TELEVISIONTelenovela: Amor en custodia, una telaraña sentimental, Manuel de Jesús Corral Corral

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Juan_y_Paz.jpgQuien ve y escucha en televisión el tonito de Bárbara, la sabia serenidad de paz o la inmoderación clasista de Santiago, corre el riesgo de quedar atrapado y, como dicen en mi pueblo, empicarse con la trama y el desempeño actoral, elementos íntimamente entrelazados, de la puesta en escena de la telenovela Amor en custodia, transmitida por Televisión Azteca, de lunes a viernes, en horario triple A. Muchas historias en una. En ellas se teje una telaraña de relaciones sentimentales apasionadas y lacrimógenas.

En busca de hacer productivo socialmente el tiempo invertido en esa actividad, se retoman aquí algunos de los elementos sobre el melodrama propuestos por estudiosos, con el fin de que sirvan como marco de referencia para el análisis.

El origen del melodrama se remonta al siglo XVIII y la televisión garantiza su producción industrial, mediante cambios en el contenido y las formas narrativas. Con Amor en custodia, el género ha confirmado una vez más su arraigo en amplios públicos, mediante lo que Martín Barbero llama estilización metonímica: rasgos físicos, apariencia, figuras y gestos corporales del personaje, y su efectismo, no solo estético sino también económico (Martín Barbero, 1987).
En la trama, con una lógica y “un contenido ético, en el cual no debe faltar una redención del o la protagonista y, por supuesto, (...) un castigo al trasgresor” (Carvajal, 2001), aparecen dos mundos claramente delimitados: las y los de arriba, favorecidos por el dinero y el poder que confiere para aplastar, y las y los de abajo, nacidos para obedecer sin chistar.

La conciencia colectiva en el melodrama

Elementos para el análisis son el carácter narrativo del género, con su fuerte carga emotiva y la familia como espacio de consumo. En cuanto a lo primero, pueden destacarse:
a) el énfasis en la escena de las acciones y pasiones más que las palabras (ibid.: 125), y de ahí la priorización de lo visual y sonoro. Impacta más lo que perciben el ojo y el oído que lo que se dice con el lenguaje verbal oral: lágrimas, guiños, arrumacos, rúbrica musical de contenido altamente sentimental, para impresionar a un público cuasi-desarmado de criterios, de análisis racionales, debido al cansancio, las preocupaciones, el tedio de la cotidianidad. El predominio, en la puesta en escena, de la espectacularidad más que la representación misma (ibid.: 126): elementos visuales y sonoros, actuación, vestuario, escenografía, selección y distribución de los espacios.
b)     la complicidad entre el actor y el público y el tipo de su demarcación cultural (ibid.: 125). La sensación de experiencias compartidas entre actores y espectadores. Éstos se ven como en un espejo que reproduce pedazos de la vida cotidiana, sienten la identificación con alguno de los personajes. Se perciben como actores. Los desgarramientos interiores en la vida de los personajes, con alcances de tragedia en situaciones límite, pueden vincularse socialmente con las experiencias duras y difíciles de la vida de amplios sectores sociales latinoamericanos.

Como espectáculo total, en el melodrama televisivo afloran las contradicciones que se registran en la sociedad y la lucha de los personajes por afirmar su identidad. La complejidad de las relaciones familiares, como aparecen en la puesta en escena, simboliza la complejidad de las relaciones sociales como las vive el pueblo, y expresa el imaginario colectivo.

Familia, educación y religión

 

En cuanto a lo segundo, la investigadora brasileña Immacolata Vasallo de López  ha encontrado, en su investigación empírica, que la telenovela “es un texto melodramático televisivo para ser leído y disfrutado de manera colectiva, en contacto con otros, en grupo, en familia”, y que es “una experiencia cultural activa y compleja, sujeta a una serie de disposiciones culturales habilitadas, producto del habitus de cada familia y de las trayectorias específicas de sus miembros” (Vassallo de Lopes, 2002).

 

En su análisis considera a la familia como un espacio social, en cuanto “sistema de posiciones y relaciones de parentesco; como un espacio cultural, que comprende la historia y la dinámica familiares, y como un espacio de mediación de los mensajes de la televisión. La familia como comunidad de consumo, de estética, de afecto, de poder y de interpretación o hermenéutica, dimensiones interrelacionadas, que marcan el carácter de mediación que juega lo cotidiano familiar (ibid.: 140). En la asunción de ese cotidiano familiar por los receptores está el pegue del género melodramático.

Amor en custodia presenta una familia ampliada, movida por la fuerza del amor como único elemento que redime de la fatalidad de la vida. En la familia que ahí se propone como modelo, el amor aparece como panacea; de ahí su permisividad y tolerancia al grado de se da una cierta promiscuidad normada. Se trata de:

·          Una comunidad endogamizada: las relaciones de sus integrantes se dan  como en un círculo cerrado en el que todos tienen que ver con el éxito o fracaso de todos

·          Una comunidad desclasada: el amor derriba barreras y prejuicios sociales: todos valen y todo vale. Los de arriba bajan y los de abajo suben.

·          Una comunidad erotizada: se recalca la diferencia entre el puro querer y el amar: las expresiones de amor se llevan al límite de lo socialmente aceptado.

·          Una comunidad celularizada: la comunicación directa y presencial es interrumpida por el ring ring para dar paso a la comunicación indirecta y ausencial. Eso es ser moderno y estar en sintonía con el progreso.

Propuesta de familia ante la que las familias, ubicadas en el ámbito de la recepción, han de aguzar su capacidad hermenéutica para afinar y hacer valer sus modos de uso de una panoplia de mediaciones para resignificar el mensaje.

Mediante la explotación del potencial sentimental de los receptores-perceptores, el melodrama cumple hoy también una labor educativa, sea por su contenido directo (propuesta netamente educativa), indirecto (formación de pautas conductuales para dar certidumbre en el obrar correcto) o de educación para los medios (recepción crítica mediante la alfabetización audiovisual) (Martínez Zarandona, 2004). Déjate llevar por lo que te dicte tu corazón, parecen decir los personajes involucrados. Los elementos no verbales dicen tanto, o más, en último término, que los lugares comunes utilizados en la telenovela. Contrariamente a la escuela tradicional que educa mediante el desarrollo del razonamiento y de las ideas, el melodrama mediático brinda educación por la vía de los sentimientos.

En ese mismo ámbito, la religión juega también un papel destacado. En Amor en custodia Dios es un tapagujeros o una panacea que vigila las acciones de los seres humanos y hace una justicia que se acerca más a la venganza. La vivencia religiosa corre al margen de la norma eclesiástica, pero sin romper con la institución religiosa de adscripción. La norma institucional es incapaz de frenar la vida cotidiana de la gente, y una y otra marchan en paralelo. Se trata de una religiosidad no ilustrada, rociada solo con los rudimentos del catecismo, y sí muy salpicada de elementos para-religiosos, evidenciados en sentires, presentimientos, corazonadas y premoniciones.

Vámonos, donde nadie nos juzgue

Al margen de los recursos técnicos utilizados en la puesta en escena y del desempeño actoral, Amor en custodia da tema para comentarios y juicios críticos. Por su contenido, la canción Vámonos, de José Alfredo Jiménez, igualmente melodramática, puede muy bien servir de fondo musical a Amor en custodia:

Que yo soy un canalla y que tú eres decente,
que dos seres distintos no se pueden querer. 

Ficción y realidad se funden en aras del amor a contrapelo de lo social y culturalmente establecido. En una sociedad clasista, el juicio general que se emite es la imposibilidad de su realización por personas provenientes de diferente extracción social. La distancia es tanta que hace imposible la querencia, y de ahí, que:

Vámonos, donde nadie nos juzgue,
donde nadie nos diga que hacemos mal.
Vámonos, alejados del mundo,
donde no haya justicia, ni leyes, ni nada, nomás nuestro amor.

Pero la telenovela en cuestión apuesta a que aun en circunstancias adversas es posible el amor. Como prueba se recurre retóricamente a los lugares comunes consagrados que expresan la filosofía cotidiana de la gente común. El encuentro de el amor de mi vida es algo así como el fatum que nada ni nadie puede deshacer. El horóscopo y la cartomancia lo dicen y no fallan. Los elementos proxémicos que marcan, en razón de su clase social, la distancia entre los miembros de la pareja se van diluyendo, hasta desaparecer casi al final de manera que:

Yo ya te quise y no te olvido,
que morir en tus brazos es mi ilusión.
Yo no entiendo esas cosas de las clases sociales,
solo sé que te quiero y que me quieres tú.

Atrevida propuesta, pues, de familia ideal y del amor que la mueve, en la que se evidencia un acentuado derecho de picaporte en cuanto que, sin recato alguno, todos pueden escabullirse sigilosamente a la recámara de todos rompiendo las reglas de la privacidad más elemental, rasgo que acerca la Residencia Achaval Urien a un elegante prostíbulo.

De lo estético a lo económico

La telenovela en un comienzo alcanzó un rating elevado y, como otros programas de su género, su aceptación radicó, más que en su contenido argumental, en el efectismo de su puesta en escena, en el desempeño actoral y en el derroche de recursos visuales, sonoros y de infraestructura técnica.

Originalmente, el melodrama era un medio de expresión del ser popular más que un medio de propaganda. Con el advenimiento del cine y de la radio, y más tarde, de la televisión, el efectismo que le es característico se ha convertido  en mera estratagema comercial. Vale destacar por ello la intencionalidad de los generadores mensajes masivos. El blanco final de estos es un público amplio y heterogéneo, considerado como consumidor y no como un público de ciudadanos. No en vano las tres mayores empresas televisivas de América Latina (la brasileña O Globo, la venezolana Venevisión y la mexicana Televisa) se han convertido en productoras y exportadoras de telenovelas del corazón.

Lo anterior explica que a los 60 minutos de duración de la transmisión haya que restarle 20 minutos, divididos en cuatro segmentos, en los que se publicitan los más variados artículos y servicios. El público tiene que pagar alto su gusto y soplarse un total aproximado de 65 anuncios publicitarios, distribuidos así:

 

Anuncios publicitarios de bienes o servicios

 

Primer segmento:
17 minutos
Segundo segmento:
17 minutos
Tercer segmento: 15 minutos
Cuarto segmento: 16 minutos
           

 

A ello hay que sumar la autopromoción de la empresa Televisiva. Con el pretexto de altruismo y filantropía, se anuncian hasta el cansancio las acciones del Banco Azteca para el ahorro o el envío de remesas de los emigrados, o de Movimiento y Fundación Azteca para apoyo a personas con problemas severos de salud o afectadas por desastres naturales como los huracanes y tormentas, y las entrevistas, dentro de la trama misma, en las que aparecen en primer plano los micrófonos de la emisora. Promocionales que se antojan más como burla o lucro con el dolor humano que como sentido humanitario de los emisores.

Lo que, en casos como este, agravia es que ese comercialismo desaforado viene a desembocar en una verdadera agresión y falta de respeto al público televidente. A partir de cierto momento, la trama se ve debilitada con la introducción de elementos innecesarios, que la contaminan y afectan el desempeño actoral, pues los personajes pierden espontaneidad y frescura. La explicación final de ese debilitamiento de la trama y del desempeño actoral se encuentra en el predominio de los intereses económicos que se juegan en el campo de la emisión, en detrimento de los valores estéticos que pueda tener una obra de este tipo y de los intereses estéticos de quienes se mueven en el campo de la recepción. Evidencia clara de la tiranía del rating. 

El amor o más allá de la historia

En la trama de Amor en Custodia, con su lógica y su contenido ético, aparecen dos mundos familiares claramente delimitados: las y los de arriba, favorecidos por la fortuna que da el dinero y por el poder que éste confiere para aplastar a quien se ponga enfrente o para reclamar y hacer efectivo el derecho de propiedad sobre las cosas y personas. Y las y los de abajo, contratados como custodios y trabajadores domésticos, nacidos para callar y obedecer sin chistar. El apellido mismo designa el origen y la clase social de los actores, y remite al lugar que a cada mundo le corresponde en la sociedad. Ambos mundos tienen, cada uno a su manera, su propia vida cotidiana, pero ésta sujeta a cambios.

Cuando ambos mundos entran en contacto, son arrastrados por los aconteceres de la cotidianidad y ésta se modifica radicalmente. Por la fuerza de la misma vida, impulsada por el amor, se van creando entre uno y otro mundo una maraña de relaciones sentimentales que en este caso convierte a la trama en un laberinto de pasiones. Intrincadas y borrascosas relaciones, que aderezadas con elementos visuales y auditivos y, en lo básico, con una aceptable actuación de los personajes, le imprime el interés necesario para mantener el suspenso suficiente para atrapar la atención del espectador. El principio marxista de la lucha de clases es puesto en la picota por el poder revolucionario del amor como sentimiento unificador de la humanidad. Al final, el televidente, ¡¿sorprendido!? o ¡maravillado! puede preguntarse ¿Será?

Sea de ello lo que fuere, el consorcio argentino Telefe Internacional ha logrado colocar su producción televisiva en buena parte de países. Amor en Custodia ha sido vendida, y vista y hasta gozada con éxito, en más de veinte países, entre otros, en países de Europa del Este y de Europa Central y, en Nuestra América, en México, Ecuador, Guatemala, El Salvador y, por supuesto, en Argentina. Guste o no, el éxito de telenovelas como ésta, invita a profundizar la reflexión sobre el género melodramático y las preferencias de la base social sobre él.

Ficha técnica de la Telenovela

Amor en custodia


País
México
Canal
TV Azteca
Transmisión
Diaria
Nº episodios
280
Sintonía
Varios target
Director
Pablo Ambrosini
Daniel Aguirre

Productor
Juan Rodríguez Bur
Reparto
Margarita Gralia
Sergio Basañez
Paola Nuñez
Andrés Palacios

Ambientación
2005 - 2006
Tema principal
«Abre tu corazón» (por Olga Tañon)
Transmitido por
TV Azteca, México

Elenco

Trama

 

Juan Manuel Aguirre vive en las afueras de la ciudad haciendo tareas de campo en un pequeño, pero amigable pueblo. Su madre era mexicana, nacida en el alegre puerto de Veracruz, y supo contagiarle su buen humor y su alegría. Su padre era un marino cubano, lleno de ilusiones pero poco dinero.

Juan Manuel creció en Nueva York, más precisamente en Harlem, rodeado por el afecto de su madre y de su "tía" la mulata Soledad, una de las brujas mayores de Catemaco. Como era de esperarse, la cultura negra del barrio le dejó una marca profunda. Su padre, generalmente ausente, siempre ocupó el lugar de "ídolo" en la vida de su hijo.

Durante las temporadas que no navegaba pasaban el día juntos. Juan Manuel adoraba escuchar sus historias de mar. Su padre fue el responsable de enseñarle las bases del Aikido, ya que en su juventud fue campeón mundial varias veces, y cada desembarque era, para Juan Manuel, sinónimo de entrenamiento.

Durante su adultez y tras la pérdida de sus padres, quiso rehacer su vida y viajo a un pequeño pueblo cercano a la ciudad de México (pero lleno de tranquilidad), allí conoció a Gabriela Almanzi, y se enamoró de ella, cuando el primer bebé llego a sus vidas le pusieron como nombre Tatiana.

Pero hubo un día en que cambió la vida de la familia Aguirre Almanzi para siempre. Juan Manuel tenía una entrevista para ocupar el puesto de capataz en el rancho de la prestigiosa empresaria Paz Achaval Urien. Ella y su familia, conocidos por todos, son los propietarios de una importante empresa cervecera (Cerveza Paz = Ficticia). Cuando Juan Manuel llegaba a dicha propiedad percibió acontecimientos extraños, un auto sin placas, pisadas, sombras. Todo esto le pareció sospechoso y se dejó llevar por su sexto sentido que lo acompaña desde su niñez y se acercó a la casa, entendiendo que estaba sucedienco algo grave.

Paz leía un libro en uno de los pasillos de la enorme casa/hacienda cuando un grupo de hombres fuertemente armados irrumpió la tranquilidad del lugar al intentar secuestrarla, Juan Manuel, sin saber como, le salvó la vida. Cuando Paz lo vio a los ojos, supo que no había mejor persona que la pudiera custodiar.
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Amor_en_custodia_(Versi%C3%B3n_Mexicana)

 
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