mundo
árabe y el Islam y la improvisación en el tema de periodistas y académicos.
En no pocas ocasiones muchos de los intelectuales que tenían una vaga idea
sobre el mundo árabe se convirtieron de la noche a la mañana en expertos sobre
el tema. Debatían y daban juicios "sumarios" sobre el terrorismo,
aunque nunca lo definieron a la luz de estos acontecimientos. Se dieron casos
como el de un investigador de El Colegio de México (COLMEX), experto en análisis
económico y político de la Cuenca del Pacífico, quien en un acto de conversión
se volvió experto en Islam y terrorismo y aparecía en cuanto programa de
televisión se hablara sobre el tema. Quizá sea puntual una autocrítica que
Fernando Escalante, investigador de El COLMEX, quien declaró: "A todos nos
sorprendieron los atentados del 11 de septiembre; todos seguramente pensamos y
dijimos ese día bastantes sandeces y es natural. Lo raro es que muchas de ellas
se sigan repitiendo, tanto tiempo
después." De lo
intangible a lo sensible
Desde el inicio de los acontecimientos y hasta la guerra en Afganistán,
los medios han apostado más a la imagen que a la palabra, más a la
sensibilidad de la opinión pública que a la reflexión detenida sobre lo que
acontecía. El rating se impuso en lo perceptivo de la imagen y no en la
abstracción de las ideas. En este sentido, le fue negada a la palabra su
condición de generar ideas y se volvió un simple susurro. Pero la pugna por la
imagen no fue sólo de las estaciones de televisión, los diarios
publicaron a ocho columnas fotografías impactantes bajo el viejo cliché de
"una imagen habla más que mil palabras". Sin embargo, la imagen por sí
sola no establece nada, es pobre en significaciones y queda la fotografía como un
signo en sí misma y no de significaciones de procesos más complejos. Milenio Diario y el periódico Reforma intentaron mediar la imagen con
la palabra, pero al final se impuso el uso gráfico, quedando como apéndice las
ideas sobre el mismo. Por su parte, las televisoras abusaron de las imágenes
hasta el cansancio. Su repetición continua ante los espectadores volvió
trivial la imagen misma: un lugar común y normal al prender la televisión.
Televisa es quizá la que más ha hecho hincapié en este abuso de la
imagen como un icono del nuevo siglo. La radio tampoco escapó de este
mundo de la percepción y la sensibilidad. Las notas relacionadas con el
conflicto eran descritas a detalle. Radio Red, MVS noticias y Radio Fórmula
hicieron de la palabra el medio de reconstituir la imagen en sus detalles,
estableciendo más un lenguaje perceptivo (concreto) que un lenguaje conceptual
(abstracto). La banalidad
en la tragedia
Conforme pasaban los días y las noticias disminuían, tanto en Nueva
York como en Afganistán, los medios de comunicación en México, sobre todo la
televisión, apostaron más a
mostrar notas de color, anécdotas sobre
la vida cotidiana en ambas partes del mundo.
Carreras de caballo, corte de barba, la salida a la calle de las mujeres
sin la aprisionante Burka o la proyección de una película en Kabul, eran
noticias de primera línea. La
comida, el flirteo en los bares, la venta de souvenirs
de las Torres Gemelas, etc., eran notas de color de los corresponsales de
Televisa y Tv Azteca. Aunado a estas notas de color, se transmitieron notas especiales de la
vida de los corresponsales, de su modo de vida en la zona de conflicto y de su
vida privada en México. Se hicieron reportajes especiales de su biografía y
entrevista a sus familiares. Hubo el caso del
periodista de Telemundo, Armando Guzmán, contratado como corresponsal
por TV Azteca que, esta última empresa le organizó un homenaje en sus
instalaciones. Para ello puso a disposición un helicóptero, una hora de
programa especial, enlace con sus familiares y remembranzas de su vida personal.
Reflexiones
finales
"Favor de enviar un comunicado comunicable", tal pareciera
que esta es la petición que los mexicanos hacían a los medios sobre sus
coberturas especiales en Afganistán. Los medios se preocuparon tanto por ser
didácticos que al final ni siquiera ellos entendieron qué era lo que pretendían explicar a su auditorio. Y es que fue tanta la preocupación de los medios por hacer ver a los
ciudadanos que ésta era no sólo la primera guerra del siglo, sino la fatídica
guerra del fin del mundo; que el conflicto, simple y sencillamente pasó a ser
un espectáculo más que permitió a las televisoras elevar su raiting, en los días
posteriores a los atentados, en 20 por ciento, según información de Televisa.
Lo único cierto es que "la cobertura de la guerra, lejos de ser
un negocio para las estaciones de televisión, ha significado, de septiembre a
octubre, un desembolso sin retorno de aproximadamente 800.000 dólares",
según palabras del vicepresidente de información internacional de Televisa,
Leonardo Kourchenko, en entrevista con el diario El Financiero. Citó como ejemplo los precios que imponía a su información la cadena
Al Jazera (única con acceso a imágenes y noticias generadas por el régimen
Talibán): "compramos a esta televisora una entrevista exclusiva con Osama
Bin Laden, a principios de octubre, por la que pagamos entre 15.000 y 20.000 dólares
por seis minutos. Sólo un enlace de 15 minutos, vía satélite, cuesta 1.500 dólares". Así, entre pérdidas económicas para las televisoras, confusión, reportajes sentimentalistas, héroes periodísticos fabricados y una guerra del fin del mundo que nunca fue tal, la cobertura del conflicto Afgantistán-Estados Unidos simple y sencillamente dejó de ser noticia de primera plana.
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| Chasqui
Apartado 17-01-584 Quito-Ecuador. Telfs. (593-2) 250.6149 / 254.8011 Fax (593-2) 250.2487 E-mail : chasqui@ciespal.org.ec |
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