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Mi viejo profesor de matemática en el bachillerato, Mario Isea, nunca logró que yo entendiese lo que significaba la ‘demostración directa por reducción al absurdo’. En un último, desesperado y simplificado intento me decía que esta operación consistía en “dividir un número de manera lógica hasta llevarlo a su absurdo”. Él era un excelente maestro, pero la verdad es que yo era demasiado bruto y no logré entender aquello, pasando a duras penas el examen y dejando al pobre profesor Mario frustrado.
Sin embargo, el escabroso episodio salió de algún lugar oscuro de mi mente, gracias a la situación por la que actualmente atraviesa la British Broadcasting Company (BBC), la cual hizo que al fin entendiese yo aquella complicada cuestión. ¡Eureka! Ahora por fin lo entiendo todo. Reducir al absurdo significa quebrar el elemento principal, de manera que parezca tener sentido, para obtener a la final un producto sin sentido alguno, lo que demuestra que el elemento original era lógico después de todo. Sé que para muchos esto sigue siendo un sin sentido, por lo que les sugiero con sentido pedagógico seguir detenidamente los últimos acontecimientos acaecidos en la BBC.
Una reducción esperada
El anuncio del director general de la corporación de radio y televisión de servicio publico más importante del mundo, Mark Thompson, de despedir en los próximos tres años casi cuatro mil empleados, forma parte de un esfuerzo para ahorrar unos 415 millones de dólares al año en el presupuesto de la corporación. El argumento central es el de eliminar varios departamentos como finanzas, marketing y recursos humanos y darlos en outsourcing. Como lo ha reiterado el propio Thompson, la idea es desburocratizar la corporación para reinvertir lo ahorrado en la producción de programas de calidad para radio y televisión.
Aunque la idea ha sido bien recibida por los enemigos tradicionales de este tipo de empresas, la derecha política –que ahora también domina el Partido Laborista- y los medios comerciales privados, la mayoría de los analistas cuestiona la premisa de Thompson y señala que estos cortes causarán un daño irreparable a la BBC. El líder del sindicato de cine, radio y televisión (BECTU por su siglas en inglés), Luke Carwely, no está solo cuando afirma esto. El periodista y productor independiente John Pilger ha señalado que ésta es la época más oscura para la radio y televisión de servicio público. “Lo que estamos presenciando es una muerte lenta de este tipo de servicio público”, apunta Pilger.
La idea de sacrificar los recursos de la BBC para hacerla mejor es, quijotescamente hablando, un sentido sin sentido, que sin embargo sigue una lógica perfectamente racional. Para entenderla, es necesario mirar el contexto de modernización que la define y por lo cual representa, en el estricto sentido, una demostración por reducción al absurdo. Estos cortes no pueden verse de forma aislada, sino como parte de una visión predominantemente convergente y
tecno-determinista.
Contexto complicado
En este sentido, la administración del premier laborista Tony Blair renovó recientemente la licencia de transmisión de la BBC para los próximos diez años, pero con una importante condición: La corporación ya no rendirá cuentas a una junta directiva independiente interna, sino que tendrá que responder a un cuerpo externo a la corporación nombrado por el ejecutivo. Esto representa un retroceso abismal en términos de libertad de prensa e independencia informativa.
Si bien mucho del criticismo hecho a la tradicional estructura de la BBC es justificado, no es menos cierto que gracias a esta misma estructura la corporación logró conservar gran parte de su integridad, incluso en los momentos más álgidos como los años más siniestros del conflicto en Irlanda del Norte, donde se le impuso censura abiertamente, y durante la guerra de las Malvinas en la cual la Primera Ministra, Margaret Thatcher, la acusó de traidora. El nuevo cuerpo controlador, en cambio, no tiene independencia alguna del gobierno y sí muchos incentivos para atacar a la corporación. Uno de esos incentivos es su capacidad para redistribuir parte del dinero que se colecta por impuesto televisivo (licencia), con lo que se financia a la BBC, y dárselo a las televisoras comerciales que demuestren un compromiso con la producción de programas de “calidad que satisfagan el propósito de radio y televisión de servicio público”. Por supuesto que nadie sabe a estas alturas a ciencia cierta cuáles serán estos tipos de programas, pero desde ya la poderosa ITV y el Canal 5 -cada vez más asociado a Rupert Murdoch-, dos de los grandes jugadores comerciales, están reclamando su tajada del pastel por programas sobre focas y tiburones, que de paso compran en el exterior y que de servicio público -a mi humilde criterio- tienen poco o nada.
Este cambio radical en la forma en que la BBC es gobernada, no solo refleja una actitud cínica de Tony Blair, de sacarse las últimas espinas de su escabrosa relación con la BBC por su acérrima crítica a la guerra en Irak, sino además una problemática más compleja que tiene que ver con la naturaleza de los medios en un mundo digital. Una noción que ve en el futuro a la BBC, no difundiendo radio y televisión de servicio público, sino meramente produciendo contenidos en un mundo completamente digital. El argumento central es que debido a que este tipo de tecnología es fragmentaria en términos de audiencias y convergente con relación al uso de contenidos, le permite a la gente elegir la programación que desea ver y elimina la cobertura general que da la señal abierta. En ese escenario, aquellos que deseen disfrutar de una radio y televisión de servicio público podrán pagar por ella directamente, mientras que el resto recibirá gratis, gracias a las bondades de la publicidad, el resto de los canales. El gobierno británico dio uno de los pasos más trascendentales en la consecución de este objetivo en la última semana de marzo de 2005, cuando logró casi sin protestas que dos comunidades enteras de la región de los lagos -al norte de Inglaterra- pasasen completamente a recepción digital. La idea es que para 2010, dos años después de que Mark Thompson haya completado su plan maestro de reducir la BBC al absurdo, cese la señal abierta analógica y todos reciban suscripción digital. Una vez fraccionada la audiencia y la BBC reducida en capacidad, vendrá el tiempo de renegociar si el impuesto televisivo debe continuar o no. Pero para entonces, los defensores de la radio y televisión de servicio público poseerán argumentos debilitados por la falta de apoyo de la gente, que en ese momento será más proclive a aceptar el sofisma que en el contexto digital, la televisión y radio comercial puede proveer un contenido de calidad completamente gratis para el televidente.
Estoy seguro que si el profesor Mario supiese ahora que el más bruto de sus alumnos logró al fin entender aquello que con tanta desesperación y dedicación trataba de explicar, se pondría muy contento. Yo por mi parte no lo estoy, porque lamentablemente ahora todo tiene sentido y puedo ver que el futuro de la BBC es tan negro como el pizarrón que el profesor Mario usaba en clases.
Canal 4: Un ejemplo para no seguir
Pocos saben que el Reino Unido tiene otro canal de televisión de señal abierta de servicio público, paradójicamente creado por los Conservadores (Tories), quienes han estado abiertamente en contra de los subsidios oficiales para la radio y televisión del servicio público. El Canal 4 fue de hecho uno de los experimentos más radicales en la historia televisiva británica, ya que desde un principio ofreció una programación creativa, novedosa y excepcional, que tocó temas sociales y controversiales que ni siquiera la BBC había incluido.
Esto fue posible gracias a que el canal estaba financiado en parte por un impuesto a la publicidad que vendían ITV (Canal 3) y el Canal 5, más la publicidad que el propio canal vendía por su cuenta. Gracias a estos recursos que no dependían directamente del mercado, el Canal 4 no solo puso en marcha una de las programaciones más atrevidas de su tiempo, sino que además llegó a montar una empresa de cine (Film 4), que rápidamente se convirtió en el motor de la recuperación de la industria del cine británico, y un brazo financiero para un variado número de iniciativas culturales que dejaron profunda huella en el público.
Todo se vino abajo con el cambio del modelo de financiamiento del Canal 4, el cual ahora tiene que conseguir todos sus recursos de la venta de publicidad. El resultado es por supuesto dantesco, y el canal ha pasado a ser un bodrio donde programaciones como Big Brother dominan su pantalla.
Dos elementos significativos salen a relucir en este caso. El primero es que ya resulta claro que los Conservadores, quienes crearon originalmente este canal, siempre tuvieron en sus planes reducirlo al absurdo para después venderlo. De hecho, en sus dos últimos manifiestos (programas) electorales se solicitaba la privatización del Canal 4. El segundo elemento es aún más preocupante, ya que precisamente sobre Mark Thompson, como director general del Canal 4, recae en gran parte la responsabilidad de su comercialización y banalización. Es claro que a Thompson lo han traído a la BBC para repetir su exitosa experiencia reduciendo al absurdo instituciones exitosas.
Digitalización universal
Gran Bretaña ha sido uno de los primeros países del mundo en adoptar completamente la lógica convergente. Según esta lógica, debido a que los medios digitales pueden operar a través de múltiples plataformas, el criterio y la naturaleza de su regulación debe responder entonces también a un criterio convergente. La nueva legislación de 2003 en el Reino Unido se caracterizó precisamente por esto. Los cuerpos reguladores de sectores muy diferentes como la Comisión Independiente de Televisión (ITC), la Autoridad para la Radio (Radio Authority) y la Comisión para las Telecomunicaciones (OFTEL) entre otras, fueron fusionadas en un solo cuerpo regulador llamado Oficina de Comunicaciones (OFCOM).
Detrás de este reduccionismo al absurdo hay sin embargo una lógica más preocupante, según la cual las nuevas tecnologías hacen ingobernables a los medios y por lo tanto la regulación de medios debe basarse en auto-regulación. La idea ha funcionado a pedir de boca, pero para los grandes consorcios tele-mediáticos. De hecho, en una de sus primeras medidas, OFCOM eliminó las responsabilidades de los canales comerciales de producir en las regiones contenido local, lo cual ya ha provocado el cierre de numerosas productoras independientes y el despido de decenas de productores, camarógrafos, personal técnico y periodistas en muchas de las oficinas regionales de los canales comerciales. La lógica convergente en el universo digital tiende pues, una vez más gracias a la invisible mano del mercado, a favorecer los intereses corporativos privados.
Hacia el gran salto
El Reino Unido aspiraba originalmente a tener para 2010 el 95 por ciento de sus 62 millones de habitantes convertidos completamente a tecnología digital. La meta fue revaluada hace dos años y ahora es de 60 por ciento, un número que fue alcanzado ya este año. En aras de forzar a la gente a cambiar a radio y televisión digital, el gobierno de Tony Blair estudia la posibilidad de regalar decodificadores a los más pobres y ha lanzado ya, conjuntamente con canales privados y públicos, una campaña para alentar a la gente para que se cambie, en lo que algunos analistas ya están llamando el nuevo populismo digital.
¿El regreso del Dr.
WHO?
La BBC ha relanzado oficialmente una de las series de ciencia ficción más exitosas de todos los tiempos en la televisión británica, la del Dr. WHO. En la misma, el personaje principal, un científico, construye una máquina en forma de casilla telefónica que le permite viajar por el espacio, en el tiempo y a otras dimensiones. Su relanzamiento coincide con el regreso de Lord Birt, ex director general de la BBC entre 1992 y el 2000 y a quien se le atribuye además el inicio del proceso de modernización de la BBC con la reestructuración de la programación y recortes en la inversión en producción. Antes de convertirse en director general de la BBC, Birt ejerció como sub-director desde 1987 y fue responsable, en parte, del despido de Alasdair Milne quien, como director general, se opuso a la manipulación informativa que Margaret Thatcher quería ejercer sobre la BBC durante la guerra de las Malvinas y que a la final le costó su cargo. Birt es comúnmente asociado por caricaturistas como Steve Bell del Guardian con los archi-enemigos del Dr. WHO, los Daleks que como criaturas robóticas solo obedecen y exterminan todo a su paso en clara alusión a su obediencia a la señora Thatcher y su deseo de exterminar todo lo que hay dentro de la BBC. Aunque nadie sabe a ciencia cierta cuál es el papel de Lord Birt dentro del gobierno de Tony Blair, los analistas de la prensa británica reconocen que es una voz muy influyente con relación a los cambios que se están produciendo en la BBC.
Huelga en la BBC
El diario digital Periodista Digital, de España, dijo el 24 de mayo que el personal de la británica BBC, la más importante cadena de informativos del mundo, realizó la víspera una huelga en contra de una importante reducción de personal que los Ejecutivos se aprestan a llevar a cabo. Las huelgas seguirán en diferentes días.
Helen Wade, presentadora de la BBC News 24 horas, aseguró que los miles de empleados que secundaron la huelga no están en contra de la reducción de plantilla, pero sí que se lo haga sólo con periodistas y no con la cantidad de directivos que ingresaron a fines de los 80 y principios de los 90 por decision del entonces Director General, John Birt.
Informó que de entre los casi 28,000 empleados de la BBC, el porcentaje que secundó el paro fue de un 55 por ciento, pero en la sección de informativos el porcentaje de apoyo fue superior al 75 por ciento. Trabajó poco más del 30 por ciento de la gente, pero casi todos eran de la dirección.
Añadió que la medida de fuerza tuvo un gran impacto en la primera cadena de la BBC (BBC1), que es la de máxima audiencia. En esta cadena, entre las 06h00 y las 09h00 no hubo el tradicional informativo-magazine "Breakfast" y luego, a las 09h30, un programa especial en directo desde el Chelsea Flower Show tampoco pudo salir en antena.
Los telediarios de máxima audiencia salieron sin los habituales presentadores, no hubo ningún directo, salvo uno desde Washington a las 18h00 con un corresponsal no miembro del sindicato, se emitieron boletines “esqueletos” con un presentador, y se unieron las tres cadenas transmitiendo lo mismo.
El impacto en el público fue grande, sobre todo con la BBC1, que emite para el Reino Unido, por lo que el público más notó. Hubo miles de cartas y correos electrónicos apoyando la huelga. “La BBC es como un ser querido para los ingleses, una institución y no les parece bien que quieran recortar servicios. La gente se ha volcado”, dijo.
La huelga seguirá, en diferentes días. El personal plantea que si quiere cortar el 15 por ciento del presupuesto de la BBC que se lo haga de todas partes, no sólo afectando a los periodistas y que empiece por los burócratas, que van de reunión en reunión, porque si los echan a todos ellos la programación seguiría igual de fuerte.

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