Dudas y RupturasEl imperio de los medios masivos, Juan Manuel Rodríguez |
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Los tecnócratas dominan la época presente como “era digital” (lo analógico tiende a desaparecer) y “de la información y conocimiento”, mensajes que los medios divulgan para camuflar intereses de muy variada índole, desde el manejo del poder hasta el abuso de la técnica y consagración del oscurantismo. Sin embargo, en este siglo de “información y conocimiento”, la esencia de la aprehensión intelectual decrece y se sustituye por jerigonza. La moda exige usar imágenes que, por su carácter polisémico, generan mayor ambigüedad conceptual que las palabras. La técnica manipula cosas, el pensamiento las entiende. Manipular está en auge; entender en declive. Si los medios rompen barreras, países como Israel y Norteamérica, aunque dicen hallarse en la edad mediática, reproducen murallas para dividir y separar pueblos. Se discute la globalización de los mercados, pero el comercio realmente globalizado es el de las armas, artefactos que incomunican y asesinan a los interlocutores. De este modo las ideologías de la inseguridad y la violencia también están en auge global, por ello existe una obsesión por legalizar el uso del armamento casero y portátil, paradójicamente en el siglo de la comunicación. Las reducciones simplistas, los esquemas y sinopsis sobre materias muy complejas nos conforman con la maraña de supuesta información que invade el espacio virtual. La complejidad de lo abstracto ha sido reducida a cenizas para que emerja el imperio de la cosificación, de las sensaciones y las creencias fundamentalistas. Para lograr el consenso de que la técnica es la panacea para vivir en el bienestar, se acude a los medios de difusión (disfunción) masiva que publicitan la economía de cosas olvidando la de servicios. Los medios de masas difunden consignas para vendernos esta democracia totalitaria, la de la realidad distorsionada, manipulada, parcializada, lateral, actualizada, descontextualizada. Con ello, el público evade los problemas y acepta que juventud y diversión son los sentidos únicos de la vida. La ideología del consumo superfluo, de la vida ligera y “descomplicada”, de la evasión y del erotismo fácil y sin compromiso inundan los medios. El paraíso o el fin del mundo, depende de la óptica, se acercan y hay que acelerarlo mediante la destrucción del planeta. Por ello, algunos elegidos preparan naves intergalácticas y buscan entre las estrellas un sistema que los acoja. Hemos arribado al mito de la técnica donde los tecnócratas son los sacerdotes de la nueva religión, mezcla de seudo ciencia y diversión, donde la evasión resulta de la adoración a los dioses telemáticos y digitales. El medio como finEn este ambiente, empiezan a sacralizarse los múltiples medios de entretenimiento e información. Para lograrlo, el primer engaño es convertir el medio técnico en fin. Esto significa que lo importante no es el mensaje sino los efectos en la audiencia: credibilidad, sintonía, entretenimiento, propiciar el espectáculo y olvidar el diálogo, a pesar de que la función “dialógica” es la esencia de la comunicación. Se ha modificado el propósito del medio como vehículo y vínculo por el énfasis en los resultados. El motivo supremo es la retórica de la persuasión para captar nuevos ilusos, convertir a los inconformes y silenciar a los discordantes. El medio desplaza el mensaje porque desea ser la atracción: no importa qué digan las noticias, lo importante es observar a la atractiva cabeza parlante que las lee. Y como todo puede convertirse en espectáculo, entonces la muerte, los vejámenes y la guerra son tratados por el medio como parte del show social. De este modo se nos presenta lo anormal como lo normal y cotidiano. Se escamotea a la pareja corriente, y se nos muestran los adulterios, los golpes, las desviaciones sexuales y los estupros. Estos medios, siendo de contaminación, confusión y uniformidad, se denominan “medios de comunicación”, un eufemismo para esconder sus propósitos, para embaucarnos y hacernos creer que en eso consiste la comunicación humana. Es decir, se confunde contacto y conexión con comunicación. Información no es conocimientoLos medios sermonean que la información es conocimiento. En esta afirmación existen varios malentendidos y falsedades. La información no es conocimiento porque acumular datos y nociones no significa entenderlas, comprenderlas y saberlas. Poseer la información de que los cuerpos caen, no demuestra que entendamos matemáticamente la teoría de la gravedad. Es más, gran cantidad de la información es superflua, inoperante, residual, basura que llena el cerebro y lo mantiene pasivo. Si la memoria se repleta de información porquería, entonces no queda espacio para la información fundamental porque el almacén contiene insustancialidades: el tiburón asesino, la mordida de Drácula, la misión de algún héroe absurdo en la búsqueda de algún adefesio, ya sea el arca diluvial, los hijos de algún Cristo o la amnesia de Judas. Lo expuesto no significa que la información sea innecesaria, solamente se subrayan dos aspectos: no confundir información con conocimiento y el defecto de sobredimensionarla. El punto esencial es distinguir la información banal y redundante, de aquella otra que nos sirva para pensar, actuar, sentir, reinterpretar y apreciar la vida. Conocimiento y entendimientoLos medios presentan el conocimiento como pensamiento. Mucha gente dice conocer a Dios y pocos lo entienden. Conocer al Pato Donald no es pensarlo. Si alguien lo reflexiona, como hicieron Armand Mattelart y Ariel Dorfman, entonces el Pato objeto de pensamiento deviene a algo más que un simple enterarse de una tira cómica, es examen, análisis, recodificación, contemplación y reflexión sobre las estructuras y las ideologías latentes en esa revista. Evocar un dato no es entender, es uso de la memoria para recordar. El pensar funciona con ideas, substancias inteligibles y abstractas con las que opera el razonamiento. En la época de las grandes divulgaciones seudo científicas se escucha a diario que el cerebro no cesa de pensar y que por tanto todos somos insignes entendedores. Esta patraña, extendida y generalizada por los medios, solamente acrecienta la idiotez. El cerebro no siempre está pensando; puede estar imaginando, memorizando, evocando, recordando, deseando, percibiendo, sintiendo, desatendiendo, pero no entendiendo. Es como afirmar que el cuerpo humano es digestión porque algunas veces trabaja en tal actividad. La reducción del todo por la parte, o viceversa, es uno de los engaños que más difunden los medios y sus alcahuetes. Entender requiere mucho silencio y soledad, condiciones que los medios tratan de destrozar para mantenernos pasivos, mansos y cretinos. En consecuencia, los medios no son fines, la información no es conocimiento, y el conocimiento no implica entendimiento. La adicción a las imágenes del espectáculo ciega y embota la mente. Si un estímulo acapara todo nuestro interés, el espacio se achica porque la visión está saturada. En eso consiste la invidencia, la invasión total por un color, una perspectiva, una figura. Es aconsejable tapar el sol con la mano a verlo directamente. El recalentamiento global de la Tierra aparece también como calentamiento cerebral, tal vez los medios están demasiado sobrecalentados. Si los medios están contaminados, ¿no usarlos?, al contrario, hay que cambiarlos.
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