Comunicación PolíticaMéxico: Campañas electorales americanizadas, Irving Berlín Villafaña |
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Aunque los consultores norteamericanos reducen las campañas electorales al arte de ganar el poder usando tres ingredientes básicos, el dinero, los medios televisivos y las campañas negativas, me parece que son mucho más que eso. Las campañas electorales son el momento culminante de la representación política que transfiere el poder del pueblo a los gobernantes. Lo esencial, en consecuencia, es la calidad de esa representación. El conteo de los votos es, ciertamente, una convención que hemos acordado para medirla, pero, sin lugar a dudas no es suficiente. Si las campañas son procesos controlados con técnicas comunicacionales y éstas no mejoran las condiciones de la transferencia del poder ciudadano a los gobernantes, entonces vivimos democracias de pacotilla. Algunos datos, como los niveles crecientes del abstencionismo entre los votantes mexicanos, llaman la atención sobre la dudosa calidad de la representación, lo mismo que los frecuentes conflictos postelectorales en campañas muy competidas. Un repaso de las etapas de la campaña electoral mexicana del 2006 para elegir Presidente de la República también da cuenta de diversos factores de distorsión de la transmisión del poder al gobierno. PrimeraLa elección mexicana, desde mi punto de vista, tiene tres partes. La primera del 18 de enero al 13 de marzo, cuando cada candidato hacía propuestas e intentaba sumar al electorado presentando básicamente: a) propuestas de gobierno, En ese momento, Andrés Manuel López Obrador (Coalición por el Bien de Todos: PRD-PT-Convergencia) iba arriba con el arrastre de su política populista y una larga precampaña favorecida por el episodio del desafuero. Las otras campañas estaban a la zaga, diez puntos abajo, y las campañas convencionales no parecían rendir frutos. Felipe Calderón, del PAN, en segundo lugar; Roberto Madrazo, del PRI, en tercero y dos candidatos más en los últimos, remotos lugares: Roberto Campa, del PANAL, y Patricia Mercado, de Alternativa Socialdemócrata y Campesina. SegundaLa segunda etapa se inició el 15 de marzo con la nueva estrategia de contraste que implementó el PAN. A partir de este momento, puede verse en páginas de periódicos y reportes noticiosos lo siguiente: a) inicio de una campaña televisiva intensa de ataques contra López Obrador, (cosa que, por ejemplo, en España tiene mayores límites porque los partidos políticos no pueden comprar publicidad política a las televisoras nacionales y el acceso a la televisión pública es proporcional), En este momento también se sitúan los peores errores del candidato de la Coalición por el Bien de Todos: 1. atacó duramente las encuestas, en lugar de guardar silencio y rectificar, La tercera etapa se inició con el segundo debate televisivo, en el cual Andrés López Obrador denunció al candidato de Acción Nacional acusándolo de favorecer ilegalmente a empresas de su cuñado, con el propósito claro de ajustar su intención de voto a la baja en fechas cercanas a la elección. Aquí encuentro las siguientes características: a) ataque informativo y publicitario contra los candidato del PAN sobre el caso de corrupción de la empresa Hildebrando, (cosa que en los Estados Unidos hubiera ocurrido al mismo tiempo que el primer ataque contra el PRD, puesto que las elecciones no duran la locura de seis meses y no hay tiempo para espaciar ataques y defensas), Las campañas electorales, al modo americano, son procesos dinámicos monitoreados por las encuestas para ajustar las estrategias hasta lograr un mejor posicionamiento o el empeoramiento de los enemigos. La evidencia empírica de esta elección parece confirmar la eficacia de las técnicas: campañas negativas creíbles sumadas a errores mediáticos del adversario se traducen en la reposición de ambos candidatos: uno hacia abajo y el otro hacia arriba. ¿Son estas variables las que hacen ganar o perder una elección? ¿Dinero, inversión en campaña de ataques, tiempo para realizarlos, control mediático sobre los actores e intervención de coadyuvantes con mayor presencia televisiva? ¿La legislación mexicana está diseñada para la aplicación de campañas electorales al estilo gringo? La representatividad cuestionada¿Por qué se ganan elecciones y se pierden? En el caso mexicano podemos decir, por ejemplo, que el panista Felipe Calderón ganó porque: En contraparte, podemos suponer que López Obrador perdió las elecciones porque: a) padeció la soberbia de meses de liderazgo y pensó que podía llegar a gobernar sin las televisoras, como parece decir en los primeros días de abril, Este catálogo de versiones puede irse enriqueciendo, desde luego, con las propuestas de diversos observadores de la política o comunicación. Quisiera, sin embargo, hacer notar que: a) Algunos aspectos de estas campañas no contribuyeron a mejorar la argumentación ni la calidad de la información que orientara la decisión electoral. Como saben los diversos candidatos, los spots negativos son simplificaciones bárbaras que distorsionan la información política. El desfase entre las instituciones y la realidad de estas campañas electorales pasaron por alto el debate libertad-igualdad y las nuevas formas de persuadir a los votantes a través de las técnicas mediáticas. En México, el entramado organizador de las elecciones que permitió la alternancia política del PRI a un partido conservador, no facilitó el ascenso del populismo izquierdista, y sí exhibió sus inconsistencias al ponerse en funcionamiento nuevos recursos para retener el poder. Algunas de estas inconsistencias fueron: a) tiempos electorales muy largos que desgastan tanto a los ciudadanos como a los grupos políticos, pudiendo afectar la unidad interna de los partidos, la credibilidad del proceso y la honestidad en el manejo de las fuentes de financiamiento, La irrupción de las técnicas americanas utilizadas en la contienda electoral, con alguna ayudita clientelar, logró remontar las tendencias de la opinión pública desfavorables al candidato del Presidente Fox. Sin embargo, otros efectos colaterales se relacionan con una disminución de la calidad de la representación, puesto que la legitimidad del ganador ha sido cuestionada desde las elites políticas que perdieron. La americanización de las campañas electorales escribe capítulos con pena y sin gloria en democracias defectuosas, donde el buen manejo de las estrategias y tácticas novedosas pueden hacer ganar a un candidato y perder o afectar la gobernabilidad, agudizando la crisis de las instituciones. |