PrensaPeriódicos confidenciales online: el caso latinoamericano, María Sánchez González

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Factores como la descentralización, la falta de regulación o el desarrollo anárquico de Internet como canal de comunicación, junto con la inmediatez y facilidad de publicación y acceso a la Red, o la sobreabundancia de información online, que hace a veces imposible contrastar los hechos, han propiciado la multiplicación, en los últimos años, del número de web dedicadas a la propagación de leyendas urbanas, bulos o rumores, muchos de ellos de carácter personal y cuya finalidad roza el entretenimiento. Es el caso del sociólogo chileno Huneeus, quien publicó en su página personal un rumor sobre un escándalo político de abuso a menores, tiempo después del escándalo desatado por Drudge Report, donde Matt Drudge destapó el conocido Caso Lewinsky.

Pero, en un tiempo en el que se habla de crisis del periodismo tradicional, se señala la escasa credibilidad de los medios convencionales o se debate incluso acerca de quién es o no periodista, y en un entorno como la Red, donde se mezclan la información, el espectáculo y el entretenimiento, surgen nuevos emisores y nuevas modalidades de comunicación, que no obedecen a los principios clásicos periodísticos, y resulta difícil, por tanto, distinguir lo que es periodismo de lo que no lo es. Lo más grave ocurre cuando estos rumores se insertan en productos elaborados por profesionales de la información que se presentan como periodísticos y son, por tanto, susceptibles de ser tomados inclusive como fuentes informativas por parte de los medios convencionales, y, lo peor, de llegar al lector, a través de estos, como informaciones rigurosas y contrastadas cuando en realidad no lo son.

El caso español

Lo anterior queda patente en la proliferación y el auge en los últimos años de los denominados confidenciales en la Red española, cibermedios temáticos que abordan, como señala el profesor Orihuela, aspectos de la realidad poco tratados por los medios convencionales o temas de dominio público con fuentes exclusivas, como fenómeno que supone, por tanto, la antítesis del rigor periodístico, al basarse en la información no confirmada y el rumor definido, según señala Jean-Noël Kapferer (Rumores. El medio de difusión más antiguo del mundo), “por su fuente (no oficial), su proceso (difusión en cadena) y su contenido (se trata de una noticia referida a un hecho de actualidad)” y como una información que no necesariamente ha de ser falsa pero que no está confirmada oficialmente.

Así, en estos micromedios digitales, el rumor deja de constituir la antesala de la noticia, para utilizarse, en lugar de servir como punto de arranque para investigar temas, como producto final que se presenta al lector. Se oponen de este modo a los principios básicos del periodismo, entre ellos, la necesidad de que “los hechos y datos que se comunican han de ser periodísticamente verdaderos (…), es decir, hechos y datos comprobables más o menos rutinariamente por los propios periodistas o mediante fuentes fiables y contrastadas”, tal como señala el profesor José Luis Martínez Albertos  en El ocaso del periodismo.

Pero, además de cuestionar la naturaleza periodística de estas publicaciones digitales, como fórmulas pseudoperiodísticas a medio caballo entre el rumor y la información confirmada, en España se debate, más lejos aún, en torno a su propia denominación de confidenciales, ya que, como afirma Guillermo López García en el último anuario editado en enero de 2006, por la Fundación Telefónica, (Los confidenciales en Internet) aunque la información de estos cibermedios es confidencial, “el proceso comunicativo en el que se basa, el rumor, no lo es, ya que éstos se ofrecen de forma gratuita al conjunto del espacio público”.

Así pues, los confidenciales, como fenómeno no nuevo de la Red, sino cuyo antecedente más inmediato en el caso español debe buscarse en los boletines confidenciales impresos, que tuvieron su auge en la década de los 70 y de los 80 del pasado siglo, durante la transición política española, entran en contradicción, debido a su carácter abierto y no restringido, con esta fórmula tradicional, con la que guardan parentesco pero no identidad. A ello se refiere el profesor José Manuel González Torga -Fenomenología de los confidenciales como modalidad del Periodismo- en su tesis doctoral sobre lo que denomina “órganos periodísticos confidenciales”, para quien estos son una “modalidad periodística cuyo soporte convencional es el impreso y cuya expresión genuina son los boletines o newsletters confidenciales con un tipo de información cuyo nivel de calidad y relevancia justifican el abono de un precio alto por el suscritor y, consecuentemente, la eliminación de publicidad”.

Aunque existen, en la Red española, algunos ejemplos de confidenciales que llegan a una audiencia determinada por circuitos restringidos y previo pago de una tarifa de suscripción, como    Diario E-xclusivo -editado por el periodista Fernando Jáuregui, pionero de los confidenciales online españoles con Mi Canoa, y que se hace visible a través de la web de Diario Crítico, medio al que complementa pero con respecto al cual se presenta diferenciado-, lo cierto es que la mayoría se alejan del modelo de información valiosa y diferenciada al que se refiere González Torga.

En un sistema de medios excesivamente institucionalizado y de temas y fuentes limitadas como el actual, la existencia de dicho modelo tendría sentido, siguiendo al mismo autor, debido a la diferencia entre los temas susceptibles de publicarse (“lo noticiable”) y los que finalmente tienen cabida en los medios convencionales (“lo noticiado”), lo cual posibilitaría, además, la circulación de una información y la apertura al público de un espacio inexistente o circunscrito hasta ahora a ambientes privilegiados, según López García  en Modelos de comunicación en Internet.

Sin embargo, siguiendo a este autor, existe el riesgo de que esta función, a priori positiva, se transforme en manipulación de dicho espacio, lo cual sucede cuando los confidenciales no se basan en el rigor o publican informaciones falsas. Se produce, además, un uso abusivo del término confidencial              -empleado también como título de secciones dentro de cibermedios de información general, sin referente impreso o de blogs anónimos de rumores-, ante lo que se sospecha, tras dicho uso, la existencia de una intencionalidad determinada, no ya solo por parte de los promotores de estos medios, que en ocasiones se ocultan tras el anonimato, sino también por parte de informantes que ocultan su identidad y que pueden convertirse, de este modo, en fuentes ávidas o interesadas que buscan manipular la opinión pública.

Ante este uso generalizado del off the record, práctica periodística excepcional que solo tiene sentido cuando se orienta al mejor servicio de la actividad periodística y del derecho a la información del público, pero que en los confidenciales se convierte en habitual, el lector queda, además, indefenso, ya que no puede acudir a estas fuentes para contrastar las informaciones y debe confiar, por tanto, en los profesionales de estos medios que se convierten, tal como señalan estudiosos del fenómeno y periodistas, en la única garantía y fuente de información para el lector.

Ello, sin contar las implicaciones jurídicas que conlleva la publicación de rumores e informaciones no confirmadas que atenten contra los derechos al honor, a la intimidad o a la propia imagen, entre otros, de los protagonistas de las piezas informativas, como ocurrió en el denominado Caso Hesperia, cuya sentencia judicial, en 2002, dio la razón a los jugadores del Barcelona Club de Fútbol, tras la publicación de una información en Mi Canoa de la que Jáuregui no pudo demostrar su veracidad, y de la que se hicieron eco, sin confirmarla, medios como Telemadrid. En este caso, existía un responsable, el director del medio, contra el que se dictó sentencia; pero habría que reflexionar sobre la inmunidad de la que gozan aquellos confidenciales cuyos autores se amparan en el anonimato.

Los confidenciales en América Latina

Lo dicho hasta ahora puede aplicarse perfectamente a Latinoamérica, donde, del mismo modo que en la Red española, el confidencialismo, prolongado en el tiempo y extendido en el espacio geográfico, se ha adaptado a soportes diversos como la prensa o la propia Red, en cada uno de los cuales conforman, a su vez, productos diversos de calidad variable.

En Internet, algunos de estos productos, como sucedía en España, se aproximan a los rasgos genuinos de los newsletters confidenciales impresos, aunque la mayoría constituye más bien espacios que, a modo de cajón de sastre, contienen aquello no publicable en otras secciones de los medios y que van desde rumores y anécdotas, que pretenden entretener, hasta informaciones sin comprobar, con una finalidad determinada. Sin embargo, frente al caso español, en Latinoamérica la mayoría de estos productos confidenciales online no surgen, como ocurría en éste, en la Red, sino que se insertan, como secciones o columnas, en las ediciones digitales de publicaciones con referente impreso y soporte en papel.

Así, hallamos, por un lado, vestigios, fuera de la Red, del confidencialismo convencional en publicaciones impresas existentes con anterioridad a ésta, caracterizadas por su seriedad y prestigio, y que, en los últimos años, han creado sus ediciones digitales. Algunos de los ejemplos más conocidos, ya reseñados por González Torga en su tesis, hace una década, como confidenciales de pago por suscripción, son Informe Latinoamericano o Inforpress Centroamericano.

Junto a estos, existen casos más recientes como los de Informe Confidencial en Ecuador o Confidencial en Nicaragua, revista cuyo responsable, Carlos F. Chamorro, señala que el uso de dicho término se debe a motivos comerciales, y que, “más que información confidencial”, publican “información rigurosa”, basada en la investigación y en el análisis y próxima, por tanto, a la que contienen, según González Torga, los confidenciales convencionales impresos de calidad.

Pero el caso más destacado, y el que más se asemeja a la tipología de confidencialismo detectada en la Red española, es el de las columnas confidenciales como contenidos ofertados por diarios de información general, inicialmente en sus ediciones impresas y posteriormente en sus versiones digitales. Entre los numerosos ejemplos localizados en distintos países se hallan la sección Infidencias-Confidencial de El siglo digital en Panamá; o las secciones Confidencial y Crónica Confidencial, de La Opinión en Línea y La Crónica de Hoy, respectivamente, en México.

Acerca de este último país, el periodista Ricardo Medina, en un artículo publicado en su blog personal, Ideas al Vuelo, donde define los confidenciales como “un género periodístico inclasificable y espurio, pero muy leído”, añade ejemplos de columnas insertas en algunos de los principales diarios de información general mexicanos, Templo Mayor de Reforma; Trascendió de Milenio; o Bajo Reserva de El Universal.

Se trata, según Medina, de “columnas, generalmente anónimas, que recogen chismes, especulaciones, calumnias, mensajes cifrados”, un material que, en su opinión, debería ser “impublicable” pero que se vende, “engañando al lector”, como “información confidencial o reservada”, que se caracterizan, según él, por un amplio componente editorializante y por perseguir la finalidad de “manipular la opinión pública a favor o en contra de determinada política pública, personaje o partido” o de “enviar mensajes más o menos cifrados entre políticos y otros personajes públicos”. Este hecho, que el periodista apunta como una de las principales diferencias con respecto al caso español, no lo sería tanto teniendo en cuenta las opiniones lanzadas desde algunos sectores.

Parafraseando a la presidenta de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico, Daisy Sánchez, “el chisme en ocasiones no es ocioso, sino que tiene una intención ulterior, la de desprestigiar, difamar o cambiar el rumbo de un asunto público”.

Asistimos, por tanto, a una etapa en la que conviven newsletters confidenciales próximos a la modalidad genuina de confidencialismo con los que se hacen llamar “confidenciales” online, a la necesidad de, como proponen profesionales de los confidenciales como Jáuregui, “separar el grano de la paja digital”, de aplicar en los confidenciales, como en el resto de cibermedios, unos parámetros de calidad que comiencen por exigir que la información confidencial se presente como tal al lector y que permitan distinguir los productos de calidad de aquellos intoxicadores.

Links de la web con mayor información
· http://www.pablo.cl/
· http://www.drudgereport.com/
· http://www.ecuaderno.com/archives/000414.php
· http://www.diariocritico.com
· http://www.infoamerica.org/TENDENCIAS/tendencias/tendencias06/pdfs/40.pdf
· http://www.latinnews.com/lil_/LIL_2316.asp
· http://www.inforpressca.com/
· http://www.informeconfidencial.com
· http://www.confidencial.com.ni/
· http://www.elsiglo.com/
· http://www.laopinion.com.mx
· http://www.cronica.com.mx
· http://www.reforma.com
· http://www.mileniodiario.com.mx/mexico/milenio/trascendio.asp?id=64834
· http://www.eluniversal.com.mx/columnas/56683.html
· http://ideasalvuelo.blogspot.com/2005/10/perversiones-periodsticas.html
· http://www.aspproo.org/articuloforo.php?id=1

 
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