CineFestival de Cine de Cannes: ¿Bendición o maldición cervantina?, Francisco Ficarra

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Varias son las ciudades europeas que dan cabida a certámenes internacionales cinematográficos de gran nivel, tales como Berlín, Madrid, San Sebastián, Venecia, entre otras. En la costa mediterránea francesa está esa perla turística llamada Cannes, que en el mes de mayo se viste de gala para dar lugar a su festival internacional del cine.

Es allí donde se dan cita las grandes estrellas planetarias del séptimo arte, las cuales posan en la famosa pasarela Montée de Marche del ingreso a la sala de proyección. Mientras que los productores aprovechan la ocasión para lanzar mundialmente sus últimas creaciones y vender los derechos de distribución, otros en cambio, anónimos amantes y generadores de imágenes para la gran pantalla, sueñan con en el momento de presentar sus originales creaciones.  
Es un escaparate ideal para conocer el estado de salud de un arte que se expresa en varios idiomas. Uno de ellos es el castellano o español, depende de quien lo pronuncie y de donde provenga. En la última edición del certamen, el maestro de ceremonias Vincent Cassel veía cómo el acento hispano resplandecía en las noches de tan magnifico evento internacional pero ¿el legado de Cervantes es algo positivo o negativo en acontecimientos de tal envergadura? Una primera aproximación a la respuesta la encontraremos a lo largo de estas líneas. 

Cannes: orígenes, premios y galardonados en el 2006

Quizás algunos se preguntarán ¿por qué Cannes y no Paris? para un evento de tal magnitud. Las razones son históricas. Ellas se remontan a finales de 1930 cuando el ministro francés de Educación y de Bellas Artes, Jean Zay, propuso crear en Cannes el festival internacional, porque estaba harto e indignado de las constantes interposiciones e intromisiones de los gobiernos dictatoriales alemanes e italiano en el proceso de selección de las películas para la Muestra Internacional del Arte Cinematográfico de Venecia (conocida actualmente como la Mostra di Venezia).

En 1939, Louis Lumière aceptó el encargo de llevar adelante la organización del primer Festival de Cannes, que debía empezar el 30 de septiembre de 1939. Sin embargo, la declaración de guerra por parte francesa e inglesa a Alemania, el 3 de septiembre, frustró la realización del mismo.  Hubo que esperar hasta 1946 para el arranque de la grand première de Cannes que se desarrolla anualmente, y que tan solo fue interrumpida por razones económicas en 1948 y 1950. Claro que la nota curiosa de suspensión fue en el famoso mayo francés de 1968, cuando se cerraron las salas de proyección en solidaridad con los manifestantes.

La última edición del festival

En el 2006, el presidente del festival, Gilles Jacob, presenciaba el arranque de la 59ª edición, con la proyección de El Código Da Vinci, de Ron Howard. Asistieron sus principales protagonistas: Tom Hanks, Jean Reno, Alfred Molina, Paul Bettany, Audrey Taoutou y el escritor Dan Brown. Si el texto fue un éxito literario, la cinta ya daría que hablar por sí sola.
Ahora bien, el Festival de Cine de Cannes, estructuralmente, se compone de dos grandes áreas: la oficial y la no oficial.

El jurado de la sección oficial estuvo presidido por el director chino Wong Kar Wai, acompañado por la directora argentina Lucrecia Martel, el director francés Patrice Leconte, el director palestino Elia Suleiman,  el director-actor británico Tim Roth, la actriz italiana Mónica Bellucci, la actriz británica Helena Carter, la actriz china Zhang Ziyi y el actor estadounidense Samuel Jackson.
En la sección oficial, encontramos los largometrajes en concurso, fuera de concurso, cortometrajes, un certain regard -una cierta mirada- (cuyo jurado fue presidido por el ruso Konchalovsky, y entre sus prestigiosos integrantes cabe señalar a Tim Burton, que han premiado el film Ten canoes de Rolf de Heer), y cinéfondation. Esta última es una sección que desde 1998 trata de localizar nuevos talentos provenientes de cualquier rincón del globo, cuyos trabajos -20 aproximadamente- son enviados por escuelas de cinematografía.

También están las categorías: La semana de la crítica y la quincena de los realizadores. La Cámara de Oro es entregada como galardón a la mejor obra inédita en todas las categorías. Finalmente y con relación a los cortometrajes en concurso hay dos: La Palma de Oro destinada al mejor cortometraje (el trofeo fue para el noruego Bobbie Peers por Sniffer) y el Premio del Jurado.
En cambio, en la sección no oficial, están las áreas de la semana de la crítica y la quincena de los realizadores.

El mayor premio de la manifestación es la Palma de Oro que este año condecoró a la cinta The Wind That Shakes the Barley -El viento que agita el centeno- de Ken Loach. En la misma se relatan los orígenes del Ejército Repúblicano Irlandés (IRA) y su lucha por la independencia (productoras Irlanda y Gran Bretaña). Luego está el Grand Prix que, se puede decir, se trata de un segundo premio sobre aquellas producciones de carácter especial. 

Los galardones de gran notoriedad son pues:

  •  El Grand Prix especial del jurado destinado a aquella película que demuestra un elevado nivel de creatividad o espíritu de investigación. Este año fue para la obra del director francés Bruno Dumont, Flandres, en donde se narra la historia de un joven francés que es llamado a luchar en un lejano país árabe.
  • Premio a la interpretación femenina, o sea, a la mejor actriz. Una vez más, de la mano del extraordinario manchego, Pedro Almodóvar, las actrices de Volver han arrasado colectivamente esta sección: Chus Lampreave, Carmen Maura, Lola Dueñas, Penélope Cruz, Yohana Coba y Blanca Portillo.
  • Premio a la interpretación masculina, es decir, mejor actor. Los integrantes de la película Indigènes fueron los amos y señores del 2006: Bernard Blancan, Roschdy Zem, Sami Bouajila, Sami Nacéri y Jamel Debbouze.
  • Premio a la puesta en escena (mejor director: el mexicano Alejandro Gónzález Iñarritu). El film se llama Babel y es una acción paralela que se desarrolla en tres continentes: África, América y Asia.
  • Premio a la escenografía.
  • Premio del jurado: Red road -Camino rojo- de Andrea Arnold. La obra se basa en una historia real de Lars Von Traer, en donde un vigilante de seguridad pasa horas y horas delante de los monitores de pantallas que muestran la vida de un barrio.
    Por último, la actriz Anouk Aimée ganó el trofeo del Festival por su trayectoria artística.

El Quijote y sus auténticos defensores en el siglo XXI

Hubo una gran presencia de obras en la lengua de Miguel de Cervantes Saavedra, entre las cuales y siguiendo un orden alfabético de los títulos de las cintas podemos citar, entre otras a:
· Crónica de una fuga, de Adrián Caetano (uruguayo con producción argentina),
· El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro (mexicano),
· El violín, de Francisco Vargas (mexicano),
· Hamaca paraguaya, de María de la Paz Encina (paraguaya),
· Salvador Puich Antich, de Manuel Huerga (Barcelona),
· Volver, de Pedro Almodóvar (La Mancha - España).

Desde luego, se puede afirmar a priori y con gran certeza que el idioma del ilustre escritor goza de un futuro magnifico en su península natal, pero afirmar tal sentencia sería caer en la manipulación de la verdad, o lo que los ingleses denominan On bullshit  que es el título del libro de Harry Frankfurt.
El cine, como otros canales de comunicación audiovisual, es fundamental para la divulgación de un idioma. Mientras que Brasil comenzará con la enseñanza del castellano en sus aulas y en los Estados Unidos la población hispana continúa creciendo con la difusión del idioma del Cervantes, en el terruño natal del escritor universal se produce, en muchos lugares, el sentido inverso, es decir, la negación del mismo. Hoy, que nadie se sorprenda al encontrarse con personas en zonas de los Pirineos catalanes que manejan tan solo 200 palabras de castellano o que un juez de Barcelona pueda ejercer su profesión en Cáceres, Madrid, Sevilla o Tenerife, pero automáticamente, el sentido inverso nos es posible por motivos lingüísticos.

La génesis de esas nuevas barreras lingüísticas y que tan maquiavélicamente han sido levantadas, está en la mente -o demencia- de aquellos virreyes que han encontrado en Saussure una fórmula para crear diferencias y eternas tensiones en un territorio europeo. La lengua es un proceso natural y no se puede imponer el uso de la misma con decretos autonómicos. Por ejemplo, un albañil, para poner un ladrillo sobre otro, en determinados municipios catalanes necesita el certificado lingüístico “D”, o sea, para trabajar honradamente es obligado a dejar el idioma del Cervantes.  Claro que luego nos encontramos que ciertos parientes del virrey tienen contratado en sus tareas domésticas a colaboradores del 11M (fecha de los atentados en Madrid contra la red de trenes), eso sí, seguramente con un diploma lingüístico óptimo, debajo del brazo. La máxima exasperación es cuando se toca los temas de seguridad ciudadana, ya que mientras algunos agentes del orden están estudiando para superar esas trabas laborales, los delincuentes pululan como Juan por su casa. Todo eso es la herencia del vendedor de cortinas de humo y que todavía sigue chupando cámaras de televisión, ante los triunfos futbolísticos, por ejemplo.

El único modo para que los renegados de Cervantes vuelvan a interesarse por ese magnifico idioma es cuando trabajan en el extranjero. No obstante, siempre se puede detectar ese aire de superioridad en el momento de la entonación que coloquialmente es algo llevadero, pero que se transforma en un arma de doble filo en la locución de las noticias televisivas o radiofónicas. Un caso que llama poderosamente la atención son los locutores con acento catalán en la cadena televisiva Euronews, porque se detecta sistemáticamente una manipulación ejercida desde la pronunciación, que irrita al televidente y a veces suena a un auténtico disparate. Van como ejemplos, los comentarios deportivos o el día que Montenegro declaró la independencia de Serbia. Menos mal que reina la paz en Europa porque dichos locutores actúan como verdaderos bomberos-incendiarios.  

Coproducción: ¿Quién conoce a quién?

La producción cinematográfica de Latinoamérica no es vista en zonas que podrían ser un auténtico trampolín hacía el resto de Europa, por el perjuicio étnico que conlleva la riqueza de una lengua, ante determinados giros de expresiones. Por ejemplo, las telenovelas mexicanas, argentinas, brasileñas, colombianas, venezolanas, etc., eran vistas como un culebrón, o sea, una especie de cháchara de la cual se reían por el modo que se expresaban los excelentes profesionales de teatro, cine, televisión y radio que conformaban el staff de actores y actrices latinoamericanos. Luego, aquellos que se mofaban de estas producciones empezaron a generar sus producciones, calcando los modelos pero eso sí, en lenguas no cervantinas. A partir de ese momento, ahora las de producción local son el no va más del buen gusto, al punto tal que se transmiten vía satélite. Algo idéntico ocurre con la música, hasta que ciertos ritmos latinos son transformados en España y a partir de ese momento se produce la gran eclosión, con expansión hacia el resto de Europa.

En el caso del cine, hay una lista infinita de grandes artistas hispanoamericanos que no son conocidos en España, exceptuando algunas emisiones internacionales vía satélite de Televisión Española (TVE), cuya programación incluye producciones del otro lado del charco. No obstante, si analizamos el sentido inverso, el público hispanoamericano conoce la gran mayoría de actrices, actores, directores y productores españoles.  Por eso, numerosas cintas latinoamericanas que fueron galardonadas en festivales del nuevo y viejo mundo -por citar algunas clásicas, como la argentina El exilio de Gardel, la brasileña Cidade de Deus, la colombiana La estrategia del caracol, la méxicana Japón, entre otras tantas- no tienen una gran acogida en las salas de cine por el público europeo. Tan solo aquellas que logran un Oscar en Hollywood -en la sección de mejor film extranjero- tienen mejor suerte en la difusión internacional.

Esta realidad conlleva implícitamente a Latinoamérica a la fórmula de coproducciones como camino para obtener un reconocimiento a la majestuosa calidad de profesionales que habitan en su geografía. La gran pregunta es ¿quiénes se benefician de esas colaboraciones mutuas? Como siempre, aquellos que no saben prácticamente del arte y deben aprender, pero que disponen de recursos económicos e indirectamente técnicos de última generación. Numerosas e inestimables producciones latinoamericanas tienen un guión, unos escenarios naturales, una fotografía, unos actores, una dirección, etc., que no necesitarían de la maquinaría publicitaria europea o norteamericana para alcanzar proyección internacional. Es decir, disponen de una exuberante calidad tácita, que se percibe en cada fotograma de la película, pero esa dependencia económica con el exterior les ha quitado la autonomía de valerse por sí solos.

Muchos se preguntarán ¿qué tiene que ver todo esto con Cannes?  Pues, mucho, porque el cine en castellano se expande a ritmos agigantados en el nuevo mundo de habla inglesa. Si en la última edición de Cannes se hablaba prácticamente castellano se debe a los productores que todavía apuestan en la lengua del Cervantes y no tan solo en el idioma de Shakespeare. Consecuentemente, si hay un pueblo que se merece un gran premio por defender los valores lingüísticos heredados de El Quijote, es el puertorriqueño. Ellos son los que realmente enarbolan la bandera del español a los cuatro vientos y sin miedo alguno, si lo comparamos con la penosa coyuntura en la patria de Don Miguel de Cervantes Saavedra.

A modo de conclusión

En la presente edición hubo de todo, desde fuertes críticas a la obra Marie-Antonieta de Sofia Coppola por el estilo pop / rock, al enésimo desguace de El Quijote, por parte del catalán Albert Serra en  Honor de caballería. Tampoco faltaron los escándalos por la proyección del film El Código Da Vinci, con quema pública del libro en algunas plazas europeas, al mejor estilo de la época de la Inquisición. La obra del italiano Nanni Moretti, El caimán, no convenció por su crítica laxa al ex-premier lombardo, Berlusconi, ya que le faltó fuerza e intensidad en la denuncia. En otras palabras, la sección oficial fue considerada por algunos críticos como mediocre.  No obstante, dada la magnitud y variedad de contenidos del festival, siempre es un éxito para el séptimo arte y los fruidores del mismo, porque la humanidad transita en una creciente producción en el mercado del cine, gracias al auge del sector audiovisual.

Por último, la posibilidad de combinar el cine de autor y el comercial con títulos como X-men 3: la decisión final, El Código Da Vinci, Transilvania, Guisi, Vecinos invasores, … como así también, afrontar la temática del 11 de Septiembre del 2001, a través de los 20 minutos del World Trade Center, de Oliver Stone y United 93, y tantas otras realidades de ahora, antes y después que afligen al ser humano, hace que Cannes en la Costa Azul sea una punta de lanza hacia la libertad de expresión de todo aquello que se enmarca en un fotograma.

 
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