Comunicación PolíticaLa entrevista como género de la comunicación política, Rafael Yanes Mesa

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El diálogo entre un periodista y el comunicador político puede tener dos objetivos: hacer una semblanza del personaje o conocer sus comentarios sobre un asunto de la acomunic6.jpgctualidad informativa.

La entrevista, como género periodístico, la entendemos como el texto resultante de esta conversación, que, en el periodismo escrito, puede estar redactado en primera persona con las palabras textuales de ambos, es decir, una entrevista directa, o como un artículo basado en las declaraciones de un determinado personaje, que es la entrevista creativa. En el caso de la radio y la televisión, la verdadera entrevista -al margen de que se emita en directo o en diferido-, es la que llega al receptor en su integridad. Cuando se hace una selección de respuestas se acerca más a una rueda de prensa, aunque solo hubiera un periodista, o a un reportaje, si se utiliza como complemento de una información. La entrevista es una conversación que se da a conocer en un medio informativo.

La entrevista en radio y televisión es comunicación política directa, pues la conversación se emite en su integridad y el periodista no interpreta la importancia de cada una de las respuestas con una titulación determinada. Cuando esta entrevista  provoca una noticia por el contenido de una determinada respuesta, se convierte en comunicación política indirecta.

Gabriel García Márquez opina que es el “género maestro”, porque en ella está la fuente de la cual se nutren todos los géneros periodísticos, mientras que algunos autores consideran que la entrevista es un género auxiliar de otros, como la crónica o el reportaje. Montserrat Quesada la define como un método mediante el cual un periodista entra en contacto con un personaje que despierta interés público por su personalidad o por el cargo que ocupa, aunque diez años más tarde, esta autora, en una obra conjunta con Eric Frattini, le añade un condicionante a esta definición que le otorga mayor exactitud, al concretar que se trata de un “texto especializado”.

Posiblemente, la entrevista es el género más auténticamente periodístico y protagonista de las mayores polémicas, pues mientras unos consideran que es el que menos se ha estudiado y parece ser la “hermana pobre” de las Ciencias de la Información, otros lo rechazan plenamente y afirman que es el género que más se ha investigado y uno de los que más monografías ha originado. Probablemente esta última opinión esté más cerca de la realidad, ya que la bibliografía existente sobre la entrevista es bastante amplia entre los géneros de esta ciencia que aún está iniciando su andadura.

En el caso de la entrevista política, lo único que la diferencia de las demás modalidades se circunscribe al protagonista, que es un líder político. Ni conceptualmente ni en su estructura formal tiene otra característica que la singularice. Es un texto que contiene un mensaje persuasivo, emitido por un comunicador político, dentro de un texto informativo. La entrevista tiene una finalidad persuasiva, porque las opiniones del entrevistado son ya una subjetividad, pero esta función está ligada a la persona que las expresa y no al periodista ni al contenido de la información que finalmente se publica. No es un texto de opinión. Es un género que informa sobre las opiniones de un personaje de relevancia política.

Una conversación publicada

Sigfried Mendel afirma que “las entrevistas son tan variadas como las personas que las conceden, los reporteros que las hacen y las noticias que las suscitan”, y Montserrat Quesada asegura que hay casi tantos tipos de entrevistas como periodistas entrevistadores. Dejando al margen la posible exageración de ambas aseveraciones, es conveniente analizar lo que de este género han escrito algunos estudiosos para acercarnos a su concepto teórico. Manuel del Arco ofrece la definición más breve, y que puede servir para iniciar su estudio: “es una conversación llevada a letra impresa”. Una entrevista es, sencillamente, un intercambio oral o escrito con una persona de relevancia que despierta interés en la opinión pública. Además de tratarse de una conversación, debe ser un texto atractivo para el lector, aunque la mayoría de las definiciones insisten en dos elementos ineludibles: el diálogo y un texto periodístico con características propias.

La entrevista es un género principalmente informativo, a pesar de que también existen distintas modalidades de ésta que no lo son estrictamente, incluso puede considerarse como un subgénero dentro del reportaje, cuando el texto se redacta en tercera persona, y no reproduce literalmente las palabras del entrevistado. Se trata de un género al que se le supone de máximo interés, porque sitúa al lector en contacto directo con el mundo particular y privado de unas personas que destacan por sus cualidades intelectuales, artísticas, humanas, o el cargo que ostentan.

La entrevista, a pesar de ser un texto eminentemente informativo, puede incluir alguna apreciación del periodista en forma de comentario explícito sobre el contexto, pero nunca sobre las respuestas, ya que su fin es informar objetivamente de las opiniones expresadas por el entrevistado.

Pero la entrevista política no es simplemente una conversación, sino el relato resultante de ella. Se trata de un texto que se publica en un periódico en el que se da cuenta del diálogo sostenido entre un periodista y un líder social del que interesa su opinión sobre algún asunto. Es un diálogo entendido como una apertura del entrevistado hacia el receptor, por lo que el periodista se convierte en un puente de relación entre las opiniones del personaje y las inquietudes políticas del ciudadano.

Lo fundamental es considerarlo un género periodístico diferenciado. Se trata de un texto con características propias, basado en un diálogo con una persona cuyo nombre, actividad u opinión interesa a los demás. Aunque la entrevista es, ante todo, una narración, porque nos acerca a los personajes entrevistados a través de sus opiniones personales. David Vidal, basado en los estudios del teórico ruso Mijail Batjin, prefiere definir la entrevista no como un género específicamente periodístico, sino como un texto discursivo debido a que es una comunicación oral, es decir, enunciativa.

En cualquier caso, hay cuatro condiciones que debe reunir toda entrevista publicada en un medio informativo escrito: interés real por su protagonista o por la calidad de sus respuestas, primera condición sin la cual no merece ser publicada; justeza en la transcripción, pues, aunque no se publique lo contestado literalmente, tiene que reflejar la intención de cada respuesta; naturalidad en lo escrito, que debe transmitir al lector el tono en el que se desarrolló la conversación; y amenidad, que son las aportaciones del periodista en la descripción del ambiente para lograr un texto agradable.

Se puede concluir en que la entrevista política es un género del periodismo informativo que refleja las respuestas de un responsable público, cuyas opiniones, debido al cargo que ostenta o a la actualidad informativa, son de interés general.

Fases de la entrevista política

Una entrevista está compuesta por cinco integrantes: el entrevistador, el comunicador político, el medio informativo, el asunto y el contexto. De ellos, solo uno permanece en el tiempo mientras los otros cambian. Solamente el periodista continúa a través de las entrevistas de su vida. En este apartado se estudiará la realización del trabajo desde el punto de vista del entrevistado, que se concentra exclusivamente en el diálogo. Para el profesional de la información en el periodismo escrito existen tres momentos diferentes: la preparación del trabajo, la entrevista propiamente dicha, y la transcripción del texto. En el caso de la radio y la televisión no existe el tercero.
 En general, las preguntas que se hacen en una entrevista pueden ser clasificadas en abiertas y cerradas. Las primeras son aquellas en las que el entrevistado tiene la posibilidad de responder como considere oportuno, mientras que las preguntas cerradas solo admiten un monosílabo, aunque puede estar acompañado por una explicación. Pero una clasificación de preguntas, en cuanto al objetivo que persiguen dentro de la entrevista, nos la aporta José Francisco Sánchez, quien considera que el éxito en ocasiones depende de cosas tan sencillas como el orden de las preguntas que se plantean. Estas son las acertadas indicaciones que recomienda este autor al periodista, y que puede servir al político para afrontar el diálogo con precaución. Son seis fases que conforman la elaboración de este género periodístico:

  1. Preguntas cómodas. En primer lugar, y para ganar la confianza del comunicador político, el periodista comienza con preguntas fáciles de contestar que aportan un ambiente distendido, apropiado para una conversación amistosa. Son cuestiones gratas de recordar para el personaje, cuyas respuestas no van a aparecer en el texto que se publica pero son el comienzo adecuado para una charla íntima en la que se establece un clima que posibilita obtener algunas confidencias. Es una fase de aproximación entre las dos partes, con el único objetivo de establecer una cordialidad que facilite la conversación posterior. El entrevistado debe ser consciente de la existencia de esta estrategia y colaborar con ese clima afable basado en la sinceridad.
  2. Preguntas examen. Son las que se plantean para comprobar la sinceridad del personaje, y, por tanto, el grado de fiabilidad de sus palabras posteriores. Las respuestas ya las conoce el periodista, pero se hacen para saber si existe una actitud a la defensiva por parte del entrevistado, o por el contrario se muestra abierto al diálogo. Aquí, la imaginación del periodista es la pieza clave para un acercamiento, y la prudencia del político para sincerarse en aquellos aspectos que no inciden en las posteriores respuestas.
  3. Preguntas ordinarias en orden creciente de dificultad. Es la fase más importante de la entrevista. Por medio de preguntas auxiliares, se pretende llevar al entrevistado a las cuestiones más comprometedoras. Se trata de preguntar cosas que incluso pueden ya conocerse parcialmente, pero se hacen con el objetivo de obligar al personaje a manifestarse sobre algo que, si no es de esta forma, evadiría con facilidad. Es un procedimiento denominado por algunos periodistas como “la técnica del embudo”, aunque no es una regla aceptada por todos. Aquí, el político debe centrarse fielmente a los mensajes persuasivos que tiene planificados emitir. No se trata de evitar algunas preguntas, sino de centrarlas dentro del argumentario prefijado.
  4. Preguntas de humo. Son las que utiliza el periodista a lo largo de la entrevista de forma esporádica con el objetivo de ganar tiempo ante respuestas inesperadas. Se trata de interrogantes abiertos que plantean cuestiones poco importantes que no interesan al periodista, para que en ese intervalo pueda meditar sobre un nuevo planteamiento de alguna circunstancia imprevista que aparece en la conversación y repreguntar algún aspecto concreto. Es fácil detectar cuándo sucede. El entrevistador titubea, y ese mismo tiempo debe preparar al político para centrar la respuesta que ya se ve venir.
  5. Preguntas finales sin grabadora ni bloc de notas. Una vez terminada la entrevista formal, vienen una fase que puede considerarse fuera de la entrevista. En estos momentos, el entrevistado puede relajarse y hacer alguna manifestación importante que en el transcurso de la entrevista no había hecho por estar centrado en el mensaje que había planificado. Es una fase que en ocasiones se convierte en la más importante de la conversación, pues en ella pueden aparecer respuestas sorprendentes que finalmente formen el titular publicado. Naturalmente, el periodista debe respetar el off the record previamente pactado, pero la precaución en estos instantes finales es una regla de oro.
  6. Trascripción del texto. Finalizada la entrevista -si no ha sido transmitida en directo-, su grabación está lista para ser emitida. Sin embargo, para el periodismo escrito llega un nuevo momento decisivo, que es el de redactar lo que se va a publicar, es decir, a todo lo grabado y anotado hay que darle forma. Si el comunicador político ha transmitido correctamente su mensaje, lo publicado finalmente deberá reflejar con claridad lo esencial de sus palabras.
 
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