| Metáforas
y redes
Por el momento, dicha competencia tiene
lugar en un estilo más bien metafórico. En algún otro
momento habrá que ocuparse seriamente del tema de las metáforas
en las ciencias sociales, pues ellas, que se creía que solo anidaban
en el mundo de la poesía, inundan también a las llamadas
ciencias y, desde luego, a sus discursos. Tengo la impresión, incluso,
de que cada concepto es metafórico, ya que un "encajamiento" definitivo
entre palabra, cosa e idea sería una imposibilidad total. Y afortunadamente
es así, pues el día en que las cosas y las ideas encajen
totalmente en las palabras (y viceversa) no habrá necesidad de seguir
pensando.
El "otro" paradigma, surgido en oposición
a los de la modernidad, comienza a encontrar, lentamente, sus propias metáforas.
Una de ellas ya ha sido mencionada: son las llamadas "redes" que
es una metáfora que designa una posibilidad alternativa a la visión
de un Estado que es "comido" por la economía o, lo que es igual,
a la visión de una vida política que es usurpada por una
vida económicamente racionalizada, como reza la ideología
globalista. Porque independientemente de toda definición, el simple
concepto de red parece portar un objetivo importante: rehabilitar la acción
política que autores globalistas han dado, de modo apresurado, por
muerta. De acuerdo con Liebert "el pensamiento redificado se despide de
una visión mecanicista y funcionalista del mundo y, en especial,
de las premisas de linealidad causal" (1994: 67)
Si estoy diciendo que las redes -sociales,
políticas o culturales- más que rígidos conceptos
son metáforas parece ser recomendable, antes de intentar definirlas,
entender qué es lo que "sugieren". En este sentido, la noción
de red parece ser inseparable de la de "relaciones". En cierto modo, las
redes son relaciones que toman la (imaginaria) forma de redes. Una red,
o conjunto de relaciones, no es un hecho determinado a priori, sino que,
por ser redes, son tejidas, del mismo modo que para que existan relaciones,
estas deben ser contraídas. ¿Pero quién teje las redes?
No queda más alternativa que responder: los actores que la constituyen.
Por lo tanto, el tejido no es independiente de los tejedores. Quiere decir
esto que en la construcción de una red no hay ningún plan
preconcebido, o una lógica que la preceda, sino que son los actores,
al relacionarse, quienes la van configurando.
En la elaboración de una red
tenemos, se quiera o no, que incorporar momentos contingenciales y conferir
al actor social una libertad de acción que ninguna doctrina puede
asegurarle. El caso del tejido que han creado las organizaciones ambientalistas,
es bastante ilustrativo. Al comienzo, situadas en cada país en posiciones
más bien marginales, han ido articulando estructuras, hasta alcanzar
a los Estados, e incluso a las propias Naciones Unidas. Las grandes conferencias,
como la ya legendaria de Río, nunca habrían sido posibles
sin ese permanente anudamiento de organizaciones y de opiniones.
En consecuencia, una red al ser tejida
no carece de lógica; pero no es ésta una lógica externa
a la red, sino que, más bien, en la medida en que la red es tejida,
se configura en ella una lógica que lleva a los actores a interaccionarse.
Por lo tanto, la red no es un sistema; pero, paradójicamente, en
la medida en que los actores la tejen -ya que las redes avanzan- van sistematizando,
paulatinamente, a determinadas "porciones" de la realidad1. En correspondencia
con el lenguaje de autores constructivistas, podría decirse que
las redes son unidades "autopoiéticas"2. Por lo tanto, las redes,
para ser tejidas, necesitan espacios.
Ahora bien: el espacio de configuración
de redes no es el Estado que ya está, por ser un Estado, redificado;
es decir, sistematizado mediante un conjunto organizado de instituciones,
códigos, leyes y reglas. Y lo que queda fuera del Estado, no queda
otra alternativa, es la "sociedad civil" (o parte no estatal de lo social).
No obstante, la civilidad de lo social no surge automáticamente
por la ausencia del Estado, sino que es, fundamentalmente, un proceso.
En este sentido, podría decirse que la civilidad es constituida
mediante redes. Las redes no designan, por lo mismo, a un fenómeno
muy nuevo. Lo nuevo es que, frente al paulatino retiro del Estado respecto
a espacios económicos y sociales, se ha hecho necesario reactivar
la redificación de lo social, hasta el punto que hoy las redes son
verdaderos puntos de autorregulación social y política.
Las ONG y la formidable expansión
que experimentan en el último decenio serían, en tal contexto,
organizaciones reactivadas por el retiro del Estado, pero, a la vez, formas
nuevas de autoconducción social que hacen innecesaria, en muchos
casos, la permanente presencia del Estado; es decir, serían signos
que marcan nuevos avances en el largo proceso que lleva a la formación
de ciudadanos autónomos y soberanos, y que substituyen relaciones
de vasallaje respecto al Estado que bajo formas disfrazadas (corporativistas,
socialistas, populistas) prevalecen en nuestro tiempo.
Redes sociales
y espacios civiles
Pero, si estamos hablando de espacios,
hay que establecer una diferencia entre espacio geométrico y espacio
político, social o cultural. El espacio geométrico (puede
ser una calle, una plaza, un parque) precede a la acción. El espacio
de la red, en cambio, sólo se constituye en la medida en que se
hace. De tal modo, la red, al ser tejida, configura su propio espacio,
que no es otro que la propia red. Pues, mediante la redificación
política, la sociedad misma deja de ser objeto o cosa, y adquiere
una condición procesual y, por lo tanto, imposible de ser "fijada"
para siempre, en un determinado tiempo o lugar.
Así, si el espacio de lo político
es configurado por la redificación que realizan actores de acuerdo
a relaciones de comunicación y de interferencia, desaparece toda
posibilidad para imaginar una instancia externa o, lo que es parecido,
una racionalidad extra y metahistórica. Pues la red, repito, surge
en una sociedad que existe en la medida en que es tejida.
Ahora bien, esos tejidos son al mismo
tiempo que la propia sociedad, los ligamentos que la sostienen; es decir,
que la hacen posible. Eso nos lleva a abandonar la noción pasiva
(o determinada) de sociedad, para reemplazarla por una concepción
dinámica, de acuerdo a la cual la sociedad solo puede existir en
la medida en que se constituye mediante la acción de sus actores.
La "sociedad civil", entonces, ya no podrá solo ser definida de
modo negativo como todo aquello que no es Estado (o mercado), sino como
"algo" que posee una determinada positividad; es decir, que se define por
lo que es o por lo que ha llegado a ser. La sociedad deja de ser, así,
un "imaginario" del Estado que la necesita para realizar un "contrato",
y se convierte en un campo de interacciones en el cual se realizan procesos
de transferencias que van formando el alma colectiva de una nación,
país, pueblo o región. En otras palabras, mediante la metáfora
de las redes, tenemos acceso a una visión multidireccional de lo
social.
El fatal error de los globalistas es
que siguen creyendo que el único campo de acción política
es el Estado, ya sea para administrar a la sociedad "desde arriba", ya
sea para ocuparlo "desde fuera". La consecuencia mecánica que se
desprende de esa creencia es simple: a menos Estado, menos política.
O lo que es igual: a menos Estado, más economía. En cambio,
a partir de la idea de una sociedad redificada, la política puede
seguir siendo posible, aun "más allá del Estado". El "declive"
del Estado no llevaría al desmoronamiento de lo social, sino a su
autosustentación, mediante implementación de redes que lo
cruzan en todas direcciones. Siendo el Estado, no puede sino serlo, un
campo de operación política, debe regir sobre una sociedad
en la cual se forman múltiples "nudos" de acción, relación
e institucionalización (Liebert, 1994: 161). Así, el Estado,
sin perder su centralidad, coparticipa con núcleos de poderes intercomunicados
en redes. No es que la sociedad llegue a ser un "cuerpo policéntrico"
(el "policentrismo" es una imposibilidad geométrica) pero sí
un campo configurativo, permanentemente recreado a través de diversos
tejidos.
Las redes políticas, permítaseme
la comparación, son venas y arterias de la sociedad. Y si sigo abusando
con imágenes, es posible agregar que el Estado puede continuar siendo
"el corazón de lo social", sólo bajo la condición
de que sus interiores se encuentren redificados. Lejos, entonces, las redes
de convertirse en una "alternativa" frente al Estado, pueden llegar a ser
su propia condición. El Estado que reposa sobre un conjunto social
anómico, puede venirse fácilmente al suelo; con o sin globalización.
Una sociedad que está siendo procedualmente integrada podría
impedir, en cambio, el desplome del Estado, sobre una sociedad que no es
sino un amontonamiento arbitrario de rígidas instituciones para-estatales,
como ocurrió ya en muchos países del llamado "mundo socialista"
donde, lamentablemente, la ruina del Estado tenía, necesariamente,
que significar la ruina de la sociedad, pues ahí la sociedad era
el Estado3.
El Estado y las
redes
La metáfora de las redes no
puede ser confundida, entonces, con otras metáforas imaginadas para
cubrir el espacio de "lo no estatal". Una de esas metáforas es la
"base". Pero las "redes" no son movimientos o estructuras de base, como
suele pensarse corrientemente, ya que para hablar de bases tenemos que
pensar de acuerdo a paradigmas de arquitecturas verticales que imaginan
una sociedad que se constituye de arriba hacia abajo, o al revés,
vale decir, en los clásicos modelos corporativistas que heredamos
de la sociología tradicional. Por supuesto, en cada orden social,
pueden y deben existir estructuras basales, como son las organizaciones
nacionales, religiosas, ideológicas, etc. Pero éstas también
pueden ser atravesadas, horizontalmente, por las llamadas redes.
Otra metáfora recurrente, es
la de "nicho", tomada de la ecología, y que sugiere la idea de que
la sociedad se constituye de acuerdo a subsistemas, separados entre sí,
idea sobre la cual un sociólogo como Luhman ha edificado una sociología
muy personal. En un conjunto social pueden formarse, y de hecho se forman,
nichos, particularmente comunidades. Pero, a diferencia de las redes, los
nichos son unidades estáticas que no avanzan ni se expanden, si
es que no existen redes que los intercomuniquen entre sí.
Las redes, por tanto, no constituyen
organizaciones antagónicas al Estado. En muchos casos necesitan
del Estado para obtener su legitimación, o para ser arbitradas de
acuerdo a una legalidad que es común a todas. Incluso, si en algún
momento llegaran a constituirse en alternativas a la acción estatal
(una situación insurreccional, por ejemplo) necesitan del Estado,
pues una alternativa solo puede existir aceptándose la existencia
de lo que se niega. Ello lleva a pensar que, cuando las redes pasan de
la acción puramente social a la política, no son las organizaciones
más adecuadas para levantar desde ahí una posición
confrontacional, ni con el Estado ni con nada. Y ello es así porque
las redes no surgen para cumplir una función sino que muchas, y
ellas no están determinadas solo por el Estado, sino por los términos
que surgen de los conflictos que las hacen necesarias.
Por otra parte, tejer una red implica
aventurarse en un complejo proceso de compromisos; sí, incluso de
transacciones, ya sea con el Estado, con instituciones privadas e incluso
con otras redes; pero sobre todo al interior de ellas mismas. Dicho en
términos más simples: no son organismos de "toma del poder",
aunque generen, inevitablemente, relaciones de poder. No están fuera
de la "sociedad", sino dentro; es decir, no solo son sociales sino que
además son "intrasociales". No nacieron para cambiar una sociedad
por otra, independientemente de que, objetivamente, puedan hacerlo.
Dos tipos de
redes
De acuerdo a la polifuncionalidad descrita,
es posible distinguir, de modo provisorio, dos tipos de redes4.
1. Redes de identificación:
aquellas que contraen unidades asociativas de actores que descubren, durante
su expansión, una identidad común o de semejanza. Ejemplo:
un movimiento indígena que se organiza para cumplir determinados
fines (por ejemplo: autogestión, soberanía territorial, devolución
de bienes materiales y culturales, etc.) y "descubre" que en el mismo país,
e incluso en uno ajeno, hay otro movimiento que se plantea los mismos,
o muy similares, objetivos. Es posible entonces que ambos movimientos contraigan
relaciones que, redificadas, les permiten articularse con otros movimientos
indígenas, descubriéndose, durante el período de "tejimiento"
de redes, una identidad común que les permite transformar una identidad
plural en una singular; por ejemplo, en vez de referise a los movimientos
indígenas, comienzan ya a hablar de el movimiento indígena
(Mires, 1991).
2. Redes de correspondencia: establecen
actores que no pueden identificarse mutuamente, pero que, sin embargo,
"descubren" que es posible concertar acciones comunes en torno a objetivos
concretos y puntuales. Ejemplo: un movimiento indígena que se siente
amenazado por la construcción de una represa hidroeléctrica
en, o en las cercanías de, su territorio. Para impedir dicha construcción,
teje redes asociativas con campesinos no indígenas de la región,
con movimientos ecológicos, con algunas ONG e, incluso, con personeros
del Estado con sensibilidad social.
A partir de ambos ejemplos, podría
pensarse que el concepto, o metáfora, de red es sólo un substituto
para designar el mucho más antiguo de "alianza". Esto es, en parte,
verdad. Pero hay una diferencia notable. Toda red implica una o muchas
alianzas, pero no toda alianza implica la formación de redes. Con
esto se quiere decir que la red es un tejido mucho más fino y complejo
que una simple alianza, la que por lo común desaparece cuando se
ha cumplido el objetivo que la hizo posible. Se puede luchar juntos sin
establecer relaciones. Incluso, la red suele subsistir, aun después
de haberse cumplido un objetivo común, pues, y esto debe ser remarcado,
la conformación de redes es imposible si es que no tiene lugar una
mínima institucionalización que permita su persistencia en
el tiempo.
Mas allá
del Estado
Las redes, en buenas cuentas, facilitan,
mediante sus ligamentos, la formación de una consistencia social
que difícilmente puede garantizar el Estado, y permiten no solo
anudar relaciones, sino también la posibilidad de deshacerlas, cumpliéndose,
en este sentido, las dos "artes" que para un autor como Walzer son básicas
en la formación de la vida social: el arte de unir y el arte de
separar (Walzer, 1996). Esa es otra diferencia con las amarras que sujetan
a la sociedad con el Estado, las que son muy difíciles de separar
sin pasar por experiencias políticas traumáticas, como motines,
rebeliones e, incluso, revoluciones.
Revoluciones son, por lo común,
posibles cuando no hay una regulación interna de los conflictos
sociales. La idea de "sociedad dinámica" de la cual las redes son
algunos de sus atributos, prescindiría en este sentido del trauma
revolucionario, no porque el cambio social es imposible, sino justamente
porque es posible. Desde luego, se está hablando de sociedades altamente
redificadas o, en el buen concepto de Messner, "post-estatistas", lo que
no es el caso de la mayoría de los países del mundo (1997:
58); y tampoco, todavía, de los latinoamericanos.
Pero, por otra parte, hay que destacar
que el proceso de redificación, social y político, se encuentra
en plena expansión, de modo que el retiro del Estado no siempre
deja detrás de sí desiertos o tierras áridas, sino
múltiples núcleos autorredificados, los que pueden conducir
y regular relaciones sociales de un modo más flexible que las, a
veces, pesadas y burocráticas instituciones estatales5. Quiero decir
que se está abriendo, cada vez con más expectativas, la alternativa
de un nuevo tipo de relación entre lo social y lo estatal. No sería
aventurado, por lo tanto, postular que el período de globalización
multidimensional, en lugar de liquidar la acción del Estado, abre
la posibilidad para que surjan nuevas relaciones entre el Estado y un conjunto
social cuyos actores se encuentran organizados en redes horizontales.
Las redes tienen, además, la
propiedad de traspasar los límites territoriales fijados por la
existencia de cada Estado; es decir, no son solo estructuras "nacionales".
Ello se demuestra muy bien mediante la articulación que han alcanzado
las redes ecológicas y ambientales, cuyos ritos modernos, como son
encuentros, foros y congresos internacionales, son lugares que al mismo
tiempo permiten la formación de nuevas redes, hecho que llevó
a escribir a un periodista, al analizar la increíble expansión
de las ONG durante el último decenio, que estamos en presencia de
una "Nueva Internacional" (Die Zeit).
Esa es, por cierto, una exageración;
pero, por otra parte, hay que convenir que la internacionalización
de redes es también parte de una globalidad, que no solo afectaría
al mundo económico sino que, además, es multidimensional.
La idea de una globalización multidimensional es, sin embargo, muy
distinta a la que predomina en círculos académicos. En una
multidimensionalidad global, ninguna globalización podría
existir independientemente de las demás, de modo que cada una se
interfiere con otras en múltiples formas de representación.
La llamada "autonomía de la esfera económica", y la utopía
negra relativa al "totalitarismo del mercado", al ser interferidas por
múltiples redes, serían simples imposibilidades.
Las interferencias mencionadas no solo
pueden ser realizadas desde el Estado, sino desde muchas esquinas, que
pueden ser sociales, políticas y culturales. Pongamos ejemplos:
el mayor o menor peso de la organización sindical de un país
(que también es una red, aunque antes no se llamara así)
es gravitante en la determinación del precio de la fuerza de trabajo,
lo que altera el precio del conjunto de productos en el mercado; en este
caso podemos hablar de una interferencia social. Que el trabajo de las
amas de casas sea remunerado o no, tiene que ver mucho con la formación
de redes políticas feministas; si el trabajo casero de reproducción
comienza a ser remunerado en algunos países, es porque la explotación
de la mujer se ha convertido en un escándalo político; en
este caso podemos hablar de una interferencia política. Si los inválidos
y los necesitados son más ayudados en un país que en otros,
o si la reproducción de la naturaleza es financiada o no, tiene
que ver con el mayor o menor grado de desarrollo de una conciencia ciudadana;
en este caso podemos hablar de una interferencia cultural.
En síntesis, sin esas interferencias,
la economía, no solo como ciencia, sino como práctica, sería
una imposibilidad. Reiterando una idea ya formulada: el problema es quién
y cómo se interfiere una economía. Y los agentes que interfieren
en la economía no son, como hemos visto, puramente económicos.
Organizar dichas interferencias en redes, locales o globales, parece ser
uno de los imperativos políticos de nuestro tiempo. La política
en tiempos de la globalización no llegaría así a su
ocaso; todo lo contrario: sería su renacimiento. a
NOTAS:
1. Para ser más claro:
mediante la recurrencia a la metáfora de las redes, no se está
proponiendo ningún nuevo "modelo" de interpretación social
o sociológico. Por el contrario, lo "nuevo" que comportan las redes
es que permiten, por primera vez, imaginar a la realidad no a base de modelos,
sino de un modo, como diría Habermas, procedual (Habermas, 1996:
285)
2. De acuerdo a Druwe, "la teoría
de la autopoiese", estrictamente resumida, parte de la perspectiva de
sistemas que se autorganizan a sí mismos. Las clásicas relaciones
de causalidad existen solo como construcciones del observador" (Druwe,
1994: 148)
3. Es interesante constatar que en
países como Hungría, Polonia, o la ex Checoslovaquia, en
los cuales ya antes de la caída de las "nomenklaturas" lograron
formarse tejidos de resistencia social; es decir, "redes políticas",
la desintegración social post-comunista ha sido mucho menor que
en países como la ex Yugoslavia, Rumania, Albania, y la propia Rusia,
donde un espacio de redes civiles apenas existía. Eso ha facilitado,
para el primer tipo de países, una integración mucho más
equilibrada con el mercado mundial que en el segundo tipo, en los cuales,
efectivamente, las "leyes del mercado" reinan sin contrapeso político
(Mires, 1995, 1996).
4. La división que propongo
es simplemente metodológica y no pretende ser una tipología.
Quien ha realizado una tipología muy refinada de las redes es Tomás
R. Villasante, las clasifica en cuatro: 1. redes internacionales de pensamiento/acción,
2. redes regionales de economías populares sustentables, 3. redes
asociativas del tercer sector y del tercer sistema, 4. redes informales
y conductas transversales. (Villasante, 1998: 24-43)
5. Que dicha expansión es algo
muy serio, se deja documentar muy bien con los tejidos que están
creando las ONG dentro y a través de la Internet. La dirección
electrónica HTTP://www.apc.org, por ejemplo, es la puerta de entrada
a las redes de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones
que conectan a más de 40.000 usuarios en todo el mundo, entre ONG,
activistas, educadores. La red de las redes solidarias nació hace
11 años, para facilitar el intercambio entre organizaciones sin
ánimo de lucro, que tienen como objetivo el desarrollo, el pacifismo,
los derechos humanos y el medio ambiente. (El Mundo, p. 34)
REFERENCIAS
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Achim; y otros (1997), Vernetzt und Verstrickt, Westfälisches Dampfboot,
Münster.
BECK, Ulrich (compilador) (1998),
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Die Zeit, (1994), 25 de agosto.
DRUWE, Ulrich (1994), "Selbstorganisation",
en LEGGEWIE, Claus (compilador), Wozu Politikwissenschaft?, Wissenschaftliche
Buchgesellschaft, Darmstadt.
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HABERMAS, Jürgen (1996), Die
Einbeziehung des Anderen, Frankfurt.
- - - - "Jenseits des Nationalstaats",
en BECK, Ulrich (1998), Politik der Globalisierung, Suhrkamp, Frankfurt.
LEGGEWIE, Claus (compilador) (1994),
op. cit.
LIEBERT, Ulrike (1994), "Netzwerke
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- - - - (1993), "El discurso de la
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- - - - (1995), "El orden del caos",
en Nueva Sociedad, Caracas
- - - - (1996), "La revolución
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PREIS, Ludger (1998), "Transnationale
Soziale Räume", en BECK, Ulrich (compilador), op. cit.
VILLASANTE, Tomás (1998), Cuatro
redes para mejor vivir, tomo 1, Lumen Humanitas, Buenos Aires.
WALZER, Michael (1996), Lokale Kritik-
Globaler Standard, Rotbuch, Berlin. Original: Thick and Thin. Moral Argument
at Home and Abroad. University of Notre Dame Press, Indiana, 1994.
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