OpiniónEl americano impasible llegó a Europa: Espías y periodistas intercambian papeles, Jairo Lugo |
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El escándalo desatado en Alemania por el empleo de los servicios de inteligencia para espiar a periodistas, que usan a sus colegas en la sala de redacción como fuentes ha traído a la memoria germana el recuerdo amargo de los días del comunismo en que la germano-oriental Stasi usaba miembros de la propia familia para espiar a los disidentes. Ernst Uhrlau, director de la Agencia Centra de Inteligencia alemana (BND), ofreció sus disculpas a los periodistas por haber sido objeto de espionaje de forma ilegal y arbitraria. Uhrlau prometió al parlamento traer ‘transparencia’ a las actividades de la agencia y operar dentro de los márgenes de la ley. Sin embargo, para analistas y observadores la disculpa y la promesa vienen algo tardías, más aún cuando la BND tuvo incluso a un espía infiltrado en la sala de redacción de uno de los más prestigiosos diarios de ese país, haciéndose pasar como periodista bajo el nombre clave de ‘Sommer’. La agencia tiene ahora cientos de archivos, grabaciones y notas sobre los periodistas y sus actividades gracias al espionaje directo a periodistas y el pago en soborno a colegas para que informaran de las actividades de sus pares en los medios. Uno de estos casos es el de Wilhelm Dielt, de quien se dice que como periodista de la revisa Focus de Munich recibió pagos del BND por el orden de los 380 mil dólares, bajo el nombre código ‘Dali’. Dielt es sin embargo uno solo de los tantos nombres de periodistas que figuraron en las nóminas de la agencia de espionaje durante la década de los noventa. En un editorial publicado a principios de año, el diario centro-izquierdista Berliner Zeitung señalaba que la vuelta a prácticas del pasado dictatorial no ‘son noticias halagadoras’ para una sociedad que aspira a ser democrática con una prensa independiente, mientras que el diario conservador Die Welt en su propio editorial reprochó lo que considera ‘una violación flagrante a la libertad de expresión’. Pero para el analista británico Martin Edmonds, “es una actitud un tanto hipócrita que muestra un desconocimiento del contexto histórico y del uso tradicional que los servicios de inteligencia han hecho de los espías”. Edmonds, quien es profesor Emeritus de la Universidad de Lancaster en el Reino Unido y director del Centro de Estudios para la Defensa y Seguridad Internacional (CDISS por sus siglas en inglés), señala que durante la guerra fría los periodistas y espías intercambiaban a menudo sus papeles. “La verdad es que hoy sabemos que los servicios de inteligencia no solo habían penetrado en muchas de las salas de redacción, sino que incluso en algunos casos tenían presencia en la directiva de importantes medios”. Espionaje inaceptableSin embargo, Paul Holleran, directivo del Sindicato Nacional de Periodistas (NUJ) del Reino Unido, sostiene que esto es inaceptable. “Si los periodistas se prestan a esto o si son usados sin saberlo como fuentes para el espionaje entonces su rol en la democracia moderna se verá afectado. Estas prácticas ni son legítimas ni justificadas en ningún caso, no solo porque éticamente son cuestionables sino porque fundamentalmente afectan el principal activo de los periodistas, su independencia y su credibilidad ante el público”. La Federación Internacional de Periodistas (FIP), que ha condenado estos hechos de la forma más enérgica, envió una carta a altos representantes de la Unión Europea, en la que demanda la intervención de este organismo. Aidan White, secretario general de la FIP, escribió a Manuel Barrosso, presidente de la Comisión Europea, a Franco Frattini, comisionado de Justicia y Asuntos Interiores de la UE y a Josep Borrell, presidente del Parlamento Europeo, solicitándoles que fijen posición cuanto antes sobre estos hechos. En su carta, Whyte señala que estas prácticas de espionaje en contra de los periodistas son un peligro para el periodismo independiente y la libertad de prensa. “Es necesario que la UE fije una posición sin ambigüedades en relación a la invasión de las salas de redacción por parte de los organismos de seguridad”, escribió Whyte. Por su parte, el jefe de la cancillería federal alemana, Thomas de Maiziere, pidió explicaciones al servicio de inteligencia alemán por el supuesto espionaje sobre periodistas. De Maiziere dijo en una entrevista al periódico Sueddeutsche Zeitung que ha ordenado a la agencia elaborar un informe sobre el "oscuro" asunto en el que también puede haber "consecuencias personales". Los medios de comunicación informaron que muchos periodistas proporcionaban información sobre otros compañeros o eran instados por los servicios de inteligencia a hacerlo. Los partidos de la oposición y grupos de periodistas pidieron una investigación pública que será llevada a cabo por un comité parlamentario. Sin embargo, hasta la fecha ningún funcionario ha sido removido de su cargo. Aún más preocupante es el caso de las autoridades holandesas, quienes se muestran mucho más reacias a suspender estas prácticas. En su intervención ante el parlamento, el ministro del Interior de ese país, Johan Remkes, dijo de forma abierta que los periodistas seguirían siendo vigilados y usados por los servicios de inteligencia, ya que de eso dependía la seguridad nacional, y que “los periodistas no están exentos de ser vigilados por los servicios de seguridad”. Para Roger MacGinty, profesor de política de la Universidad de York, esta práctica de vigilar periodistas e infiltrar medios de comunicación ha sido una de las estrategias tradicionales de los servicios de seguridad en Europa. MacGinty, que ha publicado varios libros sobre conflicto y opinión pública, señala que los periodistas son por excelencia una de las mejores fuentes para los servicios de inteligencia. “Ellos tienen acceso a ambos lados del conflicto ya que las partes, aunque duden de su independencia, quieren divulgar su propaganda. Los periodistas, además, pueden conseguir información sin cumplir con trámites legales por los cuales se tienen que regir, en teoría, los organismos de seguridad”. “Por ejemplo, cuando todos los organismos de seguridad de los Estados Unidos y el Reino Unido buscaban a Osama Bin Laden, fue Peter Arnett, de CNN, quien logró localizarlo. Son periodistas de la cadena Al Yazira quienes logran tener acceso a la resistencia en Irak y son solo los periodistas los que logran penetrar círculos que resultan demasiado evasivos para los organismos de seguridad”, apunta MacGinty. Tomando partidoPero MacGinty no está convencido de que la motivación sea estrictamente por razones de seguridad. “Lo cierto es que cada vez más vemos que este tipo de prácticas, de espiar periodistas y penetrar salas de redacción, se debe más a razones estrictamente políticas. Me temo que la vigilancia a periodistas tiene que ver más, en mucho de los casos, con las fuentes que los periodistas tienen dentro del propio gobierno que al posible acceso que estos tengan con organizaciones criminales o terroristas”. Smith condena de manera enérgica estos hechos en Dinamarca, aunque señala que tiene la plena seguridad que ocurre en toda Europa. “Es ya una verdad a sotto voce que a muchos periodistas británicos, españoles, franceses e italianos, para solo nombrar algunos, se les espía a diario, se les graban conversaciones y se les soborna desde hace muchos años. Es algo totalmente inaceptable, pero que sucede, yo diría, con bastante regularidad”. Ante esta situación, los periodistas se encuentran entre la espada y la pared, porque prácticamente se les conmina a adoptar partido en los conflictos que cubren. Este fue el caso de Tayseer Alouni, un ciudadano sirio con nacionalidad española, y que trabajaba como periodista de la red de telvisión Al Yazira, quien fue acusado de tener vínculos con la red terrorista al-Qaida. Alouni fue condenado bajo pruebas circunstanciales a siete años de cárcel por las autoridades españolas. El caso presentado por la fiscalía estuvo basado en una investigación de los servicios de espionaje y seguridad que siguieron las actividades de Alouni por varios años. Por su parte, la cadena de televisión árabe Al Jazeera y la organización Periodistas Sin Fronteras condenaron la sentencia. "Es un veredicto que tiene como evidencias más firmes pruebas circunstanciales. Este es un día negro para la justicia española, que se ha desviado de las normas de la justicia internacional", dijo a la cadena el redactor jefe de Al Jazeera, Ahmed al Sheij. A Alouni se le acusa de pasar fondos -unos cuatro mil dólares- a al-Qaida en 1990, pero según estas organizaciones se le condena en realidad por ser un supuesto agente de esa organización. Reporteros sin Fronteras (RSF) expresó su sorpresa por la sentencia condenatoria de Alluni. La organización dice que en verdad se usan los servicios de inteligencia para atacar su trabajo como periodista y, por tanto, para atacar la libertad de expresión. Todo se reduce a la alusión que durante el juicio realizó el fiscal a la entrevista que el corresponsal de Al Yazira hizo hace años al líder de Al Qaeda Osama Ben Laden. "Si solo se trataba de un asunto de terrorismo, el fiscal no debería haber utilizado nunca la entrevista como elemento de cargo", afirmó RSF. Libertad, seguridad y enemistadEl caso de Alouni pone de relieve las dificultades que confrontan los periodistas europeos en medio del conflicto de la llamada guerra contra el terrorismo, que recientemente fue rebautizada por la administración de George Bush como la larga guerra o “guerra perenne”. El profesor Martin Edmonds cree que a medida que esta guerra se prolongue, a los ciudadanos se les exigirá cada vez más que sacrifiquen sus derechos civiles en bien de la seguridad “y veremos cada vez más el uso de los servicios de seguridad e inteligencia espiando y usando periodistas”. “No debe sorprendernos que se les espíe a los periodistas y se infiltren las salas de prensa, es algo que ya sucedió en la guerra fría. Los organismos de inteligencia en Europa han sido mucho más secretivos que sus pares en Estados Unidos. En comparación a lo que sabemos de la CIA, muy poco se conoce de lo que hace la DGSE de Francia o el MI5 del Reino Unido. Ellos no rinden las mismas cuentas que los estadounidenses y en parte por eso han sido, si se quiere, más efectivos en el pasado”, apunta Edmonds. De ser así, el rol del periodista en la llamada Guerra Perenne o Guerra contra el Terrorismo resulta una tragicomedia de dimensiones confusas y peligrosas. Como es el caso en este tipo de ocasiones, la literatura tiende a iluminar mucho más que la realidad sobre acontecimientos presentes. En la novela El Americano Impasible, de Graham Greene, el corresponsal británico que cubre el Vietnam de principio de los años 50, Thomas Fowler, está dispuesto a asesinar con la misma brutalidad disfrazada de idealismo falso al americano impasible Alden Pyle. Fowler tiende a debatirse entre el espionaje y el periodismo, dejándose envolver por las circunstancias en una red de intriga y pasiones. Debido a esto, Fowler deja pasar la historia más importante de su carrera, que las bombas fueron colocadas por el propio general Thé para garantizar el apoyo norteamericano a su régimen corrupto. Esta novela de Green parece ser un guión perfecto para el drama de los periodistas inmersos en este conflicto orwelliano en Europa, Irak y Afganistan. Lo peor es que al igual que los personajes de la novela, el honestamente cínico Thomas Fowler o el macabro idealista Alden Pyle, más tarde que temprano, los periodistas tendrán que decidir si quieren matar o morir por una causa que nunca fue suya. Federación Internacional de Periodistas: “no existe protección para los periodistas” ”Ha quedado claro que no existen suficientes medidas para proteger la legitimidad del periodismo y defenderlo de la vigilancia de fuerzas de seguridad y autoridades policiales de la Unión Europea”, afirmó Aidan White, Secretario General de la FIP. Mediante cartas dirigidas a Manuel Barrosso, Presidente de la Comisión Europea, Franco Frattini, Comisionado de Justicia y Asuntos Domésticos, y Josep Borrell, Presidente del Parlamento Europeo, White advirtió que la cultura de vigilancia como rutina, se tornó peligrosa para el periodismo independiente y la libertad de prensa. “Es hora de aclaraciones y de una declaración por parte de la UE sobre las amenazas contra la libertad de prensa, cuando los servicios de seguridad invaden el espacio de un reportero en su sala de redacción”, afirmó White. Además, solicitó que la Comisión y el Parlamento investiguen si existe una política coordinada para vigilar a los medios de comunicación en la Unión Europea, e intervengan para recordarle a los Estados miembros sus obligaciones de brindar respaldo al derecho de los medios a informar libremente y el derecho de los periodistas a proteger sus fuentes. Alemania pidió perdón a los periodistasEl presidente del Servicio Federal de Inteligencia Alemán (BND), Ernst Uhrlau, se disculpó formalmente por el espionaje a que fueron sometidos durante años periodistas y medios de comunicación por parte de agentes de ese organismo. Las disculpas se hicieron publicas tras conocerse un informe sobre el caso del Parlamento alemán (Bundestag), que incluyó un dictamen del ex juez del Tribunal Supremo alemán Gerhard Schaeffer, solicitado por la Comisión de Control Parlamentario (PKG) del Bundestag, según el cual los actos de espionaje contra periodistas fueron ilegales y atentaron de manera desproporcionada contra la libertad de prensa. El informe distinguió cuatro tipos de contactos entre los servicios secretos y la prensa, el primero de los cuales aludió a la convocatoria a reuniones en las que se ofrecía a los periodistas especializados información general. Además, existieron casos en los que informadores abordaban a los servicios secretos para contrastar informaciones obtenidas por otros conductos y otros en los que se daban intercambios de información entre las dos partes. El informe constató también la existencia de casos en los que los que periodistas y otras personas colaboraron con los servicios secretos observando a otros periodistas y a medios de comunicación, con el propósito de desenmascarar "topos" que proporcionaban a la prensa informaciones confidenciales. |