SECCIONES FIJASErrores comunes en el lenguaje periodístico - Verbo, belleza y política, Juan Manuel Rodríguez

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El mes de juniocomenzó en Ecuador con signos contrapuestos: ante la algazara de una elección de bellezas internacionales, el gobierno padecía los estragos de sus desaciertos e ineficacia. Frente a estas situaciones y contagiado por ambientes tan disímiles del circo social, esfero en mano me asomo a la ventana de los borregos desconcertados para extraer frases, que no imágenes, de la televisión. Comparo los mensajes. Desilusión, inestabilidad y zozobra por un lado; por el otro, aire festivo, carnaval y esperanza en que la candidata ecuatoriana haga un papel más decoroso en el concurso de Miss Universo que el mandatario en la pasarela política. La parafernalia alrededor del certamen y el despliegue informativo asustan. Estamos tan desamparados que atribuimos una exagerada trascendencia a lo que en otros lugares es solamente un evento galante. Hay que cacarear lo insólito para no morir de desilusión, inmovilismo y fastidio. En una sociedad frígida, la más pequeña distracción se convierte en un tremendo orgasmo.

Sicólogos y sociólogos han repetido hasta el agotamiento que la violencia de los programas televisados genera una sociedad violenta. No. Puede ser que influencien, que tal vez inciten, pero nadie ha demostrado todavía una relación causa efecto. Lo que observo en este medio es la violencia contra el idioma; la crueldad y el crimen en el uso de la palabra son de tales dimensiones que sobrecoge la sarta de disparates, y ese decir sí influye en los televidentes que por una fatigosa redundancia, van aprendiendo un habla errada, boba y descompuesta. Todos los ejemplos han sido recogidos al azar de un día algo anormal de información televisada, el uno de junio, y son expresiones de periodistas, no de entrevistados.

Para hacer el enlace y pasar de un tema a otro, la anunciadora señala: “Y ahora tenemos la información de carácter política” (canal 10). Este problema de género se produce porque información es palabra femenina y carácter es masculino. El término política, según la anunciadora, parece que concuerda en género con información, entonces coloca carácter política. Pero ¿con quién concuerda el adjetivo política? Ese es el gran dilema. Lo correcto hubiera sido “información de carácter político”, y mucho más claro y preciso: “información política”, sin añadir “carácter”, con lo cual se ha salvado el escollo y la frase es más clara y breve. El locutor se refiere luego a los deportes y en voz en off indica: “han manifestado de que” (10). El error es el dequeísmo. Manifestar no exige preposición para el complemento, se manifiesta algo, luego “han manifestado que”. Y ahora la pieza brillante y esplendente. Un tono lírico y vibrante empieza a engalanar el idioma para referirse a la belleza de las candidatas al certamen y dice: “las miradas halagueñas”(10) y “las piernas embebecidas” (10), qué bonito suena. El locutor tan campante supone que el estro de la poesía le nimba el cerebro. Pero lo que la inspiración le nimba es la impropiedad. Las miradas son halagüeñas, este término exige la diéresis para dar sonido a la letra /u/, que de otro modo es muda, lo mismo sucede con vergüenza, no pronunciamos /verguenza/. ¿Las señoritas pueden tener las piernas embebecidas? Tal vez, supongo, mantuvieron las piernas sumergidas en una piscina, o estuvieron saltando charcos, y los tales miembros, como esponjas, chuparon el agua. A menudo, el intentar ser elegantes con el idioma conduce al ridículo. 

Cambio el canal. “Un sismo sacudió al oeste del país” (canal 8). El error se produce por usar preposición para colocar el complemento directo. Si se hubiera sacudido a una persona, el verbo exigiría la preposición, pero en este caso, queda bien expresado sin ella: “un sismo sacudió el oeste del país”. En un cartel que lee la locutora se indica: “En Ecuador medio millón de niños sufren de algún tipo de desnutrición” (8). Nuevamente falla en el régimen preposicional y el número del verbo. Bastaría escribir que “medio millón de niños sufre algún tipo de desnutrición”. ¿Hay tipos de desnutrición? No lo sé. Quizá lo más acertado hubiera sido escribir y leer: “En Ecuador medio millón de niños sufre desnutrición”, sin tipos, subtipos ni clasificaciones.

Urge otro cambio de canal. La cámara se halla en el recibidor del hotel, ahora decimos lobby, que nos da mayor prestigio por chapurrear el inglés. La comentarista nos explica que “las famosas sabían cómo esquivar a la cámaras” (canal 4). Nuevamente la preposición a es innecesaria. Se esquiva a Matilde, pero no se esquivan a las cámaras, solamente se esquivan las cámaras. Para lograr continuidad y hacer el enlace al lugar del concurso, la locutora improvisa: “Vamos a ver cómo está el ambiente final del ensayo final” (4). Sin comentarios. Y antes de acabar mi paseo auditivo por este desconcierto, escucho lo siguiente: “la reunión a realizarse” (4). Lo castizo es “la reunión por realizarse”, o sea, la reunión que se realizará o la reunión que será realizada. Las expresiones pasivas exigen la preposición por. Diremos “los temas por tratar”, no “los temas a tratar”; diremos “me faltan muchos pasos por dar”, no “me faltan muchos pasos a dar”; diremos “tengo muchos deberes por hacer”, y no “tengo muchos deberes a hacer”. Caso parecido, pero diferente, es “vamos a dar un paseo”. En este ejemplo el verbo conjugado se une en una perífrasis verbal con preposición más un infinitivo y es correcto.

Pocas horas antes de la elección, una de las organizadoras aclaró con confianza y piedad que “todo (en la elección) depende de Dios”. Pero como perdimos, creo que Dios no formaba parte del jurado, o tal vez sí estaba en el tribunal, pero parcializado por la señorita de Australia, pues Él también debe tener sus gustos, opiniones y simpatías. Aunque quizá fuera mejor dejar a Dios alejado de estos concursos galantes para que sean los humanos los que escojan a Miss Universo. Meter a la divinidad en asuntos intranscendentes resulta perjudicial, pues donde se mete a Dios suele también andar rondando el demonio. Y creo que bastante trabajo tuvo el demonio en esta jornada, seguramente el causante de tantos errores estilísticos en la información de un día irregular de noticias. 

Para sacar a los dos personajes del embrollo, sugiero a los periodistas de la televisión que aprovechen las grabaciones de los canales para verse y oírse. Al verse acrecientan su ego y ganan en apostura, al oírse es posible que adviertan sus errores, manejen con mucho tino la improvisación, siempre difícil, y no nos violenten y torturen con tan reiterados errores. Evitar el ruido en el proceso de información embellece y concede credibilidad a las cabezas parlantes. De lo contrario se exponen al diario ridículo, en las tres programaciones noticiosas. Demasiadas para ser tolerantes y sufrirlos.
 
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