La mayor parte de la población del Perú estuvo en contra de la guerra, cerca del 90% se venía oponiendo en las encuestas anteriores al inicio de las hostilidades. Otras estaciones, en consonancia con el sentir popular, se vieron en la necesidad de ir más allá de las noticias de la CNN.
La mayoría de diarios y noticieros televisivos tuvieron una actitud contraria a la guerra, lo que se reflejó en los titulares que enfatizaban la idea de la invasión, la cobertura de las victimas civiles, y en algunas ocasiones, el uso de archivos y entrevistas para contextualizar la intervención norteamericana, como una tendencia en su política exterior. Sorprendentemente, algunos reportajes recordaron las invasiones a Nicaragua, a Grenada, la intervención en Chile, en Vietnam, el apoyo a los "contras", como parte del expansionismo estadounidense. Como en pocas ocasiones, estos medios fueron muy "activos" en buscar las relaciones entre los acontecimientos y sus causas. Según los estudios que realizamos, los medios emitieron, en muy pocas ocasiones, sus opiniones, y tampoco contextualizaron las noticias; sin embargo, en la necesidad de satisfacer las demandas informativas de sus públicos se vieron obligados a tener una actitud proactiva frente a la guerra, tratando de mostrar las secuelas que deja, y que básicamente era la información que los televidentes estaban esperando.
Especialmente la televisión se salió de los cánones del periodismo tradicional, que siempre fue subsidiaria de la información de la CNN, y tuvo que echar mano de otras fuentes informativas, como de "Antena 3" de España, "TV5" de Francia, o "Al Jaseera", Abu Chabi, en árabe, que eran traducidas en el momento, de manera improvisada, para presentar información complementaria que diera contexto y presentara otros ángulos que desde la CNN se veían de manera incompletas. De esta manera la población peruana pudo tener una visión mucho más amplia que el promedio del público norteamericano.
Los diarios amarillos y sensacionalistas, por su parte, también se mostraron en contra de la guerra y sus titulares fueron más allá para demostrar las consecuencias de la guerra en la población civil. Titulares que usaban palabras como: "carnicería", "genocidio" "hambruna en Basora" o "el Pentágono declara la guerra a los periodistas" son algunos ejemplos del sensacionalismo con que se enfocó el conflicto en Irak.
Pocos fueron los diarios y noticieros que optaron por cubrir la información de manera objetiva, presentando la información que sus tradicionales fuentes (CNN, Reuters.) presentaban, y con ello se sumaban a la canalización que estas empresas hacían dejando de lado, por lo mismo, imágenes sobre las consecuencias en la población civil y la destrucción ocasionada en la infraestructura iraquí. Sin embargo ninguno de estos medios presentó una postura a favor de la guerra de manera explícita, a pesar de que el ejecutivo sí estaba predispuesto a apoyar la intervención; de cierta manera estaban en contra de la guerra pero a favor de la CNN.
Agenda humana vs. agenda bélica
Recientes investigaciones han señalado que los medios suelen "enmarcar" las noticias en un conjunto de características que delimitan el problema, ubican causas y plantean cursos de acción respecto a varios aconteceres. En el caso del conflicto en Irak los medios han configurado dos agendas distintas y dos marcos diferentes.
La agenda de la guerra
El diario El Comercio y el Canal 5 fueron los que presentaron las noticias enfocando el desarrollo de la guerra, dando prioridad al avance del cumplimiento de los objetivos, desde el punto de vista angloamericano. La forma de presentar el conflicto fue "la guerra en Irak", "la guerra contra Irak", "contra Saddam", etc. Y las noticias fueron presentadas como una encrucijada de las fuerzas "aliadas" en la conquista de Bagdad y el derrocamiento de Saddam Hussein, donde la vida cotidiana de los soldados y el despliegue de la tecnología bélica fueron temas recurrentes. El eje de la narración estuvo puesto en las sucesivas etapas por las que atravesaban las fuerzas militares, así como los obstáculos que surgían en esta "peregrinación de la violencia".
La forma más frecuente en que enmarcaron el conflictos fue el presentar solo dos bandos, uno bueno y el otro malo. Según Hakansson "se presentan a los actores como una disputa entre quien gana y quien pierde", entre el bueno y el malo, donde ciertamente el malo estaba perfectamente identificado como Hussein.
Esta forma dual de presentar los conflictos suele dejar de lado a los terceros, como la población que es la más afectada. Un ejemplo puede ilustrarnos mejor en la forma cómo se construyen las noticias: generalmente la guerra se presenta como una pelea entre elefantes, que hacen gala de su fuerza y poder de destrucción, mientras que en este marco, nunca se enfoca a la población civil que sufre los arrebatos de estos torpes mamíferos y que los terceros en los conflictos, la mayoría, que se encuentran en el césped del campo de batalla, son los que llevan la peor parte.
Ciertamente esta agenda presentaba muy pocas veces las consecuencias de los bombardeos y, en otras ocasiones, lo hacía rápidamente o siempre con propuestas de interpretación que exculpara a las fuerzas angloamericanas de la responsabilidad, y atribuyéndola a las fuerzas iraquíes. El recurso, comúnmente usado, fue el de personalizar la guerra en función a una disputa entre los líderes Bush y Saddam, enfocando los acontecimientos como la derrota de uno y la victoria del otro. Lo dramático de las noticias estuvo orientado al poderío de los ejércitos, al uso de nuevas armas (bombas de racimo o ataques suicidas), a la capacidad de defensa iraquí. En otras palabras, en todo momento el marco de las noticias era cubrir la guerra como un fin en sí mismo.
Por otro lado, las noticias de tipo humano eran pocas y presentadas de manera anecdótica, sin establecer las relaciones ni las responsabilidades, por lo cual, no constituían propiamente un asunto público, ni estaban enmarcadas en una agenda humana.
La agenda humana
Por el contrario, el otro enfoque prioritario consistió en el conjunto de hechos que priorizaban las noticias referidas a las consecuencias de los bombardeos y ataques de las fuerzas americanas e inglesas. Los acontecimientos fueron fraseados como "invasión", "ataque contra Irak", sin dejar de mencionar en algunos títulos como "tragedia humanitaria o genocidio en Irak". Los marcos más usados fueron de interés humano, de las causas y consecuencias y de la moralidad.
El tratamiento de interés humano dio prioridad a las imágenes de los niños mutilados, de los muertos, de las casas destruidas, buscando evidenciar, todo el tiempo, las consecuencias que la "invasión" y los bombardeos tenían en las condiciones de vida de los ciudadanos iraquíes.
También se presentaron las noticias enmarcadas en las consecuencias económicas, sociales y geopolíticas y últimamente las culturales, a raíz de los saqueos a los museos, buscando culpar a las fuerzas aliadas de éstos, tratando de subrayar el nexo entre las condiciones de hambre y salubridad generados por el conflicto y no como condiciones que los soldados paliaban con sus cantimploras y sus raciones.
También las noticias se enmarcaron en la moralidad, es decir que, contra su habitual objetivismo, muchas noticias juzgaban moral o éticamente las acciones de la guerra, subrayando, en todo caso, la injusticia de la situación, y la ilegalidad de las acciones emprendidas por los Estados Unidos y Gran Bretaña.
Cobertura de la postguerra
La cobertura del conflicto ocupó casi toda la agenda pública, los periódicos publicaron cerca de 15 notas diarias. Sin embargo, a los pocos días del 9 de abril, luego de la "toma" de Bagdad, las notas se redujeron a 4, y algunos periódicos atenuaron su oposición a la guerra, titulando "Se acabó". Nuevamente se acoplaron a la agenda informativa norteamericana y desistieron de la búsqueda de fuentes alternativas o de artículos de opinión que abundaron durante la cobertura del conflicto. Buena parte de estos medios resituaron la agenda planteada por las agencias americanas que enfatizaron la caída de Sadan, "el recibimiento amistoso", y las atrocidades del régimen iraquí, en un claro intento de hacer una justificación a posteriori de la guerra.
Otros, en cambio, mantuvieron, a pesar del fin de las acciones bélicas, su postura contraria a la guerra, publicando notas respecto a la resistencia de los iraquíes a la presencia norteamericana o haciendo hincapié en las condiciones de vida de los habitantes, producto de la acción de las autodenominadas fuerzas de la coalición. Titulares como "¿Dónde están las armas de destrucción masiva?", resumieron la actitud de esos diarios respecto a la legitimidad del conflicto.
En esta primavera informativa, los medios contextualizaron su información, echaron mano de los archivos y no tuvieron reparos en criticar abiertamente a las fuerzas de la coalición y defender la vida. Lamentablemente, duró poco. En cuanto los hechos perdieron intensidad, el tema se diluyó y de nuevo se siguió el camino blindado de la información que va de Washington a Bagdad.
Pacifismo mediático: despolitización y rating
Muchos medios escritos y televisivos se sumaron a la corriente "pacifista" contraria a la guerra y entraron en una competencia por presentar fuentes alternativas a las habituales, que de una manera o de otra, presentaban una agenda humana por encima de las noticias relativas a la guerra y al avance de las fuerzas.
A todas luces, la postura adoptada por muchos medios ha sido claramente contraria a la guerra. Sin embargo, la motivación que está detrás no siempre fue la misma, debido a que dado el clima de la opinión de la gente, en su gran mayoría contraria a la guerra, indicaba que una postura neutral o a favor del conflicto significaba menos puntos en el rating.
Una vez terminadas las hostilidades, muchos de estos medios continuaron la línea política norteamericana, en la misma medida en que el interés se redujo y los escándalos nacionales en torno a la corrupción emergieron unos tras otros. Estos acontecimientos plantean una serie de interrogantes al rol de los medios.
¿Los medios tienen o no posturas frente a los acontecimientos?, o simplemente lo medios presentan las informaciones que más agrada o que la gente quiere enterarse. En ocasiones como éstas, la lógica del mercado termina devorando los principios y apuestas políticas de las líneas editoriales, en consecuencia "despolitizando" a los medios que buscan el rating a costa de sus principios, aunque en el caso de la invasión a Irak nos permitió conocer el horror de las guerras, desde el punto de vista de quienes la sufren más: la población. |