SECCIONES FIJASErrores comunes en el lenguaje periodístico - También yo me equivoco, Juan Manuel Rodríguez

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En vacaciones, a veces hay que cuidar la espalda al compañero. A veces también, por honradez y labor crítica, hay que hablar de los propios errores, no vayamos a caer en ese doble juego de criticar la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro.

Uno de los problemas al iniciar la profesión de escritor es suponer que no cometemos errores. Imaginamos que poseemos un hada madrina que cuida nuestro estilo y nos protege de algún desliz. Creemos que somos infalibles. Si esto fuera cierto, sobrarían las profesiones de correctores de estilo y pruebas, editores y lectores sagaces. No hay un solo autor que no cometa gazapos y fallas en los trabajos escritos y hablados. En esta afirmación se incluyen consagrados y bisoños, clásicos y aficionados, todos. Entonces, si no estamos libres de cometer errores ¿cuál es la diferencia entre el conocedor del oficio y el aprendiz?

Después de reconocer con humildad nuestra inclinación humana hacia el error y sin adoptar una actitud derrotista basada en el refrán popular "mal de muchos, consuelo de tontos", que nos estatizaría, debemos emprender un trabajo serio por mejorar. La primera norma requiere una buena dosis de paciencia. La prudencia señala no apresurarse y dejar tranquilo el escrito antes de entregar la versión final. Alguien argüirá que esto es imposible en la redacción del periódico, donde siempre se trabaja aprisa. No es tan cierto. En algunos casos y con algo de oficio, un artículo breve demandará una pausa de media hora para cambiar de actividad y tomar distancia. Al cabo de ella, podremos estar listos para realizar el trabajo de relectura y corrección; como ya no tenemos tan cerca el trabajo, podremos detectar fallas que antes no observábamos.

Para corregir los errores se necesita atención al detalle. El idioma es asunto de precisión, de pequeños cuidados. Una relectura connotativa permitirá que advirtamos los errores, pues es imposible corregir lo que no se observa. Una vez que los advertimos, hay que saber corregirlos y tener ciertas mañas de retoque, que se adquieren con la lectura, el estudio y la experiencia.

Hace unos días vio la luz un libro de autor múltiple, titulado Evolución y retos de la televisión. En él aparece un artículo mío ("Desafíos de la televisión frente a los otros medios de comunicación"), resultado de un seminario internacional de noviembre de 2002, en el que se presentaron variadas conferencias. Hacia este trabajo, una trascripción de los discursos orales grabados y sin revisión por los expositores, dirigiré mis reflexiones, suponiendo que el diálogo con ustedes sobre el particular nos puede ayudar a remediar los defectos.

Ya en el tercer párrafo se observa un error tipográfico. Hay una cita del filósofo Ortega y Gasset que aparece en cursiva y solamente debería estar entrecomillada. Más adelante se halla el título de la novela Conversación en la catedral que está entrecomillada y debería haberse colocado en cursivas. Ya tenemos unos primeros errores tipográficos que indican desaliño y descuido en la misma impresión, y aunque no somos responsables directos, tenemos el compromiso de la limpieza porque está estampado nuestro nombre.

En el cuarto párrafo leemos: "Cuando las formas de lo incierto se depositan en la conciencia, surge la preocupación por el devenir, entonces lo vivido y lo especulado comienzan a martillar en nuestro presente, el problema sobre el futuro desaparece por el descuido, por la desatención, por las diversiones, esta es la primera constancia". Un perspicaz lector advertiría enseguida que algo falla en la puntuación. Es cierto. Cuando una idea está completa, se coloca punto, por tanto esa parte del párrafo carece de tres puntos seguidos. Correctamente quedaría así: "Cuando las formas de lo incierto se depositan en la conciencia, surge la preocupación por el devenir. (Primero) Entonces lo vivido y lo especulado comienzan a martillar en nuestro presente. (Segundo) El problema sobre el futuro desaparece por el descuido, por la desatención, por las diversiones. (Tercero) Esta es la primera constancia". Estas fallas son de puntuación (ortográficas.) De forma similar aparece un "cayó", cuando se dijo "calló". Error ortográfico por ser palabras homófonas. Otra de estas mismas faltas es haber escrito "interfases" (palabreja inexistente en el léxico castellano) cuando se dijo "interfaces" (plural de interfaz), también palabras homófonas, suenan igual pero se escriben de diferente manera.

Algo más adelante se lee: "La segunda idea es la segunda constancia, es que la preocupación por lo incierto puede manifestarse de muchas maneras". Si usted no se sorprende por esta expresión, entonces estamos realmente mal. Se observa una redundancia que parece absurda y lo es en la forma como se ha presentado. Pero si damos un retoque a lo que fue escrito, entonces desaparece el absurdo y la redundancia adquiere validez dentro de la expresión oral (conferencia.). Veamos: "La segunda idea, (coma porque es un inciso aclaratorio, mediante el cual el conferencista enumera, aclara y enfatiza) es la segunda constancia, es que la preocupación por lo incierto puede manifestarse de muchas maneras". Quitando el tono coloquial, escribiría: "La segunda idea es que la preocupación por lo incierto puede manifestarse de muchas maneras".

El párrafo que citamos ahora es una buena muestra de anacoluto (inconsistencia e incoherencia en el sentido.) Dice: "Se descartan aquellas visiones que –por cierto grado de aberración o demasiadas fantasías– llevan y conducen a lo absurdo para no alejarse demasiado de la realidad y fijarse más bien en el futuro tangible. Si es que hipotéticamente el futuro puede ser algo tangible, intentamos vislumbrarnos con la razón y seguir las tendencias que el presente nos marca como una posibilidad". El conjunto de inconsistencias en la redacción hace incomprensible el discurso. Reformulado como se habló, queda así: "Se descartan aquellas visiones (del futuro) que,* por cierto grado de aberración o demasiadas fantasías, * llevan y conducen a lo absurdo. *Para no alejarse demasiado de la realidad y fijarse más bien en el futuro tangible, * si es que hipotéticamente el futuro puede ser algo tangible, intentamos vislumbrarlo* con la razón y seguir las tendencias que el presente nos marca como una posibilidad." Hemos colocado asteriscos donde están los cambios. Éstos son la puntuación correcta y la trascripción exacta de la palabra.

En definitiva, los errores más frecuentes son de sintaxis, género, régimen, usos verbales, incoherencias, faltas de concordancia, gazapos ortográficos, sonsonetes, repeticiones innecesarias y fallas tipográficas. La moraleja de todo esto es no solamente cuidar nuestros escritos, sino que cuando leamos o hablemos en público, exijamos poder releer la reproducción para que no nos hagan decir aquello que no dijimos, o que si lo dijimos, fue en otro tipo de discurso: el coloquial con una buena dosis de improvisación
 
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