OPINIONUna brújula social para los comunicadores, Francisco Ficarra |
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Apenas ha transcurrido un quinquenio del nuevo milenio, y los cambios sociales en nuestro planeta son de tal magnitud que nadie puede predecir exactamente las consecuencias de los mismos. No obstante, se trata de dibujar un mapa de aquellas cuestiones que pueden y deben orientar a los profesionales de la comunicación social en el siglo XXI. En la historia de la humanidad, al pasar de un siglo a otro, se produce como una especie de fuerte zarandeo dentro de un tamiz, para dejar de lado todo lo negativo y permitir el paso tan solo de los aspectos positivos. Sin embargo, en el siglo XX no solo un sinfín de valores humanos desaparecieron, sino que muchos elementos nefastos para toda la humanidad perforaron ese tamiz virtual, difundiéndose violentamente en la presente década. También veremos cómo las hipótesis de Armand Mattelart y Héctor Schmucler de los años 1980 se han cumplido a rajatabla, y al mejor estilo de aquellos que siguen a Nostradamus. Dicotomía económica: pobres y ricos Algunos insisten en señalar en la zona del Golfo Pérsico y sus alrededores como la génesis de todas las calamidades de nuestros días, pero esa es una realidad parcial y muchas veces manipulada en los grandes medios de comunicación masiva. El problema de fondo es que el modelo de la clase media -auténtico motor de todas las sociedades culturalmente desarrolladas- que todavía sobrevive a duras penas en muchos continentes, debe ser erradicado lo antes posible. El objetivo infausto es formar dos grandes grupos: muchos que no tendrán nada, o sea, los miserables, y aquellos pocos supermillonarios, que ni en mil reencarnaciones podrán gastarse el dinero acumulado, ya sea por ellos o sus antecesores. Es decir, pobres y ricos. Una dicotomía que merece una especial atención desde el punto de vista social, porque ella es la principal fuente de todos los males. Todos los grupos políticos en el poder, independientemente de su orientación y sus bases democráticas o autoritarias, tienen personajes avarientos para amasar grandes fortunas en el menor tiempo posible. Lamentablemente, el único valor que actualmente predomina en muchas sociedades técnicamente desarrolladas es la cantidad de dinero disponible en las cuentas bancarias, ya sea en sus propios países o en los paraísos fiscales, como pueden ser Suiza o algunas islas caribeñas. Es inútil cantar vehementes himnos nacionales, colgar decenas de medallas, izar banderas en sitios prácticamente inhóspitos para los humanos, y un indeterminado número de acciones teóricamente patriotas, cuando en realidad la auténtica soberanía de los Estados pasa por la economía. Al respecto, muchas naciones latinoamericanas pueden dar cátedra sobre dicha cuestión al resto del mundo. Estos pueblos, hace decenios que se encuentran en una encrucijada de fórmulas exógenas a sus realidades, dictadas por organismos internacionales y que han destruido las generaciones actuales y venideras. Ahora, les ha tocado el turno de padecer a millones de habitantes de la Unión Europea, porque para muchos la llegada del euro ha sido una auténtica ruina en sus economías domésticas (varios analistas señalan que hubo una especie de dolarización de Europa, al equiparar el euro con el dólar estadounidense). Tal es así que la canasta familiar se ha duplicado o triplicado en el mejor de los casos. Curiosamente, nadie ha controlado nada. Ahora empiezan a oírse las lamentaciones desde el padre de familia hasta el gran industrial que no puede realizar sus mega exportaciones. Quizás muchos hayan aprendido la lección que, antes de chismorrear de otras naciones como repúblicas bananeras, tienen que observar y reflexionar previamente cómo está el patio de su casa. Miseria laboral Son esos factores económicos los que promueven las grandes migraciones de personas, que dejan a sus seres queridos en el paraíso natural de su terruño y se mueven en el desierto de las incomunicaciones humanas, hacia supuestos oasis, que al final resultan ser meros espejismos. A lo largo de este proceso encontramos las formas más viles en que ha caído la humanidad de nuestros días, como son: ventas de niños, adolescentes y adultos (destinados a la esclavitud laboral, prostitución o comercialización de órganos: córnea, riñón, pulmón, etc.), maltrato y vejaciones psicológicas y/o físicas, condiciones infrahumanas de trabajo, y un extenso etcétera. Realmente, una vergüenza para toda la humanidad, del viejo y nuevo milenio, pero los corruptos de siempre pasan olímpicamente de esta coyuntura. Muchos pensarán que esto solo le puede ocurrir a las personas que carecen de un cierto nivel educacional, pero no es así. Además, tenemos el mobbing y el bossing -que tan bien describe la escritora francesa Corinne Maier en su obra Bonjour paresse- flamantes males sociales, cuya magnitud dañina desde la perspectiva social, nadie puede predecir en el futuro inmediato. En muchos países europeos hay un gran vacío legal al respecto. Tanto el mobbing como el bossing son cánceres malignos del mundo del trabajo. Ambos están devorando fulminantemente la última estabilidad laboral europea en los ámbitos educacionales, sanitarios, empresariales e industriales en general. El motivo de este fenómeno está en la carencia de un marco legal, fundamentalmente en el código penal, para tratar a todos aquellos que ejercen directa e indirectamente dicha conducta como auténticos terroristas de la psiquis. Sí, pues tienen el mismo rol que los terroristas, porque los profesionales o las personas que padecen silenciosamente ese acoso, no solo perderán el puesto laboral, sino también la vivienda (ya que no podrán pagar las hipotecas), la familia (pues el grado de tensión será tal que las barreras trabajo-hogar desaparecerán acumulándose la tensión en el seno del hogar), y en el peor de los casos, la salud y/o la autoestima (en estos estadios extremos, la ayuda de un psicoanalista o psicólogo será vital). Golondrinas engañadas Mientras todo esto ocurre, en el viejo continente siguen aterrizando aviones provenientes de muchos sitios del continente americano, llenos de seres humanos embobados por el espejismo europeo. Ahora, la última moda es la emigración de todo el núcleo familiar, porque en teoría se les asignarán casas de protección oficial, es decir, construidas por los ayuntamientos de acogida. Cuantas más personas conformen la familia, mayor será la posibilidad de obtener temporalmente esas viviendas con rentas o alquileres bajísimos. He aquí otro mito o fantasmada. Quizás accedan a esa vivienda, en zonas marginales de las grandes urbes, pero al cabo de un par de años esas viviendas tendrán que ser adquiridas por sus habitantes (muchos llegan a firmar hipotecas exorbitantes, que terminarán de pagarlas los hijos o nietos). Caso contrario, serán desalojadas en menos de lo que canta un gallo, como les ocurre a los ciudadanos autóctonos de esos municipios europeos. Los gobernantes de los países de origen de esas golondrinas migratorias, tan solo ven en sus paisanos números para ingresar divisas desde el extranjero, llegando incluso a ser una fuente de ingresos superior a otros apartados de la balanza comercial de importación-exportación por bienes y servicios. Paralelamente, los mandamases que están en los países de destinación consideran a esas personas como otro número: tres, cinco, ocho, diez mil dólares estadounidenses para la entrada ilegal. Es decir, una nauseabunda mafia que gira en torno al comercio de personas. Al respecto, son constantes los desembarcos que se producen en las costas del Mediterráneo, por ejemplo. Situaciones en donde la tecnología del satélite (que supuestamente todo lo ve) y los funcionarios afines a dichas tareas (cuya misión es capturar a los responsables de tales desmadres) brillan por su ausencia en numerosas ocasiones. Una vez introducidos en el país, los industriales o empresarios -recluidos en sus enormes, lujosas y seguras mansiones- tendrán mano de obra prácticamente gratuita. Cuando esas personas comiencen a exigir sus derechos -como lo haría cualquier mortal del planeta tierra-, empieza el terrorismo psicológico sobre los papeles (visados, permisos de residencia, trabajo, etc.). O sea, el enésimo engaño o burla, porque aunque tengan o no tengan esos documentos en regla, siempre serán tratados como personas de segunda categoría, como también les sucede a los coterráneos de los países industrializados, porque no pertenecen a esa casta iluminada y ricacha (aunque no estemos hablando de la India). El rol del comunicador social en los próximos años Sobre este tema hay una auténtica avalancha de información en los medios de comunicación de masas. No obstante, lo que sorprende es que desde Bruselas se ventilen noticias de que hacen falta 700 mil científicos en Europa para subirse nuevamente en el tren vanguardista o futurista. Por su parte, la agrupación liderada por el lombardo Berlusconi sostiene que en Italia faltan ingenieros (una cochina mentira), pero no aclara que los sueldos no pueden superar los 1.000 euros mensuales (el alquiler de una habitación en grandes ciudades como Barcelona, Milán, Lyon, Rotterdam, etc., puede oscilar tranquilamente los 500 euros, sin contar los gastos de agua, luz, teléfono, etc.) o que tendrán contratos basura, es decir, sin estabilidad laboral (fenómeno típico español desde la época del ex ministro de economía Solchaga, por ejemplo). Los sucesores populares o socialistas no se han preocupado ni un ápice para eliminar esa lacra del marco laboral ibérico. Los sindicalistas europeos son muy listos al respecto, porque a muchos tan solo les interesa cobrar las cuotas de sus afiliados y nada más. Empero quedan todavía profesionales de gran talante como Dardo Gómez (argentino de nacimiento), quien a principios de 1990 puso manos a la obra, junto al cariñoso apoyo de su mujer y un pequeño grupo de periodistas, para organizar un sindicato en Barcelona. La finalidad fue velar por los derechos de todos aquellos que ejercían la profesión como colaboradores, free-lance y un mogollón de inventos de subcontratación propios del medioevo. Así fue cómo un latinoamericano dio la cara para solventar el problema de miles de catalanes e hispano parlantes, en el territorio español, que hasta ese entonces, poco o nada habían hecho para salir de esa cloaca laboral en la que se encontraban. Por eso, hoy, a la función social de informar y formar de los comunicadores sociales se debe anteponer la función de denunciar las injusticias sociales, el verdadero eje de todos los males de la humanidad. Claro está que tampoco se le puede pedir a un comunicador social o periodista que sea un Terminator o un Robocop. De frente a los atropellos a la humanidad, son todos los integrantes de la sociedad quienes se deben movilizar para evitar catástrofes mayores. En otras palabras, hay que dividir las responsabilidades para que se produzcan cambios profundos, y no dejarlo tan solo en las manos de un pequeño equipo de profesionales de la comunicación. Todo esto se complica cuando los medios de comunicación son teledirigidos por un minúsculo grupo de individuos, cuya premisa es: “el pueblo no debe pensar”. Abrir debates, establecer comparaciones o paralelismos, movilizar a las personas hacia marchas o manifestaciones pacíficas puede ser peligroso para los individuos que detentan el poder. Consecuentemente, los tiempos actuales obligan al comunicador social honrado a conocer y estudiar la jurisprudencia nacional e internacional, para que sus quejas puedan contribuir a la erradicación de la corrupción, sin caer en trampas legales. No es nada descabellada la idea que un periodista sea también abogado, y el grado máximo e ideal de las combinaciones posibles sería tener un comunicador social sumado a la profesión de notario o escribano. Es decir, una autonomía que le permita levantar un acta ante acciones ilícitas o escandalosas. Es necesario aclarar que las prácticas corruptas pululan en todos los continentes de nuestro planeta, pero el auge exponencial que hay en las comunidades desarrolladas económicamente es muy alarmante. Lo que realmente cabrea o enfurece al más dócil de los seres humanos es la negación o la intransigencia a la cuestión social, o a escuchar que aquellas golondrinas humanas, ultrajadas diaria y vilmente por sus semejantes, “han triunfado”, cuando en realidad son víctimas ingenuas de un sistema repugnante. A modo de conclusión… Los estudiantes y profesionales de las facultades de Ciencias de la Información, ciencias sociales en general, las radios locales y demás medios de comunicación no pertenecientes a las grandes cadenas mercantilistas deben hacer uso y abuso de todos los recursos a su disposición, para prevenir a las posibles golondrinas humanas que no se autodestruyan al aterrizar en los desiertos de la incultura e incomunicación entre semejantes. De esta manera muchas compañías áreas quebrarían, y los mafiosos del mundo laboral y gubernamental deberán recurrir a sus familiares y allegados para currar por menos de quinientos dólares estadounidenses mensuales (netos). Una cifra que en dichas naciones -del supuesto primer mundo- no alcanza ni para dormir decentemente un mes. También es importante la constante formación en materia económica y legislativa del comunicador social, para guiar lo mejor posible a sus conciudadanos ante los avatares de la cotidianeidad (ojalá la correcta formación del comunicador social pueda quitarle los caballos a los cuatro jinetes de la Apocalipsis: guerra, muerte, conquista y hambre). Hay que invertir la mayor cantidad de recursos disponibles en educación y salud, promocionando siempre un trabajo digno y estable, ya que desde la época de las cavernas, ha sido, es y será el corazón del desarrollo de todas las sociedades. Además, estar alertas sobre el mobbing y sus consecuencias sociales. Finalmente, marginar a todas aquellas naciones que apuestan o promuevan las carreras armamentistas, especialmente en las áreas geográficas donde la clase media nunca ha existido o que actualmente está destinada a su fugaz extinción. |
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