
Chasqui
81, 2003TELEVISIONLa televisión: arma y blanco de la política venezolana
|
![]() |
|
|
|
Vivir en Venezuela en estos últimos meses hace imposible que a los espectadores les haya pasado desapercibido el cambio en la oferta televisiva nacional. El comportamiento deliberado de los principales canales de televisión, aunque en cierta medida se avizoraba, no dejó de sorprender a una población acostumbrada históricamente a una programación marcada por el entretenimiento. La lucha frontal, conjunta y coordinada de gran parte de la televisión privada del país en contra del gobierno del presidente Hugo Chávez exacerbó la predisposición -justificada o no- del mandatario y sus seguidores hacia esos medios, y acentuó la tendencia del canal del Estado a adoptar una política similar, pero dirigida a los representantes y grupos de la oposición. En un país donde la TV ha protagonizado una encarnada batalla política, vale la pena comenzar a reflexionar sobre la actuación de este medio en la confrontación de comienzos del siglo XXI en Venezuela, específicamente en el marco del llamado Paro Cívico Nacional (diciembre de 2002 y enero de 2003). Aunque durante este periodo la prensa escrita y la radio también participaron, nos limitaremos a exponer sucintamente lo relativo a la televisión. Para los fines del análisis hemos realizado un corte artificial del paro al 02-02-2003. Ésa era la fecha prevista para la realización de un referendo consultivo, que había sido solicitado al Consejo Nacional Electoral por los grupos de oposición mediante la recolección del número necesario de firmas de los electores. Pocos días antes de esa fecha, una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia impidió la realización de la consulta. En vista de que el 02-02-2003 fungía como una suerte de desenlace del conflicto político, aun cuando no se trataba de un referendo revocatorio, la Coordinadora Democrática -alianza que agrupa partidos políticos de oposición, organizaciones no gubernamentales y asociaciones civiles- organizó velozmente para ese mismo día una consulta pública alternativa: El Firmazo. Una vez recogidas las firmas para nueve o más documentos elaborados por esa alianza política, los voceros de la oposición anunciaron, por un lado, la flexibilización y, por el otro, la finalización del Paro Cívico Nacional. Entretanto, el gobierno ha afirmado en repetidas oportunidades que la situación del país es normal. Para no caer en detalles y polémicas sobre ese particular, nos limitaremos a decir simplemente que para el momento ¾ febrero de 2003¾ no vivimos en Venezuela al igual que hace tres meses. Como es bien sabido, en Venezuela se instaló en noviembre de 2002 una mesa de negociación y acuerdos facilitada por el secretario general de la Organización de Estados Americanos, César Gaviria. En esa mesa participaron representantes del gobierno y de la oposición. El 02-12-2002 el Comité de Conflicto de la Coordinadora Democrática, junto con Fedecámaras y la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), máximos organismos de los empresarios y de los trabajadores respectivamente, anunciaron el comienzo del Paro Cívico Nacional. La convocatoria tuvo poca receptividad los primeros días, pero la represión por parte de la Guardia Nacional a un grupo de manifestantes y periodistas ubicados PDVSA-Chuao (una sede en Caracas de Petróleos de Venezuela, la principal empresa petrolera del país), transmitida en vivo por los principales canales de televisión del país, y la adhesión de la Gente del Petróleo (asociación civil conformada por trabajadores de PDVSA) y de los tripulantes del buque-tanquero "Pilín León" le dieron fuerza a la paralización. A primera vista, los principales canales privados de televisión del país (Radio Caracas Televisión, Venevisión, Televen y Globovisión) también se unieron al paro. Cambiaron su programación habitual, convirtiéndose prácticamente en canales temáticos o especializados en información las veinticuatro horas del día. Los programas de opinión, las transmisiones en directo y el fomento de mecanismos de participación de las audiencias como llamadas telefónicas, mensajes de texto vía celular o encuestas a través de Internet se constituyeron en el plato fuerte y cotidiano de estos canales. De igual modo, esta suerte de política editorial conjunta fue asumida por algunas televisoras regionales. Paralelamente a la sobredosis de información y opinión, los canales de televisión eliminaron de sus pautas los mensajes publicitarios. En su lugar transmitieron una campaña propagandística conformada por mensajes breves de la Coordinadora Democrática. Estos mensajes persuasivos convocaban a las marchas que diariamente se organizaban en Caracas y en el resto del país, criticaban al gobierno, ponían en entredicho o convertían en objeto de burla las declaraciones del presidente de la República o de los voceros del gobierno, solicitaban la renuncia de Hugo Chávez y la realización inmediata de elecciones, en fin, fue significativo el volumen y la variedad de los mensajes que se transmitieron durante esos dos meses. A ello se sumó la transmisión diaria, simultánea en esos canales y en directo del "parte" de los presidentes de la CTV, Fedecámaras y Gente del Petróleo. En esas "cadenas" se informaba acerca de las acciones de protesta que se llevarían a cabo el día siguiente y los resultados obtenidos hasta el momento, expresados básicamente en términos de aceptación de las convocatorias. Entre semana, los reportes del Secretario General de la OEA también se transmitieron en directo y en "cadena". Por su parte, igualmente el canal del Estado (Venezolana de Televisión, VTV) incrementó en duración y número los programas informativos y de opinión. Asimismo, transmitió mensajes propagandísticos, favoreciendo al gobierno y desmintiendo o burlándose de los voceros de la oposición. Las "cadenas" que tanto han caracterizado al Presidente de la República comenzaron a interrumpir cada vez más la programación de los canales privados. VTV también utilizó documentales, programas monográficos de denuncias sobre los gobiernos anteriores o los empresarios, y declaraciones progubernamentales de políticos que ahora se encuentran en la oposición. En el mencionado lapso, algunos canales de televisión, periodistas y camarógrafos fueron objeto de amenazas y/o agresiones. Grosso modo, eso fue lo que ocurrió. Como es evidente, los principales canales privados de TV trabajaron activa y mancomunadamente durante el paro. Sus dueños, llamados por el Presidente de la República en sus alocuciones "los cuatro jinetes del Apocalipsis", no niegan que asumieron una política editorial deliberada. El presidente de Radio Caracas Televisión (RCTV), Marcel Granier, explicó que la posición de estos canales fue una respuesta a la falta de funcionamiento de las instituciones que deberían equilibrar la actuación del gobierno (Fiscalía, Contraloría, Tribunal Supremo de Justicia, Asamblea Nacional, Defensoría del Pueblo...), al cambio en el proyecto ofrecido por Chávez durante su campaña electoral de 1998 y al gran número de medios audiovisuales comunitarios al servicio del gobierno. La mayoría de los representantes de la oposición acusa al Presidente Chávez de liderar un régimen totalitario; otros consideran que intenta implantar un sistema comunista. Los partidarios del oficialismo, por su lado, les reclaman a las televisoras privadas objetividad y retorno a la programación normal. También manifiestan que esos canales, en acuerdo con la Coordinadora Democrática, participaron en una conspiración o golpe mediático en contra de un gobierno democrático, utilizando para ello incluso mensajes subliminales. Medios y voceros de la oposición son calificados frecuentemente por parte del oficialismo como terroristas. Los simpatizantes del gobierno reclaman por el respeto al derecho de los niños y adolescentes en lo que a programas televisivos se refiere. La oposición esgrime que VTV, el canal del Estado, es financiado gracias a los impuestos que ella también paga, pero su programación solo satisface los intereses del gobierno. Insiste en que ese canal debería estar dirigido a todos los venezolanos y no solamente al sector de la población que apoya la gestión presidencial. Tilda al canal estatal de "ideologizante". El director y los periodistas de VTV rechazan esta acusación y señalan que hay un desequilibrio informativo, puesto que los canales nacionales privados de señal abierta son cuatro y el Estado solo tiene uno. Así podríamos seguir la lista de acusaciones y contraacusaciones utilizadas indistinta y paradójicamente por ambas partes. Expresiones como "somos mayoría" y "rechazamos la violencia" o adjetivos como "golpistas", "conspiradores", "terroristas" y "fascistas" van y vienen de ambos lados. Sendos protagonistas del conflicto han expuesto repetidas veces argumentos y descalificativos primordialmente a través de la TV, donde el espectáculo, el drama y los esfuerzos por utilizar la pequeña pantalla en pro de sus intereses no han faltado. Sobre el último aspecto, es comprensible que en principio se pensara en la aplicación a la televisión de teorías conductistas como la hipodérmica, dado el escaso número de canales, la precariedad de la tecnología y la lentitud de las comunicaciones, en general, hace medio siglo. Pero el panorama televisivo ha variado ostensiblemente y los estudios sobre ella son cada vez más. Ver televisión ayer y hoy son cuestiones muy distintas. La televisión de cobertura nacional en señal abierta no es la única fuente de información. Por el contrario, tecnológicamente, la avidez y acuciosidad de las audiencias por contrastar las informaciones son estimuladas hoy por la TV regional, por cable, satélite o Internet. Por ende, ellas elaboran sus propias conclusiones a partir de sus características personales, sus relaciones interpersonales y las versiones suministradas por los medios que seleccionan, aunque como lo advierte Cebrián Herreros, el riesgo de manipulación de la información existe hasta en un futuro próximo. Un vistazo rápido a las televisoras permitiría deducir que han retomado su programación normal luego del 02-02-2003. Desde enero, gradualmente los canales de TV incorporaron las fuertes dosis de entretenimiento que les han caracterizado. La mayoría de los programas que se observan ahora, en febrero, incluyen resúmenes o repeticiones de producciones nacionales o series y largometrajes norteamericanos desempolvados. Algunos mensajes propagandísticos continúan al aire. Las cuñas publicitarias o mensajes comerciales reaparecieron, y los programas informativos y de opinión han vuelto a su duración y programación tradicional. Sets asociados a la cotidianeidad de los programas también volvieron a verse en pantalla. No podría afirmarse, sin embargo, que las televisoras han retornado a la normalidad. Los programas especiales relacionados con el tema del momento, la profusión de avances informativos, la cuota extraordinaria de información en directo y la retransmisión de ciertos programas de entrevistas son una muestra. En cuanto a Globovisión, los cambios no son tan evidentes porque se trata de un canal especializado en información. Cabe destacar igualmente que en enero varios canales de televisión recibieron la notificación de procedimientos administrativos en su contra por parte del gobierno. Asimismo, se inició la discusión en la Asamblea Nacional del proyecto de ley de responsabilidad social de la radio y la televisión, en el que resaltan el interés del gobierno por el control de los contenidos y la posibilidad de sancionar con multas millonarias y fulminantes. El objetivo de esta ley, según explican sus promotores, es defender primordialmente los derechos de los niños y de los adolescentes. Entretanto, el esfuerzo explícito de la televisión durante el paro cívico por la realización de elecciones anticipadas ya no tiene marcha atrás. Durante el paro cívico, el cubrimiento periodístico en combinación con las campañas propagandísticas tuvo como consecuencia concreta y ostensible, hasta el momento, el aumento de la participación ciudadana en la actual coyuntura. Como indicamos antes, la televisión no se paró. Todo lo contrario: logró que la oposición pasara de actor de reparto a protagonista, mediante una suerte de acuerdo tácito que expresaba: "es tan grave y preocupante lo que ocurre, que nos unimos cueste lo que cueste por un asunto de extremo interés nacional". Producto de ello, percibimos en estos momentos como principales objetivos de esos canales privados durante el paro: magnificar la crisis política y el conflicto en el país, y darle un sentido de urgencia, materializado en consignas como "¡Elecciones ya!" y "Chávez, vete ya". Medios y mensajes en interacción con las audiencias consiguieron que los ciudadanos manifestaran en marchas multitudinarias o, por lo menos, definieran su posición política. Esta situación se torna interesante al recordar la tesis clásica que señala que la televisión convierte al pueblo en público, es decir, desmoviliza fomentando la participación por delegación en los asuntos públicos (Colombo). En esa misma línea, autores como Arfuch se refieren a una democracia audiovisual, donde los medios, en especial la televisión, hacen que los procesos, debates o asuntos políticos sean percibidos como lejanos. En consecuencia, los ciudadanos se conforman con estar al tanto de lo que pasa "o mejor, de lo que los medios nos repiten hasta el cansancio". "El estar al corriente de lo que ocurre reemplaza así el participar en lo que ocurre" (Gubern) Sin embargo, la política concertada de los mencionados canales no solo puso a prueba esas afirmaciones, sino contribuyó a superar el desencanto de la otrora antipolítica. Las convocatorias diarias a marchas y concentraciones en todo el país recibieron respuestas contundentes. Nunca habíamos visto marchas tan frecuentes —diarias- y concurridas, sobre todo en Caracas. Se llegó a calcular la asistencia desde cien mil hasta más de un millón de personas por marcha. En la percepción de ello ha contribuido lógicamente el crecimiento cuantitativo y cualitativo de la televisión venezolana. El gobierno también convocó durante este periodo a manifestaciones de calle. No obstante, los altísimos índices de popularidad, de los que gozó el Presidente Hugo Chávez Frías durante sus primeros años de gobierno, estableció el punto de comparación en la capacidad de la Coordinadora Democrática de superar las demostraciones que en repetidas oportunidades había dado el oficialismo. La televisión se erigió así inevitablemente en "marchómetro". Lógicamente, el medio en el medio se convirtió en arma y blanco, y surgieron las acusaciones mutuas acerca de las manipulaciones de las imágenes televisivas. Es evidente, sin embargo, que la televisión fue un factor importante en la asiduidad y el volumen de las marchas. La receptividad de la convocatoria del Consejo Nacional Electoral para la inscripción y/o actualización de datos en diciembre de 2002 es otra consecuencia concreta en términos de participación. ¿En favor o en contra de quién? Eso no lo sabe nadie aún. Por otra parte, la afluencia de ciudadanos en consultas públicas alternativas como El Firmazo, efectuado en lugares como plazas, parques y estacionamientos, y convocado y organizado en una semana es otro ejemplo. En este caso, las cifras suministradas por las agrupaciones opositoras encargadas de recolectar las firmas a favor de la enmienda constitucional y otros mecanismos para anticipar elecciones indican la participación de aproximadamente 4 millones 300 mil ciudadanos, de un universo cercano a 12 millones de electores. El presidente Hugo Chávez fue electo en diciembre de 1998 con alrededor de 3 millones 800 mil votos. De allí que insista en que es un gobierno electo democrática y constitucionalmente. Para culminar, con respecto a la tendencia mundial, en especial del medio televisivo a ser actor social en lugar de un representante (Martín-Barbero y Rey), el papel de la TV y gran parte de sus periodistas, como protagonistas políticos y en actuación conjunta con la Coordinadora Democrática, es una situación éticamente discutible. A los periodistas televisivos puede costarles la difícil y doblemente inotorgable credibilidad. Es innegable que en esta coyuntura este medio ha contribuido a que los ciudadanos reivindiquen su derecho a la participación en los asuntos públicos. No obstante, la participación es un arma de doble filo. En el paro cívico, la televisión dejó de ser un ente abstracto: tomó corporeidad y personalidad a través de los rostros y voces de sus trabajadores y de sus dueños. Esa humanización de la televisión unida al apoyo explícito a la oposición política al gobierno, así como ha generado cierta apología hacia ella (hubo marchas y documentos para apoyarla e incluso aplausos y vítores a la llegada de periodistas televisivos a cubrir pautas), ha creado cierta suspicacia en los televidentes. Al menos les ha sugerido repetidamente la existencia de intenciones y grandes intereses, ocultos y/o manifiestos, "de por medio". En este punto entra en juego no solo la comprobada capacidad de la televisión para crear matrices de opinión y proporcionar argumentos y temas de conversación. Es una guerra de información, donde esa suspicacia, en combinación con los adelantos tecnológicos y las características individuales de las audiencias, puede tener un efecto boomerang en términos de definición de preferencias partidistas.
|
| Chasqui
Apartado 17-01-584 Quito-Ecuador. Telfs. (593-2) 250.6149 / 254.8011 Fax (593-2) 250.2487 E-mail : chasqui@ciespal.org.ec |
|
![]() |