
Chasqui
77, 2002
LAS CACEROLAS VACIASLA CRISIS ARGENTINA Y LOS MEDIOS DE COMUNICACION
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Es
difícil dar cuenta de los últimos dos meses en la Argentina, revuelta
popular con saqueos a supermercados, renuncias de presidentes (tres en menos
de quince días), "cacerolazos", y una agudización de la crisis
económica más grave de su historia como telón de fondo. Desaliento,
angustia, escepticismo, corridas bancarias y reacciones a veces violentas son
la característica de la opinión pública argentina de estos meses de crisis
aguda. Intentaré
explicar de manera breve el papel que le cupo y le cabe a los medios de
comunicación en la construcción de esta realidad. Sostiene Mark Wheeler que "lejos de ser utópicos espectadores e instrumentos sociales de transmisión más o menos aséptica de simples datos, y lejos de ser sencillas o sofisticadas correas de transmisión de previos y externos intereses políticos y económicos" los medios de comunicación "están siendo actores sociales que desempeñan papeles claves de control político, en la medida que asumen algunas de las responsabilidades propias del 'cuarto poder'; y esta responsabilidad se ve acrecentada en momentos de incertidumbre social y política, como la que nos toca vivir hoy en la Argentina. |
Fuertes
esperanzas
Es
imprescindible, para comprender la actuación de los medios de comunicación
durante los últimos meses en la Argentina, retrotraernos unos años. Al asumir
el presidente Fernando De la Rúa a finales de 1999, los medios de comunicación
y la opinión pública en general depositaron fuertes esperanzas en un gobierno
de coalición de centro-izquierda que venía a solucionar los problemas sociales
y económicos que habían quedado sin hacer en más de una década del
"tandem" peronista-conservador, encarnado en el ex-presidente Carlos
Menem y su "superministro" de economía Domingo Cavallo. Demasiadas
expectativas y una Alianza que se mostró ineficaz para contener un desmedido
gasto público y niveles de corrupción de enorme magnitud, los medios de
comunicación, entre ellos Clarín y
sus multimedia, ya a comienzos del nuevo milenio, ametrallaron al gobierno con
su crítica furibunda. Sin embargo, esta actitud se transformó en una crítica
más leve a partir de la llegada de los fondos del F.M.I. y el consecuente
ajuste económico que el gobierno denominó "Blindaje". La
Nación, el tradicional diario de Buenos Aires, quizás fue el
último medio en intentar un salvataje al gobierno de la Alianza,
seguramente por los vínculos de amistad que el Presidente mantenía con algunos
directivos del diario. Quizás
la muestra más elocuente de esta crítica feroz haya sido la reiterada
caricaturización del presidente De la Rúa que, en no pocos casos, llegó a
niveles de agresividad, seguramente inaceptables en una democracia. Escepticismo
A
esta ola de crítica mediatizada y a la falta de salidas a la creciente crisis
económica -que llevó a nombrar como ministro de economía al mismo Domingo
Cavallo-, se sumó la prédica que desde hacía varios años venían realizando
dos programas de televisión de entretenimiento con una dosis importante de crítica
política: Caiga Quien Caiga (CQC)
conducido por Mario Pergolini y Videomatch a cargo de Marcelo Tinelli. Estos programas estaban
dirigidos a un público mayoritariamente joven y su mensaje, cargado de ironía,
dejaba al espectador una sensación de escepticismo y de inutilidad de la clase
dirigente argentina en general y de los políticos en particular. Los medios de
comunicación funcionan como un sistema de referencia, con ejemplos y
contraejemplos, con relatos de logros y fracasos, en torno a algunas
disposiciones sociales estables, que ayudan a la gente a entender la complejidad
de su entorno. Es evidente que desde este tipo de programas de televisión se
sembró el escepticismo más duro sobre las instituciones republicanas y, no es
extraño que las elecciones legislativas de finales del 2001 mostraran la
creciente disconformidad del pueblo argentino, no sólo con el gobierno de
turno, sino más bien con toda la clase política. Los
acontecimientos se precipitaron a fines de diciembre del 2001.En medio de
rumores alentados por algunos periodistas de televisión y radio de "golpe
institucional" que supuestamente daría una autoconvocada Asamblea
Legislativa -de mayoría peronista-, se
desataron los saqueos a supermercados y los medios mostraron azorados la irrupción
de una masa de desocupados y hambrientos que terminaron de socavar al alicaído
gobierno de De la Rúa. Los grandes diarios y los noticieros de televisión se
vieron desbordados por los acontecimientos que ellos ayudaron a gestar. Las imágenes
de la violencia se adueñaron de las pantallas de televisión y de las primeras
planas de los diarios argentinos y recorrieron el mundo. Ya era tarde para
llamar a la cordura periodística. Reacción
popular
El
"cacerolazo" espontáneo y pacífico de la clase media urbana que signó
la renuncia de De la Rúa, llevó cierta algarabía a las redacciones. La figura
romántica del "pueblo que expresa libremente su hastío", sin
divisiones ni ideologías se transformó en la frase hecha de la mayoría de los
medios de comunicación. Luego
de la renuncia de los siguientes dos presidentes, envueltos nuevamente en
"cacerolazos", ya menos espontáneos (muchos de ellos gestados a través
de la Internet), y furibundas críticas periodísticas, llega al poder Eduardo
Duhalde, ex-gobernador de la provincia de Buenos Aires y candidato a presidente
por el peronismo en las elecciones de 1999 que ganó De la Rúa. A
partir de este punto debemos señalar una postura diferente de los medios de
comunicación. En primer lugar llamó poderosamente la atención la ausencia de
algunas de las figuras más representativas del periodismo televisivo, radial y
escrito que, a pesar de la relevancia de los hechos que acontecían, no
suspendieron la ya clásica temporada vacacional del mes de Enero. Los grandes matutinos, Clarín y La Nación se han mostrado más cautos, limitándose, las más de las veces, a seguir los acontecimientos tan cambiantes del mes de Enero. En sus páginas encontramos a veces un tibio apoyo a los reincidentes cacerolazos y algunas críticas veladas a aspectos de la gestión de Duhalde, pero que no llegan a subir los decibeles en ningún momento. El miedo a la desintegración social es evidente entre sus editores. Crítica
mordaz y agresiva
Por
otro lado, encontramos ciertos periodistas televisivos y radiales que parecen
intentar adueñarse del movimiento de protesta "cacerolero". Entre
ellos quizás el más virulento sea el periodista Daniel Hadad, dueño de Radio
10 (una de las radios de mayor audiencia en el país) y que cuenta entre sus
periodistas a González Oro y Marcelo Longobardi, por momentos voceros de una crítica
mordaz y muy agresiva contra toda la dirigencia política. Hadad fue en su momento un aliado tácito del menemismo y un
furibundo crítico de la administración delarruista. Desde sus programas de
radio y televisión, ha sido uno de los referentes de algunos de los
participantes en los últimos cacerolazos. En
la otra punta del espectro ideológico, Jorge Lanata, fundador del diario de
centro-izquierda Página 12 en los años ochenta, también ha intentado hacerse eco
de los sectores críticos de la opinión pública capitalina, brindándole su
espacio televisivo a los diversos grupos que conforman el heterogéneo magma de
"caceroleros". Entre
los diarios, Ámbito Financiero es el
único que ha incorporado un discurso combativo muy duro contra el gobierno de
Duhalde. Éste es un periódico de información económica dirigido por Julio
Ramos, cuyo público es el establishment
empresario y financiero. Desde sus páginas se popularizó el denominado "índice
de riesgo país", una controvertida manera de medir la decadencia de la
economía argentina que contribuyó a generar en la población la idea de que el
accionar de la administración De la Rúa era ineficaz para gestionar la economía
nacional. Ramos, en los últimos tiempos, asimismo, ha iniciado un combate
personal contra el grupo Clarín, dueños, entre otros medios, del diario del mismo nombre,
del Canal 13 de televisión, Radio
Mitre, y del servicio de televisión por cable Multicanal,
a quienes acusa de apoyar al gobierno de Duhalde para sacar mejores condiciones
de financiamiento para su enorme deuda. Dos
males del momento
En
síntesis, creo que la Argentina está sufriendo de dos males que tienen su raíz
en las últimas tres décadas. Por una parte, una clase política, sindical y
empresaria ineficaz y corrupta y por otra, unos medios de comunicación
incapaces de generar consenso entre la opinión pública y que, por el
contrario, con su ataque sistemático y constante a la clase dirigente en
general, sin discriminar entre buenos y malos, generaron un descreimiento en la
población, no solo sobre los políticos sino sobre las propias instituciones
republicanas. Los
medios en la Argentina parecen no querer asumir aquello que señalaba Davies
Merritt acerca de los cambios que debieran hacerse en la prensa contemporánea:
ser capaces de trascender "la misión limitada de 'contar las noticias'
hacia una misión mucho más amplia de ayudar a que la vida pública funcione
bien, y actuar basándose en este imperativo". Justamente
el lunes 4 de febrero, en su editorial, el diario La
Nación hacía una interesante reflexión y un mea culpa al respecto. Señala la editorial que los medios de
comunicación no están exentos de la "obligación moral" de revisar
su actuación y de asumir "la cuota de responsabilidad que les cabe en el
actual descalabro político, económico y social". Revisar
prácticas periodísticas
El
texto propone revisar las prácticas periodísticas para establecer si en algún
momento se ha incurrido en "el sensacionalismo, la mercantilización de la
información, la utilización de medios ilegales y hasta perversos para obtener
una supuesta noticia, la vocación por el escándalo con olvido del respeto que
merece la dignidad de todo ser humano, el incumplimiento de los principios que
obligan a confirmar la veracidad de una información antes de difundirla, la
frivolidad en el tratamiento de cuestiones de gravísima repercusión social, la
violación a menudo delictuosa de la intimidad de las personas, la exacerbación
maliciosa de los ánimos en el despliegue de temas que generan violencia o son
causa de disolución social, la tendencia a alentar los resentimientos o los
enconos que pueden existir entre distintos sectores de la población, la
incitación directa o tácita a provocar situaciones tumultuosas o
potencialmente lesivas para la seguridad de las personas."
Sin agotar el repertorio de la mala praxis periodística, he aquí un
inventario de las actitudes que, durante este último año, han abundado en la
prensa argentina y, que sin ser la única causa y ni siquiera la más
importante, han contribuido a sembrar el descreimiento y el caos en nuestra
sociedad. "La
Argentina", finaliza La Nación
en su editorial, "será mejor en la medida en que todos los ciudadanos y
todos los sectores sociales nos miremos para descubrir de cuánta
responsabilidad -grande o pequeña- debemos hacernos cargo". Por mi parte
agregaría que quienes ejercen la profesión de comunicadores públicos tienen
siempre una responsabilidad mayor, ya que todo discurso comunicativo en el
espacio público, como sostiene García Noblejas "siempre es ética y políticamente
relevante, dado el carácter formal de proyecto que supone el ideal democrático
y el papel configurador que tienen los medios de comunicación en el acceso de
las gentes al ámbito de lo públicamente interpretado".
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| Chasqui
Apartado 17-01-584 Quito-Ecuador. Telfs. (593-2) 250.6149 / 254.8011 Fax (593-2) 250.2487 E-mail : chasqui@ciespal.org.ec |
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