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Chasqui 88, 2004 ERRORES COMUNES EN EL LENGUAJE PERIODISTICODe roles, mitos y términos
Juan Manuel Rodríguez |
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Cada nueva técnica rejuvenece mitos, fabrica creencias, difunde equívocos, recrea miedos y acuña términos para explicarse. No es culpa de ella. Es problema humano al incorporar analogías explicativas para entender los fenómenos derivados de los modernos objetos, usos y roles, en este caso los de la “era digital”. También es consecuencia de los poderes económicos que, amparándose en la ambigüedad, nos venden gato por liebre, porque después de los mercados financieros y de las armas, los más valiosos negocios del neocapitalismo y el libre comercio son los de la información y el entretenimiento, donde juegan un papel decisivo los medios masivos de difusión, jamás de comunicación. La aparición de la llamada era digital y de la información ha forjado términos extraños como hipertexto, interficies, ciberespacio, internauta, multimedia, interfaces y muchos otros que son caldo de cultivo para tratar de convencernos de que con este advenimiento tendremos una vida de bienestar casi absoluto. Este evangelio propone ilusamente que las relaciones humanas serán transparentes, la información democratizada, la difusión de mensajes libre, el desarrollo igualitario, y la cultura y la economía globalizadas. De este modo, nos señala que información es igual a conocimiento, que los hipertextos son cosa novedosa, que las NTIC (Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación) conducen al desarrollo, que ha aparecido la navegación por la red y que existe una superficie de muchos estratos en donde todo se aclara: la Internet. En esas afirmaciones existen varios malentendidos y falsedades. La información no es conocimiento, acumular datos y nociones no significa entenderlas, comprenderlas y saberlas. Junto a las NTIC aparecen esos mensajes engañosos que nos anuncian el final de la pobreza y la aparición del hombre instruido, suponiendo que a mayor número de computadoras existirá más bienestar, olvidando que los aparatos solamente responden al uso que les dan sus propietarios. Se habla de hipertextos como la nueva maravilla, sin entender que cada hipertexto solamente puede ser leído como un solo texto individualizado en cada momento y en cada elección del mensaje. La navegación por la red www (World Wide Web) de los internautas se considera nueva profesión, sin embargo, investigadores y buenos lectores siempre han viajado por superficies plurales, apenas visibles para los neófitos y analfabetos. Y sobre el auge de la Internet, hay que aclarar rotundamente que conectarse o contactarse no es comunicarse. Sentarse en el cine no es definitivamente un contacto comunicativo de la nalga con el asiento, la comunicación anda por otra parte. En la actualidad se comenta que el hombre ha sido capaz de fabricar un nuevo espacio: el digital. Éste conserva y comparte espacios ya familiares como el de la televisión (imagen cinética a distancia), el del sonido radial, el del libro, el del diseño de periódicos, el del cartel y la animación. Por ello, ahora ya no se habla de superficie sino de interficie, lugar donde convergen varios planos simultáneamente. Para poder iniciar el viaje por los espacios donde vamos a interactuar, se recurre al término interfaz, es decir, el conjunto de procesos con los cuales trabajamos en interactividad mediante órdenes dadas a través del ratón (mouse). Antes se hablaba de procesos bifaces, ahora de interfaces para poder interactuar en varias superficies a la vez. A pesar de que la técnica se nos presenta como distinta (el envoltorio esconde y añade misterio al artilugio) es muy similar a la cotidiana manipulación de objetos antiguos. Las analogías en uso para explicar estas nuevas tecnologías son la del navegante y la del arte de la papiroflexia. El internauta es un navegante estático, es decir, un iluso que revive el mito de los argonautas y de los exploradores sin llevar a cabo ninguna aventura real. Desde el control del computador simula que viaja, pero está quieto, su éxodo es aparente. En realidad, cuando opera el teclado pasa de la existencia de las cosas a una simulación de la andadura o navegación por mundos simbólicos. El viajero real también transita de una superficie a otra cuando avanza, retrocede o gira la cabeza. Frente a él pueden aparecer un espacio o muchos, una superficie o diversas. El viajero se sienta a descansar, saca un libro y lo ojea. Lee aquí y allá, levanta la vista y mira un cartel, realmente ha cruzado un plano y ha pasado a otra superficie. Se viaja en la red como una forma moderna de cambiar de una superficie a otra con un solo golpe de teclado. Es cómodo, barato y por el momento atractivo hasta que nos saturamos y aburrimos. A muchas personas les encanta la idea de escapar de la Tierra y buscan cualquier pretexto para ello. Unos viajan en los juegos espaciales, otros en viajes astrales, y bastantes lo harán en un éxodo masivo cuando la madre Tierra sucumba ante el embate de los depredadores. Por ello, los astrofísicos se empeñan en convencernos de que éste es un mal lugar para vivir y de que en breve hordas humanas viajarán llevando una carga de problemas semejantes al planeta prometido. Los mensajes de evasión y los términos usados para explicarla pueden empobrecer la imaginación colectiva y crear la ilusión del viajero absurdo y paradójico que se mueve sin moverse, especie de motor inmóvil y mostrenco. Así como el viajero que marcha en un tren puede imaginar que el paisaje se mueve ante sus ojos, de igual manera el internauta puede recrear la ilusión de que viaja, cuando en verdad está estático frente a la superficie de la pantalla. La segunda analogía para ilustrar este espacio digital es la papiroflexia o técnica de plegar el papel en muchos dobleces que pueden desplegarse y mostrar caras diferentes e información amplísima. Supongamos una inmensa hoja de papel donde escribimos, dibujamos y almacenamos todo el conocimiento humano. Esa sábana la plegamos en partes. De acuerdo con lo que necesito, veo una cara u otra de esa inmensa hoja que retiene la información global. Aunque estos ejemplos ilustran nuestro contacto con el mundo digital, no son diferentes a las viejas experiencias de captar y almacenar información. El libro también es un conjunto de superficies diferentes que se escalonan y ordenan para producir un sentido. Detrás de cada página está la siguiente y otra subsiguiente hasta un final aparente, pues las ideas, comentarios y opiniones pueden seguir resonando en mi mente sin un final como una forma abierta dialogante. El libro es como un iceberg, es mucho más grande el volumen sumergido que el de la plataforma mostrada, igual sucede con las islas, la apariencia humana y con las cosas. De modo que el texto, como la realidad misma, no se manifiesta por entero, insinúa, refiere, problematiza, distorsiona o encubre. El libro digital es similar al de papel, solamente ha cambiado el soporte de la información. Hay individuos que si pensaran se morirían, por ello intentan alargar la vida sin remedio hasta que por fin se mueren satisfechos con sus mitos, roles y términos.
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| Chasqui
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