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Praga.- Los medios de comunicación independientes en Rusia han perdido su batalla con el Kremlin. Putin ganó, no creo que sea un régimen democrático, sino más bien un aterciopelado autoritarismo, comenta de manera exclusiva para Chasqui el especialista en Rusia del Instituto para Relaciones Internacionales de la República Checa, Vladimir Votápek, cuando empezamos a conversar sobre los medios de comunicación de esa ex superpotencia.
¿Qué pasó? Es que mientras Boris Yeltsin, el antecesor, pudo no haber sido muy inteligente, sí fue astuto al conseguir balances en la repartición del poder, Putin no, es un hombre inteligente y hábil que más refleja el pensamiento del estatista, del que dirige verticalmente y refuerza al Estado, nos explica Votápek.
Se reforzó el canal oficial de transmisión de información; actualmente el Kremlin habla a través de RTR, así como el canal Cultura, la agencia de información Novosti, varias estaciones de radio y diarios, sin olvidar a 92 compañías regionales de televisión.
Con ese respaldo, enfrentó a la prensa libre no por la vía antigua de la nomenclatura soviética: la censura (incluso autocensura) sino por un método más sutil e igual mortal: la mano invisible del mercado. Movió para conseguir que los medios que se oponían al Kremlin fueran económicamente no viables o cayeran en manos de un gigante inclinado a él. Ese gigante se llama Gazprom.
Un poco de historia
Desde que Vladimir Putin, ex agente de la KGB, ascendiera al trono según negociaciones comandadas por el saliente Boris Yeltsin en 1999, los medios independientes han sido sometidos a presiones. Indagaciones criminales provocaron que dos de los principales magnates mediales, Boris Berezovsky y Vladimír Gusinsky, buscaran mejor el exilio y los diferentes controles mundiales sobre la libertad en los medios han colocado ya a Rusia entre países como Irán o Ucrania (puesto 121 de 139 medidos por Reporteros sin Fronteras, por ejemplo).
El Kremlin parece que no ha perdido su deseo por controlar a los medios de comunicación de Rusia -como lo escribimos en Chasqui 75 de noviembre de 2001- y, a pesar de haber vetado enmiendas dudosas a la Ley de Prensa y la Anti Terrorista al cierre del año pasado, la escalofriante sombra del águila bicéfala sigue revoloteando.
El veto de Putin evitó que entraran en rigor reformas que hubieran prohibido a los medios transmitir: información sobre la técnica usada en operaciones para liberar rehenes, materiales que promuevan o justifiquen actividades extremistas o declaraciones que visiblemente sean propaganda extremista. Esas normas se aprobaron el 23 de octubre de 2002, horas antes de la toma de prisioneros en el Teatro Dubravka por terroristas chechenios.
Aprovechando las acciones para erradicar al terrorismo, el presidente Putin goza de un alto nivel de confianza y credibilidad. Un sondeo de la agencia Furman citado por el diario Moscovita Novosti, le dio al presidente ruso la confianza del 78% de la población. En otra, esta vez de Izvestia, la confianza superó el 50%. En abril de este año, Putin celebró un año más en el poder y todo apunta a que dentro de otro, cuando tenga que probar la reelección, será el candidato único o al menos cualquiera que desee oponérsele no le hará sombra.
Al vetar esas enmiendas, Putin ha conseguido volver a aparecer como un hombre níveo y a ganar más influencia y poder en Rusia, una sociedad que da tumbos emocionales agradeciendo a sus garantes de democracia, comenta Sergei Agafonov, del diario Nuevo Izvestia.
¿Censura o efectos puramente comerciales?
Para los efectos, el cierre, es lo mismo. En febrero el Nuevo Izvestia suspendió la publicación y su director general, Igor Golembiovsky, fue retirado del puesto. Ese diario venía siendo un crítico del presidente Putin. El diario era parte del consorcio medial del exiliado Berezovsky.
La pérdida del Izvestia sería la segunda gran pérdida medial en un año. En mayo 2002 el diario liberal Obshchaya Gazeta cerró diez años de trabajo y fue puesto en venta. En 2001 el gigante gasero Gazprom, puesto por el Kremlin para volver asunto económico lo político, cerró la mayoría del imperio medial de Vladimir Gusinsky, incluido el diario Segodnya.
Es que el Nuevo Izvestia se permitió mucho en contra del Kremlin; en el otoño 2002 puso un título "Todos somos rehenes del Kremlin" (octubre 29); cuando se hundió el submarino nuclear Kursk publicó: "Nueve días de vergüenza nacional".
El Nuevo Izvestia, o Nuevas Noticias en castellano, nació en 1998 tras una fracasada lucha de periodistas por financiar el control editorial del clásico Izvestia. El Nuevas Noticias fue el primer diario ruso a todo color, tuvo poca publicidad y salía con una tirada de 100.000 unidades.
Según el diario de centro Nezavisimaya Gazeta, Berezovsky dijo que los cambios en la gerencia, e incluso los posteriores en los servicios de seguridad en Noticias Nuevas, se deben a una orden dada por el Kremlin para tomar control sobre un diario con posición independiente que lo irritaba.
En enero del año pasado se acusa a Putin de estar tras el corte de transmisión de TV6 (hoy TVS). Él nada que ver, todo es porque no pueden reunir dinero para funcionar. TV6 tuvo una posición crítica a la política del Gobierno y muy en especial sobre la guerra en Chechenia.
Gazprom se pone a comprar
Oficialmente el Gobierno controla algo así como el 38% de las acciones de esa empresa, pero en su gerencia la influencia es aún mayor. Gazprom, productor del 25% de todo el gas mundial, es vital para la economía rusa y sólo ella genera el 8% del Producto Interior Bruto de Rusia. Es la máquina de hacer dinero y la filial para salir de compras mediales fue Gazprom-Media.
En abril 2001 compró NTV, el único canal nacional privado ruso. Luego se unieron la revista de noticias Itogi y el fallecido diario Segodnya. Ahora, son motivos económicos y nunca políticos los que provocan reorganizaciones en las plantillas de redactores o cierre de medios independientes.
En esas movidas incluso Gazprom ganó un juicio para tener el mayor paquete accionario en NTV -entonces en manos del grupo Media-Most, del magnate Vladimir Gusinsky- por ser el mayor acreedor del grupo medial y el magnate vio cómo se cerraban otros títulos bajo su control.
¿Prensa libre?
Al final, Putin consolida posiciones y resguarda el Kremlin ante las baterías de los medios de comunicación. El tema de la lucha contra el terrorismo y muy en especial si viene con el adjetivo chechenio, es de primera importancia. Requiere de una prensa independiente para mantenerlo dentro del marco legal.
Pero es que en un principio, el aparecer como democrático era lo de moda: "Yo soy democrático", decía, y usted iba al Parlamento. Después, con Yeltsin se pasó a lo contrario: "no soy democrático, soy nacionalista; es lo de ahora: es mejor tener contactos en la estructura de Gobierno que una buena idea", comenta el analista Votápek.
¿Y prensa libre en Europa? Los dos mayores canales de televisión suecos (SVT1 y SVT2) son pagados por el Gobierno, podrán ser balanceados pero no independientes como les sucede a los medios públicos en la República Checa (CT1, CT2 y Radio Checa). Acaso la BBC hubiera transmitido durante la Guerra de Las Malvinas la perspectiva del Cono Sur a los súbditos británicos. Calificará la CNN a los soldados estadounidenses como viles agresores e invasores. Durante la última entrega del Oscar, una orquesta a todo vapor tuvo que sonar para evitar sea escuchado el rechazo que el premiado Michael Moore hacía contra la guerra y el virtual presidente Bush.
Además, hoy ya no hay soberanías, ningún país lo es, ni China, ni los Estados Unidos Independientes son las bolsas; la de Nueva York, la de Londres, etc. Rusia es ahora algo porque tiene su puesto importante en el concejo de seguridad de la ONU y su voto de veto. Por el lado económico qué es: un exportador de materias primas: petróleo, gas, oro. Mientras se mantengan altos los precios estará bien. Pero en condiciones per cápita, México puede incluso llegar a ser del mismo poder, nos explica el especialista think-tank checo sobre Rusia.
Votápek resalta algo que no podemos pasar por alto: hoy en día y desde que se desmoronó la Unión Soviética, los rusos se preocupan por comer y vestirse. Conceptos abstractos distantes de esos, carecen de sentido. El presidente checo, Vaclav Klaus (un economista conservador), ha comentado sobre el tema de la democracia y las libertades que éstas se apoyan y desarrollan, pero no se imponen, mucho menos por la vía de la guerra.
Cierra diario ruso de oposición
Mercado mediático ruso: entre la autocensura y el control oficial
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Vladimir Putin ha sido un dirigente polémico desde su llegada al poder. Su hieratismo y falta de carisma se ha visto perjudicado además por una férrea política respecto a los medios de comunicación, algunos de los cuales han atravesado importantes dificultades financieras, coincidiendo con sus momentos de mayor crítica al poder. El último caso ha sido el del diario Novye Izvestia.
En otoño de 1997, el famoso periodista Igor Golembiovsky abandonó el diario Izvestia y con él se llevó a un amplio grupo de profesionales para crear Novye Izvestia. El inversor era Boris Berezovski, exiliado en Londres y convertido en enemigo encarnizado del presidente Putin. Ahora, nueve meses antes de las elecciones legislativas y un año antes de las presidenciales, el diario se ha visto obligado a cerrar.
El cierre del periódico esconde una historia de traiciones shakesperianas que ha sorprendido a la opinión pública rusa, según explica el francés Libération. Berezovski, en virtud de su exilio en Inglaterra, no podía ejercer directamente su propiedad sobre el diario y, aunque seguía encargándose de su financiación, había cedido la titularidad de sus acciones (un 76% del total) a un hombre de paja, Oleg Mitvol. A éste, la cercanía al poder y quizá la posibilidad de hacer favores a alto nivel le cegaron y finalmente cambió sus fidelidades.
Peculiar relación con la prensa
Pero esta manera de presionar desde el poder no es una práctica nueva en el panorama mediático ruso. De hecho, entre las primeras medidas que adoptó Putin, tras llegar al poder, fue la recuperación de las antiguas trabas administrativas a la edición. Además, puso en marcha de nuevo el Ministerio de la Prensa y nombró al frente a Ivan Lesin, una de las personas más odiadas por los medios de comunicación poco afines al Kremlin.
En el mundo occidental fue muy conocido el episodio en mayo de 2000 contra Vladimir Gusinsky, presidente del grupo de comunicación Media Most, el más crítico con el Kremlin y con la guerra en Chechenia y que controla emisoras de televisión y periódicos. En esa fecha un grupo de agentes encapuchados y con ametralladoras irrumpieron en las oficinas de este grupo en busca de documentos que probasen presuntas irregularidades fiscales que, posteriormente, no se pudieron demostrar y que han terminado con la decisión de los tribunales de calificar como ilícito este asalto.
Además, después del "redireccionamiento" que realizó el gobierno de las televisiones privadas en 2001 y 2002, numerosos analistas progubernamentales hicieron ver que la prensa escrita, sobre todo la de pequeña tirada, no se vería afectada por las directrices del poder porque no representaba una amenaza. Este era el caso típico representado por Novye Izvestia que tiraba 20.000 ejemplares. De hecho, estos últimos años numerosos periódicos ya han desaparecido. Sevodnia y Obchtchaïa Gazeta han cerrado, y ha cambiado de dueños la revista Itogui, la de mayor prestigio político de Rusia, orientada hacia un público selectivo interesado en la política y que seguía el estilo de Newsweek.
Radios amenazadas
Las amenazas planean ahora sobre las estaciones de radio, como Echo de Moscú. Esta radio, de tendencia democrática y reformista, fundada en 1990, es la emisora con mayor repercusión política y social. En su momento se destacó por ser el único medio de comunicación que, en el intento de golpe de Estado de 1991, llamó a los moscovitas a la movilización y a la resistencia democrática. Pertenece al grupo Media Most.
Ahora se enfrenta a turbulencias, ya que su accionista mayoritario ha advertido a la redacción de un próximo cambio de su reglamento interno. Se da la circunstancia de que es el único medio ruso cuyo responsable ha sido elegido por la redacción. Ésta dispone del 34% de las acciones, una minoría con opción de bloqueo, ya que ninguna decisión podía llevarse a cabo sin el consentimiento de esta parte.
También se enfrenta a graves problemas Radio Novosty on Line, cuyo redactor jefe ha presentado su dimisión tras decidir su propietario, Vladimir Potanine, jefe de uno de los grupos industriales rusos más importantes, la transformación de esa radio de informativa en musical. Oficialmente es una decisión comercial porque resulta más caro hacer información, pero también se interpreta como un asunto político.
Otro efecto perverso de todos estos movimientos es la autocensura: ante la presión gubernamental, los propios medios, temerosos de las represalias que puedan encontrarse, miden las palabras que emiten o publican.


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