TelevisiónMontecristo, la historia negra argentina hecha telenovela, Esteban Landau

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Siempre se pensó que la trama de la historia argentina y la de todos aquellos países del cono sur que sufrieron dictaduras militares en la década del 70 podría ser un buen argumento para una novela. Ahora esto es realidad.

La existencia de feroces represores que caminan por la calle como si nada pasara, de abuelas y madres de desaparecidos que buscan desesperadamente a sus hijos o a sus nietos y la propia historia de aquellos que recuperaron su identidad robada en los años de plomo es material suficiente para un verdadero “culebrón”.

En la Argentina, este año, hay un programa que sobresale del resto. Se trata de Montecristo, una novela cuya trama gira en torno al tema del robo de bebés que se produjo en el país entre 1976 y 1983, durante la última dictadura militar. 

La novela que se emite por Telefé -el canal líder de audiencia- es uno de los dos programas más vistos de año. Y junto con el éxito surgen algunos interrogantes: ¿es Montecristo una novela tradicional? ¿Respeta las leyes del género? ¿Hasta qué punto la ficción televisiva es fiel a la historia y al libro? ¿Cómo trabajaron los guionistas para adaptar la trama a la realidad política y social de un país, en este caso Argentina? ¿Fue acertado utilizar el argumento de los desaparecidos? ¿Qué opinan los organismos de derechos humanos al respecto? ¿La buena aceptación de la gente habla de una sociedad más madura y con memoria o es simplemente la aceptación de una telenovela más?

La trama y sus personajes

Montecristo -una adaptación televisiva de la novela de Alejandro Dumas- tiene una trama simple y compleja a la vez. Santiago Díaz Herrera (Pablo Echarri) es un abogado joven y feliz que está a punto de casarse con Laura Ledesma (Paola Krum) de quien -sin que Santiago lo sepa- también está enamorado Marcos (Joaquín Furriel), su gran amigo a quien conoce desde la infancia.
Marcos es hijo de un empresario llamado Alberto Lombardo (Oscar Ferreiro). Lombardo tiene un pasado oscuro como médico y partero de un centro clandestino de detención. Cuando el padre de Santiago (Mario Pasik), un juez defensor de los derechos humanos, está a punto de reabrir una investigación que lo involucra, Lombardo decide matar al juez y a su hijo.

El primer asesinato se lleva a cabo en Buenos Aires y el segundo queda en manos de Marcos, quien está con Santiago en un torneo de esgrima en Marruecos. Pero algo sale mal y Santiago no muere sino que es recluido en una prisión. Diez años después, Santiago sale de las sombras y tiene entre cejas la idea de vengarse de sus verdugos.

El triángulo amoroso

En Marruecos, mientras agoniza en la playa, Santiago es salvado por Victoria (Viviana Saconne) quien lo ayuda a sobrevivir y a hacerse una operación para recomponer su rostro. Esa relación que nace entre ellos crecerá con el tiempo con el impulso compartido de encontrar verdad y justicia. Es que así como Santiago es hijo de un juez defensor de los derechos humanos, Victoria es hija de desaparecidos y está dispuesta a hacer todo lo posible para hallar a su hermana apropiada por los militares. Lo que no sospecha, y que quedará en evidencia a medida que transcurren los capítulos, es que su hermana no es otra que Laura, el verdadero y único amor de Santiago. Así es como se conforma un particular triángulo amoroso.

“La idea fue que la historia de amor, el triángulo amoroso de Santiago, Laura y Victoria, pasara por ahí. Utilizar para el melodrama la línea de dos hermanas separadas por circunstancias de la vida que se reencuentran en algún momento es un tema muy realizado en las novelas, pero esta vez lo contextualizamos con los desaparecidos y las familias rotas en aquella época”, explicaba Marcelo Camaño -uno de los autores del programa- en una entrevista concedida al diario La Nación.

La búsqueda de la identidad robada

El tema de la identidad es un elemento clave a la hora del relato. Y no porque sea nuevo en el marco de las novelas -que en su mayoría giran en torno a ese problema-, sino porque ahora esa búsqueda está relacionada con un período histórico nefasto de la historia argentina.

“La telenovela Montecristo ha puesto en el tapete esta problemática, así como la desaparición de personas, el robo de niños, la tortura, el asesinato y la impunidad propios de la última dictadura argentina, sumados a otros temas universales como la traición, la envidia, el amor, la rivalidad, los celos, la codicia, la negación, la violencia familiar y la corrupción. Se trata de una telenovela en la que no están ausentes los recursos propios del teatro dramático. De modo tal que los discursos creíbles y refinados se entremezclan con situaciones insólitas o extravagantes, produciendo una alternancia entre lo culto y lo popular” explica la filósofa Esther Díaz en una nota publicada en el suplemento Ñ del diario Clarín.  Y agrega: “La remisión constante a los efectos del terrorismo de Estado en la Argentina marca un hito en la historia del género. Pues a más de veinte años de los penosos hechos evocados se los aborda por primera vez desde la telenovela. Y parecería que es justamente ahí donde se puede rastrear uno de los motivos del éxito”.

La adaptación del libro

Otra gran acierto de Montecristo es haber logrado una adaptación del libro de manera tal que respete el espíritu, pero que al mismo tiempo pudiera ser el punto de partida para la historia. “Cuando empezamos a trabajar sobre la adaptación, primero al presente y luego a la Argentina, tuvimos en cuenta que en “l conde de Montecristo el disparador de la historia es una cuestión política: una carta de Napoleón que Edmundo Dantés debe entregar y eso provoca que lo metan preso sin retorno, dice Adriana Lorenzón, también autora del ciclo, en el mismo reportaje publicado en el diario La Nación.

En ese sentido, de todos los temas que se podían abordar, los autores eligieron uno con un transfondo político lo suficientemente fuerte para justificar el asesinato de un juez, que Santiago fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente. Y el que más le cerró fue el de la dictadura militar. “Nos pareció que iba a tener una base sólida para justificar todos los conflictos. Porque estamos hablando de una cuestión social que es una herida abierta para toda la sociedad argentina”, explican los autores y ponen énfasis en la dicotomía entre venganza y justicia: “Este conflicto nos permite transformar argumentalmente la venganza en justicia. Porque en el original el tema de la venganza es mucho más lineal, el conde llega a vengarse y, cuando termina todo dice: Estoy en paz. Acá la venganza se va a transformar en justicia”.

La realidad y la ficción

Han pasado 30 años desde el golpe militar de 1976, pero en esta Argentina actual el tema de la dictadura parece tener tanta relevancia como en aquellos tiempos. Y hay varios puntos de contacto entre la trama de ficción y los últimos hechos.

En Montecristo, por ejemplo,  mientras se produce el juicio en contra de Lombardo, Laura y su hijo Matías desaparecen. En la realidad, en Argentina desde el 18 de septiembre está desaparecido Julio López, testigo clave en el juicio al represor Miguel Etchecolatz y, aunque se han hecho múltiples conjeturas, una de las hipótesis más firmes sobre su desaparición dice que se trató de enviar un mensaje a los futuros posibles testigos de los cientos de juicios abiertos por crímenes de lesa humanidad, sobre qué les puede llegar a pasar si declaran lo que saben.
Así, este hecho que conmueve a la opinión pública y generó varias marchas por parte de los organismos de derechos humanos amenaza con convertirse en el del primer desaparecido en democracia por motivos políticos. Pero ese no es el único hecho que relaciona a la realidad con la ficción.

En la telenovela, Lisandro Donoso, mano derecha de Lombardo, sufre un infarto justo en el momento en el que está por declarar y en la realidad, el ex represor de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), Jorge Anaya no pudo declarar porque dos horas antes de que tenía que hacerlo le diagnosticaron una cardiopatía grave.  Pero sin duda, el hecho que causó más alegría y que terminó por unir a la ficción con la realidad es la aparición del nieto número 85.

El nieto 85

El 12 de septiembre, las Abuelas de Plaza de mayo informaron que habían encontrado al nieto número 85. Su nombre era Marcos Suárez Vedoya. Hasta ahí, una historia más de un hijo de desaparecidos que finalmente se reencontraba con su verdadero origen. Lo que diferenciaba a este de otros casos es que la foto de Marcos había aparecido días antes en el programa Montecristo.

La historia empezó en marzo cuando Marcos llegó hasta la sede de Abuelas de Plaza de Mayo en busca de algún dato que le permitiera conocer su pasado.  Hasta ese momento, lo único que sabía sobre su vida era lo que le había contado su madre adoptiva, y solo tenía algunas fotos de su infancia y una inscripción en el registro civil donde no había referencia alguna a su padre. Nunca sospechó que podría ser hijo de desaparecidos ni que su madre no era quien le había dado la vida.

Pasaron algunos meses y el 22 de junio, Marcos fue a la tarde al Hospital Durand de la Capital Federal para hacerse la prueba de ADN. Y esa misma noche, cuando llegó el momento de Montecristo encendió la televisión.  Allí estaba la actriz Viviana Saccone en su papel de Victoria, sosteniendo entre sus manos una foto suya de cuando era bebé.

Ahora ¿cómo es posible que su rostro apareciera en el programa? Esa imagen fue cedida por las Abuelas de Plaza de Mayo, quienes desde el comienzo de la tira trabajaron conjuntamente con los guionistas para aportar información, describir sensaciones, de manera tal que lo que se viera pese a ser ficción, estuviera muy cerca de la realidad.

Estela de Carlotto, la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, siempre se mostró agradecida por cómo el programa encaró la problemática de los desaparecidos. En una entrevista publicada en el semanario Perfil sostuvo que “fue una sorpresa fantástica ver la repercusión de la tira no solo por los niveles de audiencia, sino además por la manera en la que habían incluido en una trama de amor y odio el tema de la dictadura, de la violación de los derechos humanos y el conflicto de la identidad".

Montecristo en Latinoamérica

Montecristo no sólo se puede ver en la Argentina sino también en México y en Chile, donde Telefé Contenidos vendió el formato. La trama en esos países no es igual a la que cautivó a tanta gente en la Argentina.

En las adaptaciones de Montecristo en Chile y México es reemplazada por el narcotráfico y el contrabando de bebés. En México el cambio obedece a cuestiones históricas: allí no hubo un plan sistemático para la desaparición de personas como en la Argentina y en Chile, donde sí existió una dictadura encabezada por Augusto Pinochet, con mecanismos similares a los de los militares argentinos, el tema del robo de niños durante los años de plomo no está lo suficientemente maduro como para hacer de eso el principal argumento de una novela.

Conclusiones

Hay críticos que definen a Montecristo como una novela kirchnerista en alusión a la política de derechos humanos que lleva adelante el presidente argentino Néstor Kirchner, quien entre otras cosas planea hacer de la ESMA, el principal centro de detención ilegal, un museo de la memoria.
Pero más que un programa de un tinte político determinado, la buena recepción por parte del público de Montecristo habla de una sociedad argentina madura que puede enfrentar a sus propios demonios y fantasmas y recibir una historia compleja. Tan compleja como aquellos años nefastos que no tienen que repetirse nunca más.

 
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